31 may 2014

Pequeñas Princesas: La caída del Reino Parte 5/11


"... Me gustaría ser yo quien te derrumbe y no un anciano lunático que viola a sus empleadas..."

Los meses continuaron pasando, el jefe del área sabía bien que Vanessa trabajaba mucho, más que las demás, y sabía bien que un solo asenso no era suficiente como para poder compensar las acciones que ella hacía diariamente en el trabajo. Una vez más él fue con el jefe de la tienda y volvió a hablar de todo lo que Vanessa hacía. A pesar de haber pasado media hora discutiendo y dando detallada información acerca de Vanessa, el jefe al final no le aceptó el asenso. SI bien al principio fue decepción, todavía no había terminado de hablar. Él solicitó una entrevista personal con Vanessa, quería ver de frente a la maravillosa persona que él tanto quería que subiese de puesto. Él salió de la oficina, y como la primera vez corrió hacia donde Vanessa se encontraba, simplemente para darle las buenas noticias.
—Vanessa —Dijo él mientras intentaba recuperar su aliento.
—Hola —Respondió Vanessa —¿De dónde vienes que estás tan agitado? —Preguntó ella.
—De con el jefe, acabo de hablar con él acerca de ti.
—¿Un nuevo asenso? ¡Pero apenas hago cosas aquí!
—No seas modesta. Sin querer ofenderlas pero tú eres quien mas se esfuerza, además, tienes habilidades para hablar con los clientes, darle tus opiniones y ayudarlos a encontrar las prendas que ellos necesitan.
—No es cierto. Hay otras personas aquí que se esfuerzan más que yo, como María —Le dijo Vanessa mientras señalaba a la chica detrás de ella, quien se encontraba detrás de una caja registradora.
—Y lo sé, pero tú, en estos momentos eres quien más se ha esforzado. Tu asenso podría ayudar a María a subir también, reemplazando el lugar que dejaste.
—Pero, estoy bien aquí. No quiero abandonarlas a ellas por algo que de igual forma no creo que me merezca.
—De hecho te lo mereces. Él lo ha dicho, nosotras somos unas flojas —Dijo una de las otras dos chicas que se encontraban allí.
—¡Hey! —Dijo la chica, María, desde detrás de la caja registradora al escuchar lo que ella acababa de decir.
—Tu no te quejes que en comparación a Vanessa también eres floja
—Pero no tanto como ustedes... —Murmuró María. La chica la miró enojada y luego regresó a continuar hablando.
—Mereces más que nadie este asenso. Puedes no tener una familia que mantener, pero estudias, y el nivel de trabajo que pones considerando que tienes que pasar otras ocho horas haciendo más esfuerzos es bastante impresionante. Toma el asenso, con suerte y será menos pesado, e incluso, tal vez tengas formas de poder ayudarnos a nosotras, no sé, a tener días libres.
—Floja es, floja será —Le susurró María al hombre. Él se rió un poco, ella los miró enojada sabiendo que lo que le acababa de decir María era algo acerca de ella.
—Tal vez acepte la oferta...
—Claro, no es un asenso directo. El jefe quiere verte en persona para hacerte una entrevista él mismo. Quiere conocerte, ¿y sabes qué significa eso?, ¡Que cree que podrías ser muy buena! —Explicó el hombre con entusiasmo.
—Ya lo oíste, toma la oferta. Si lo haces, podrás ver la forma de darnos días libres —Le dijo la chica susurrando al oído de Vanessa.
—Bien, la tomaré. Pero no tengan muchas esperanzas, es una entrevista, puede que me diga que no, que es lo más probable.
—No te desanimes, todo irá bien, y si no ocurre nada, intentaremos en un par de semanas —Le dijo el hombre mientras le daba un par de palmadas en la espalda.
—¿A qué hora será? —Preguntó Vanessa.
—Un poco antes de que te vayas, le pedí que así fuera para que no tomase más de tu tiempo para ir a la universidad —Contestó el hombre.
Los cuatro volvieron a su rutina normal luego de que la emoción acerca de la nueva noticia terminó. Vanessa junto con las otras dos vendedoras y la cajera María regresaron a sus puestos mientras que el hombre fue a hacer lo de siempre: observar que todo estuviese yendo bien y que los clientes fuesen tratados de la mejor manera posible.
El resto de la jornada Vanessa estuvo algo tensa, se sentía nerviosa ya que no sabía bien lo que el jefe le preguntaría en la entrevista, una situación que realmente la ponía incómoda. Durante el descanso, extrañamente la chica quien había bajado un puesto gracias a ella, la chica que podría llamarse su enemiga en aquél lugar, decidió acercarse a ella en el descanso.
—Escuché que tendrás una entrevista para un asenso...bien por ti. Aunque, a pesar de odiarte tanto, debo de advertirte de algo: El jefe no es tan amable y complaciente como crees —Dijo la chica mientras se sentaba en la mesa justo al lado contrario de donde se encontraba Vanessa.
—¿Por qué esa extraña decisión tuya de venir a hablarme con tanta amabilidad? Creía que me ofenderías todo el tiempo —Le dijo Vanessa extrañada por el comportamiento de ella.
—Y así será, pero esto es algo importante. ¿Has visto como, chica tras chica que intenta conseguir un puesto como jefa de piso, termina yéndose de la tienda?
—Bueno, he notado que tres chicas lo han hecho, y me dijeron que la última, antes de que yo llegase terminó de igual forma.
—Todas tuvieron entrevistas con el jefe, luego de ello, fueron despedidas. ¿Has escuchado hablar de la jefa de piso, te has preguntado que hace el jefe del área con nosotras en lugar del jefe de piso?
—... No, la verdad nunca me lo había preguntado. Creía que así funcionaba este lugar.
—Pues no. Yo estaba aquí cuando la jefa de piso aún seguía con ese puesto, no fue hasta una tarde que de pronto ella tomó todas sus cosas y se fue. Parecía como si hubiese visto un fantasma, estaba horrorizada, y mientras la veíamos irse logramos ver como el maquillaje en su rostro se había corrido.
—¿Acaso no me estás diciendo todo esto simplemente para poder asustarme y evitar que tome un puesto que tú podrías tomar?
—Tengo mejores formas de hacerlo. Además, si esto no fuese serio no habría venido a sentarme aquí contigo, ¿o sí? —Dijo ella mientras bebía un poco del jugo de naranja del vaso que se encontraba a un lado de ella.
—Cierto... Pero, ¿qué es lo que pasa?
—No tengo idea. La policía ha venido varias veces, no se sabe a qué, pero los rumores dicen que... —Ella se acercó a la oreja de Vanessa, estuvo tan cerca que parecía que quería lamérsela —Dicen que las intenta violar... —La expresión de Vanessa se volvió una de horror, y mientras ella se alejaba de su oreja y daba otro trago a su bebida ella se levantó y la miró.
—¿Es en serio, estás siendo completamente sincera? —Le preguntó Vanessa con desesperación.
—Así es. Mira, vine aquí a advertirte, en primer lugar, porque sé que eres una buena chica y no me gustaría verte traumatizada por algo así, en segundo lugar, me gustaría ser yo quien te derrumbe y no un anciano lunático que viola a sus empleadas —Explicó ella con un tono, de una forma maliciosa pero a la vez sincero y serio.
—Entonces...
—No te acerques. Por ningún motivo te acerques.
—Pero, si es así, sería bueno avisar a la policía.
—¿Y crees que no se ha hecho ya? Ellos parecen ignorar por completo todo, o, tal vez, el logra persuadir, tanto a las víctimas como a los mismos policías. No sé, pueden ser muchas cosas. Mira, ya te lo dije, no me gustaría verte sufrir si no es a mano mía, no quiere verte salir corriendo por esas puertas llevándote contigo un dolor insoportable... claro, si yo no te lo provoqué —Le repitió ella con una sonrisa en su rostro, luego continuó hablando —No te acerques, y si lo haces, trata de ir con alguien, sé que no lograrás hacer mucho con ello pero... al menos lo habrás intentado... aunque, si es posible, ni si quiera te acerques. No lo hagas...
—Realmente no sé si puedo confiar o no en tus palabras.
—Soy tu enemiga, cuando te advierto de algo es a mí a quien deberías de tenerle más confianza...
—Ya sé, “no quieres verme caer a menos de que haya sido con tus propias manos”... Mierda... iré a hablar con las chicas, confío en ti... un poco, y sí, reconozco que el que hayas venido aquí a decirme esas cosas es porque realmente es algo serio... Demonios... gracias —Vanessa salió corriendo de allí, perdiéndose entre una gran multitud de personas. Ella le dio otro sorbo a su vaso, luego miro hacia el cielo donde su mirada se topó con el piso más alto de la tienda en donde ella y Vanessa trabajaban. El último piso, el piso en donde la futura entrevista de Vanessa se daría, y en donde, de acuerdo a las palabras de la chica, sería el lugar en donde previamente se habían dado violaciones a varias de las empleadas de la tienda.
Vanessa entró corriendo a la tienda y fue con la primer chica quien se encontraba no muy lejos de allí hablando con otra cajera.
—Me han dicho que el jefe ha hecho cosas horribles... ¿es cierto, es cierto eso? —Le preguntó Vanessa desesperada.
—Vanessa cálmate, vayamos a un lugar tranquilo y solo, ¿sí? —Le dijo la chica. Ambas caminaron y se alejaron de las personas que rondaban la tienda, dirigiéndose a uno de los varios almacenes que había esparcidos por todo el lugar. Cuando estuvieron solas la chica comenzó a hablar —Sí, hay rumores de que él ha hecho cosas horribles a varias de las empleadas. Al parecer, la única forma de subir puestos es mediante una entrevista con él, entrevista que si no se hace, entonces te quedas como encargada de ventas hasta que, o bien, renuncias, o te despiden.
—Entonces... es cierto... él ha violado a varias personas.
—Sí, es triste
—¿Por qué nadie ha dicho nada?
—Por que la última vez que alguien habló casi nos despiden a todas... Mira, muchas personas aquí necesitan el trabajo, y que los despidan de un momento a otro por algo así es bastante malo. Preferimos guardar silencio. Mientras no nos afecten en nada preferimos guardar silencio.
—¿Estabas dispuesta a dejarme ir sola con ese maldito, estabas dispuesta a dejarme ir con ese violador?
—Es mi trabajo por el tuyo... vale más el mío... lo, lo lamento mucho...
—No puedo creerlo —Vanessa se dio la vuelta y salió del almacén.
—¡Vanessa, espera! —Le gritó la chica.
—No me hables, no me vuelvas a hablar en mi vida... maldita ególatra de mierda —Le sentenció Vanessa. La chica se cubrió el rostro mientras lágrimas comenzaban a correr por su rostro y esta se iba a esconder en el fondo del almacén.
Con pasos pesados y un rostro de enojo ella llegó hasta el tercer piso de la tienda, que era en donde ella y el resto trabajaba. Caminó hacia donde las otras chicas se encontraban, y sin pensarlo dos veces habló.
—¿Sabían del hecho de que el jefe viola a sus empleadas? —Preguntó Vanessa. Las dos chicas, María y la otra quedaron impactadas por lo que Vanessa justo acababa de decir.
—¿Qué, es en serio? —Preguntó María horrorizada por ese comentario.
—No me lo puedo creer. ¿Quién te lo ha dicho? —Preguntó la otra chica.
—¿En serio no sabían?... Angélica justo me lo acaba de afirmar, ella sabía de las cosas que él hacía, ella sabía y decidió no decir nada, prefería verme perder mi trabajo a perder el suyo.
—Cielos... No tenía ni idea de eso —Repitió la chica.
—Entonces... al parecer puedo confiar en ustedes. Increíble que puedo confiar más en Samanta que en Angélica.
—¿Samanta?, ¿Samanta te ha dicho algo?
—Ella fue quien me advirtió de todo esto. Me fue a buscar hace unos minutos, se sentó frente a mí y me habló de esto. No confiaba totalmente en lo que me decía, pero cuando le pregunté a Angélica supe de inmediato lo que estaba pasando.
—Estoy segura que Rodolfo sabe algo de esto, vamos a preguntarle —Sugirió María. Las tres se fueron de allí y comenzaron a buscar al jefe del área, a Rodolfo, y cuando lo encontraron, sin si quiera saludar le comenzaron a hablar de lo que habían descubierto.
—¿¡Acaso planeabas dejar que me violasen!? —Le preguntó Vanessa con enojo.
—¿Qué, de qué me hablas? —Contestó él impactado por las pregunta tan repentina de Vanessa.
—No te hagas, sabes sobre las violaciones. ¡Contesta su pregunta! —Le repitió la otra chica.
—No sé de que me están hablando, ¿quién quiere violar a Vanessa?
—Entonces... ¿en serio no sabes?
—¿Saber qué, que alguien quiere violarte? ¡No, claro que no!
—... El jefe, el director de la tienda, aquella persona con la que me conseguiste una entrevista... al parecer él viola a las empleadas que van a buscar un asenso.
—No puede ser... ¿es en serio?
—Sí, Angélica sabía y no nos dijo nada... hasta Samanta, quien me odia tanto decidió ir a avisarme, mientras que Angélica simplemente se quedó callada...
—Oh dios... no puedo creer esas cosas. No vayas a la entrevista... iré en este momento a cancelarla, no te preocupes.
—No, espera. Iré.
—¿¡Qué!?, ¿Estás loca o algo así? —Le preguntó María impactada.
—Iré contigo Rodolfo. Si algo ocurre, tu me podrás proteger, o bien, si nada ocurre, entonces te lo deberé todo a ti.
—Es muy riesgoso, yo no iría —Le dijo la chica.
—Es un asenso, ya lo dijeron, lo merezco.
—¿Aunque sea obtenerlo al entregarle tu cuerpo a ese anciano?
—No sabemos si es cierto o no lo de esos rumores, y, bueno, si son ciertos, tengo a Rodolfo y a todas ustedes, incluso tengo a Samanta de mi lado... —Antes de terminar Samanta se apareció y comenzó a hablar.
—A mí no me metas en ello. Si lo acusan de violación y él amenaza a los que lo hicieron, yo no quiero ser de los que pierdan su trabajo —Le explicó Samanta.
—Entre todos juntos podremos hacer que la policía se haga cargo, podríamos mantener nuestros trabajos —Le explicó Vanessa.
—O bien, terminaríamos todos en la calle. Yo prefiero no arriesgarme. Vanessa, si aún sigues teniendo trabajo, o bien, sigues viviendo con la esperanza de continuar viviendo, ven a buscarme, te felicitaré por ser tan estúpida —Le añadió Samanta.
—Maldita... —La chica se dio la vuelta y comenzó a caminar con enojo hacia Samanta.
—Espera, tiene razón. No es necesario que nos apoyes, no a menos que lo veas como algo que te pueda llegar a afectar positivamente. Ustedes, pase lo que pase, desearía que se mantuviesen a mi lado, cualquier cosa —Les dijo Vanessa. Samanta desapareció y se perdió de la vista de los cuatro.
—Lo haremos —Le finalizó María.
—Entonces, Rodolfo, adelantaremos la entrevista, no sé que razón puedas dar, pero da una convincente... mientras más pronto terminemos con esto, mejor —Le ordenó Vanessa mientras comenzaba a caminar en dirección a las escaleras que daban hacia el cuarto y último piso de la tienda —Ustedes esperen aquí, si algo pasa Rodolfo les avisará —Rodolfo comenzó a caminar y pronto estuvo caminando frente a Vanessa intentando llegar lo más pronto con el director del lugar.
Un sofá negro yacía a un lado del pasillo justo antes de llegar a la oficina en donde el director se encontraría con Vanessa un par de horas más tarde. Rodolfo tocó un par de veces en la puerta, recibiendo una invitación a pasar justo instantes después de haber tocado. Pasaron varios segundos y Rodolfo volvió a salir, tenía un rostro preocupado.
—Puedes pasar —Dijo Rodolfo.
—Gracias —Le contestó Vanessa. Ella entró al interior de la oficina, allí se encontró con un hombre robusto de tal vez unos cuarenta años sentado justo detrás de un escritorio que se encontraba frente a una enorme ventana.
—Me dijeron que estás apurada. Siéntate, haremos esto lo más pronto posible.
—Gracias —Dijo Vanessa. No se podía ver lo desesperada y horrorizada que ella se encontraba, estaba escondiendo aquellas emociones de aquél hombre, y lo estaba intentado hacer para evitar levantar sospechas.
—Bien, me han dicho muchas cosas buenas acerca de ti. Dicen que trabajas mucho, y bueno, aquella persona me ha dicho que sería bueno otorgarte otro asenso. ¿Qué opinas de ello?
—Bueno, en primer lugar, no creo que un asenso sea muy apropiado para mí. No sé, no creo que haya hecho mucho. Soy solo otra empleada más.
—Pero me han dicho que eres especial —Dijo él. Se levantó de su silla de piel negra y caminó hasta un lado del escritorio. Ese acto, que para él se veía inofensivo para Vanessa se veía como algo aterrador, pensaba que en cualquier momento él se arrojaría contra su blusa y comenzaría a desabrochar los botones de la misma, acercándose a sus pechos... el simple hecho de pensar en algo así ponía aún más nerviosa a Vanessa —Todos somos especiales, y tú, no eres la excepción querida. Trabajas mucho, eres cuidadosa y te importan mucho los clientes —Las palabras que él usaba por unos instantes la calmaron, pero luego, la pesadilla se hizo realidad —... Y eres muy bonita —Aquellas cuatro palabras comenzaron a hacer sudar a Vanessa. Ella de inmediato miró con horror al hombre mientras se cubría su pecho cruzando sus brazos frente a ellos. Él la miró y poco a poco se acercó a ella —Eres muy bella, y creo que un asenso te vendría muy bien. Claro, no será tan fácil, tendrás que hacer algo por mí querida —Vanessa sabía bien lo que iba a pasar. Él se paró detrás de ella, y tan pronto como comenzó a acercar sus brazos a los hombros de Vanessa esta se levantó de la silla dando un salto.
—¡Aléjate! —Le gritó Vanessa.
—¿Acaso no quieres el asenso? Vamos, ambos ganamos —Dijo él con un tono de decepción.
—¡Rodolfo! —Comenzó a gritar Vanessa —¡Rodolfo ayúdame! —Él se rió mientras Vanessa gritaba.
—No puede oírte. Tanto los muros como las paredes son aprueba de sonido.
—Tal vez no podrá oírme pero al menos puedo actuar —Le dijo Vanessa. Ella corrió justo por un lado del hombre, este trató de sujetarla, y en cuanto la tuvo agarrada comenzó a reírse.
—No puedes irte de aquí querida, no sin haber hecho tu trabajo —Él la tomó del cabello y la arrojó al suelo. Sin saberlo, él miró hacia abajo, y cuando se encontró con su mirada ella de inmediato le lanzó un gancho a la mandíbula, lo tiró al suelo, y en el proceso, le rompió un par de dientes. De su boca sangre comenzó a salir, y mientras él se retorcía en el suelo Vanessa aprovechó para poder salir. Corrió hacia la puerta, quitó el seguro que sin darse cuenta él había puesto y luego la abrió, al otro lado Rodolfo la esperaba. Él vio al hombre tendido en el suelo, y de inmediato miró a Vanessa.
—¿Qué ha ocurrido? —Le preguntó Rodolfo.
—Era cierto... los rumores eran ciertos.
—Cielos... lo lamento tanto Vanessa —Rodolfo se ofreció para darle un abrazo, pero Vanessa lo rechazó y comenzó a caminar alejándose de él.
—¡Vanessa! —Gritó María al verla bajar por las escaleras. De inmediato, en cuanto Vanessa escuchó la voz de María ella comenzó a correr, no quería escuchar nada de lo que tenían que decir, no quería hablar con nadie, se sentía horrorizada y sucia, no había realmente ocurrido mucho, pero, fue algo que la afectó, algo que la afectó de muchas formas distintas.
—Rodolfo, ¿que ocurrió? —Le preguntó María a Rodolfo mientras lo veía bajar por las escaleras.
—No lo sé, ella salió y él estaba en el suelo, no me dijo mucho. ¿Dónde está? —Contestó él.
—Se ha ido, nos vio y de inmediato comenzó a correr —los tres tenían rostros de preocupación marcados en sus rostros, y mientras se veían unos a otros no vieron como el director de la tienda bajaba por las escaleras, no hasta que este comenzó a hablar.
—A todos los que tenido algo que ver con esto, ¡debo de decirles que para el día de mañana no tendrán su trabajo! —Gritó el hombre mientras sujetaba un pañuelo ensangrentado en contra de sus labios.
—¿Acaso su entrevista no salió tan bien como esperaba? —Se burló Samanta estando parada a unos metros frente a él.
—Tú, tú serás la primera en perder su trabajo —Le amenazó él mientras la señalaba con el dedo.
—A mí no me apuntes ni me amenaces maldito viejo obeso —Le ordenó Samanta mientras daba un par de pasos hacia él y le bajaba el brazo —Sabemos lo que has hecho, podemos ir a la policía y decirles todo.
—¿Crees que te harán caso, crees que te harán caso luego de haber ignorado a las demás? —Le dijo él cerrando con una burla.
—Si es así, ¿entonces porque tienes miedo, porqué quieres evitar que hablemos despidiéndonos? —Mientras Samanta hablaba él comenzaba a llenarse de desesperación, y sin pensarlo le soltó una bofetada a Samanta, ella cayó al suelo y únicamente se rió —Acabas de sellar tu tumba —Ella se levantó del suelo mientras se tocaba justo en donde él le acababa de arrojar la bofetada —Todos lo vieron, ¿no? Intentó violar a Vanessa, y ahora está atacándome. Los cargos en contra tuyos van aumentando... o, ¿qué es eso, un nuevo cargo por despidos injustificados a la mitad de tus empleados? —Se burló Samanta. Él quería con todas sus fuerzas arrojarse sobre Samanta y hacerla callar, pero sabía que era suficiente, sabía que si intentaba hacer algo así, que si llegaba a esos extremos ya no habría forma de dar marcha atrás y todos sus planes se irían a la basura. Él se dio la vuelta y se marchó de allí.
—Rápido, hagámoslo antes de que se nos pase la emoción del momento, llamemos a la policía y reportemos todo lo que ha pasado —Les dijo la chica.
—Me pregunto como estará Vanessa —Dijo María mientras miraba con preocupación hacia las escaleras que daban hacia el piso de abajo, las misas por donde Vanessa minutos antes había bajado.
—Estará bien, ella es fuerte. Iremos mas tarde a buscarla en su casa —Le contestó Rodolfo.

 Durante la noche, el edificio entero se encontraba en silencio. La oscuridad llenaba los pasillos, y el eco de algunos pasos cortaba el silencio. Él se encontraba en su oficina haciendo papeleo, llenando informes y reportes, sellando cartas y haciendo un montón de anotaciones en los expedientes laborales de Vanessa, Samanta, Rodolfo, y el resto de los empleados del piso en donde Vanessa trabajaba. Lo hacía con una gran satisfacción, así era como lograba sacarse esa frustración sexual luego de que se le fue negada una oportunidad para tener relaciones con otra de sus empleadas. Se tocaba constantemente la herida que le había quedado en el labio luego de que Vanessa le lanzase un gancho a la mandíbula, quería venganza, y como no quería que la policía cayese sobre e investigara su pasado, lo hacía llenando los papeles de despido y haciendo reportes acerca de como eran tan mala como empleada añadiendo datos completamente falsos a cada uno de los reportes sobre cada uno de ellos. Mientras eso ocurría, él se reía, se reía imaginando las cosas que todos pasarían para poder encontrar un trabajo luego de lo que él pondría en sus expedientes laborales. Su idea de un castigo, a pesar de ser absurda, afectaría por el resto de sus vidas a aquellas personas. Ya lo había hecho antes, una y otra vez con todas aquellas chicas quienes se rehusaron a ser sus juguetes sexuales, o bien, a aquellas que lo denunciaron ocasionándole tener varios reportes por la policía. Había tomado venganza ya muchas veces en el pasado, y siempre había logrado salirse con la suya, aquellas chicas nunca volvían a encontrar un nuevo trabajo, y los reportes de violación que se le eran impuestos nunca lograban llegar a más. Había logrado salirse con la suya muchas veces, y se encontraba confiado de que así volvería a ocurrir... no tenía ni idea de con quien se había metido.


Siguiente parte

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja un comentario con tu opinión acerca de lo que leíste ;)