Vanessa
estaba en shock, tenía la mente en blanco, y mientras el policía la
continuaba maldiciendo ella simplemente estaba allí parada, sin
hacer nada. Se dejó caer de rodillas en el mosaico, estas cayeron en
un pequeño charco de agua que se había formado, salpicando sus
alrededores. Su mirada seguía puesta en el cuerpo de su hermano que
yacía inmóvil. Parecía como si el tiempo se hubiese detenido, nada
pasaba, nadie hacía nada, todo parecía un sueño, algo imposible,
pero ella sentía su corazón latir velozmente, podía sentir como su
respiración era rápida y fuerte, sentía sus extremidades
entumeciéndose por haber estado tanto tiempo bajo la lluvia, sentía
las miradas de los policías sobre ella... parecía un sueño, pero
ella sabía que no lo era, lo que estaba viviendo era completamente
real, su hermano estaba tirado frente a ella, sin vida.
—Carajo, ¿por qué la dejaron pasar?... —Dijo alguien detrás de Vanessa. Ella seguía mirando al cuerpo, seguía creyendo que no era verdad, seguía creyendo que aquel persona tirada frente a ella no era su hermano, pero no importando cuanto lo creyese, ella sabía bien que era mentira, y que de hecho, sí era su hermano quien yacía frente a ella —¡Alguien traiga una manta y sáquela de aquí!
—Carajo, ¿por qué la dejaron pasar?... —Dijo alguien detrás de Vanessa. Ella seguía mirando al cuerpo, seguía creyendo que no era verdad, seguía creyendo que aquel persona tirada frente a ella no era su hermano, pero no importando cuanto lo creyese, ella sabía bien que era mentira, y que de hecho, sí era su hermano quien yacía frente a ella —¡Alguien traiga una manta y sáquela de aquí!
En unos segundos, las ordenes del hombre se cumplieron
y llegó un par de paramédicos con mantas y toallas, le colocaron la
manta a Vanessa y la trataron de levantar, pero ella estaba inmóvil,
tenía la mirada perdida.
—Vamos, hay que llevarte a un lugar caliente —Le dijo uno de los paramédicos, este era una mujer, quien la trató de levantar jalándola de los hombros —Sé que estás triste, sé que te duele mucho, pero no creo que otra persona muerta sea la respuesta, ya ha habido demasiados —Dijo la mujer. Hubo algo en las palabras de ella que hicieron reaccionar a Vanessa, ella de inmediato se giró y miró a la paramédica
—¿Qué fue lo que dijiste? —Preguntó Vanessa mientras la miraba a los ojos. Por unos instantes ella se horrorizó al ver la expresión vacía de Vanessa, su mirada era penetrante, y se sintió incómoda cuando ella se le quedó viendo con esa mirada intimidatoria.
—Tenemos que sacarte de aquí, ¡ahora! —Le dijo otro de los paramédicos.
—¿Dijiste que hubo otras muertes?, ¿no es así?... —Preguntó Vanessa a la mujer, ella no contestó, estaba demasiado horrorizada pensando en como Vanessa la estaba mirando —¡Contesta! —Ella se asustó dejando caer varias de las mantas al suelo...
—Vanessa, es cierto, el resto de tu familia fue... —Antes de que el hombre pudiese terminar, Vanessa se levantó del suelo, arrojó la manta y miró al hombre.
—¡¿Dónde están?! —Le preguntó Vanessa.
—Tenemos que sacarte de aquí, hay que secarte y ponerte...
—!¿Dónde carajo están?¡, ¡Quiero verlos! —Le gritó ella con desesperación.
—Tenemos que sacarte de aquí Vanessa —Él llevó su mano hasta el hombro de Vanessa, y cuando este la tocó ella simplemente saltó hacia atrás, alejándose de él, se dio la vuelta y corrió al interior de la casa.
—Vamos, hay que llevarte a un lugar caliente —Le dijo uno de los paramédicos, este era una mujer, quien la trató de levantar jalándola de los hombros —Sé que estás triste, sé que te duele mucho, pero no creo que otra persona muerta sea la respuesta, ya ha habido demasiados —Dijo la mujer. Hubo algo en las palabras de ella que hicieron reaccionar a Vanessa, ella de inmediato se giró y miró a la paramédica
—¿Qué fue lo que dijiste? —Preguntó Vanessa mientras la miraba a los ojos. Por unos instantes ella se horrorizó al ver la expresión vacía de Vanessa, su mirada era penetrante, y se sintió incómoda cuando ella se le quedó viendo con esa mirada intimidatoria.
—Tenemos que sacarte de aquí, ¡ahora! —Le dijo otro de los paramédicos.
—¿Dijiste que hubo otras muertes?, ¿no es así?... —Preguntó Vanessa a la mujer, ella no contestó, estaba demasiado horrorizada pensando en como Vanessa la estaba mirando —¡Contesta! —Ella se asustó dejando caer varias de las mantas al suelo...
—Vanessa, es cierto, el resto de tu familia fue... —Antes de que el hombre pudiese terminar, Vanessa se levantó del suelo, arrojó la manta y miró al hombre.
—¡¿Dónde están?! —Le preguntó Vanessa.
—Tenemos que sacarte de aquí, hay que secarte y ponerte...
—!¿Dónde carajo están?¡, ¡Quiero verlos! —Le gritó ella con desesperación.
—Tenemos que sacarte de aquí Vanessa —Él llevó su mano hasta el hombro de Vanessa, y cuando este la tocó ella simplemente saltó hacia atrás, alejándose de él, se dio la vuelta y corrió al interior de la casa.
Saltó
sobre el cuerpo de su hermano y terminó en medio de la habitación,
estaba desesperada por encontrar al resto de su familia, no quería
pensar que realmente habían sido asesinados, no quería pensar que
todo lo que había hecho no había servido de nada. Dio vueltas por
la habitación, corriendo de un lado a otro mirando por las puertas y
por los pasillos en busca de indicios que le dijeran donde podían
encontrarse el resto de su familia. Hizo esto por varios segundos, y
fue cuando se encontró con un jarrón roto tirado en el suelo cuando
se dio una idea de a donde debía de ir. Corrió por el pasillo
cruzando justo encima de los pedazos del jarrón que se habían
esparcido por todo el suelo, mientras avanzaba, se encontró con
otros objetos arrojados, entre ellos, una pequeña mesa de cristal
que terminó destrozada en el suelo. Llegó al final del pasillo, y
al mirar en el interior del comedor notó como todo, a simple vista,
parecía normal. Miró hacia la mesa que había en el centro, hacia
las pequeñas alacenas adornando los alrededores de la habitación,
no encontró nada fuera de lo normal. Dio unos cuantos pasos al
interior de la habitación, adentrándose y lo grande ver así aún
más de ella. Al momento de dar el primer paso en la habitación,
notó que dos de las sillas en la mesa no se encontraban. De
inmediato comenzó a caminar a la mesa, y en un par de pasos se
encontró con una de las sillas arrojadas al suelo, era una de dos,
mientras que la otra aún no parecía estar en ningún lugar. Ella se
acercó a la mesa, aún tenía esa expresión de miedo en su rostro,
no sabía si realmente debía de creer en lo que estaba pasando, aún
quería que todo eso fuese un simple sueño, algo que pronto
terminaría, pero bien sabía que no sería así. Se acercó a la
silla, y cuando se agachó y la levantó notó algo al otro lado de
la mesa, algo que de inmediato la hizo llenarse de miedo, de terror y
de horror. Había varias manchas de sangre sobre la mesa, y justo por
debajo de esta, los dedos de una mano lograban verse. Lentamente
caminó alrededor de la mesa, y con la sensación de que encontraría
algo al dar unos cuantos pasos más, ella se detuvo y trató de ganar
valor para poder mirar. Sabía bien que era alguien de su familia, y
no importase quien fuese, ella sabía que le sería doloroso y
horrible el tener que ver el cuerpo. Suspiró unas cuantas veces,
trató de calmarse y de llenarse de valentía y coraje, miró a sus
pies buscando las fuerzas para poder continuar, y cuando escuchó los
gritos de alguien quien la buscaba decidió continuar.
Dio unos cuantos pasos, y sin si quiera haber estado al
otro lado de la mesa logró ver una mano ensangrentada tendida en el
suelo, de inmediato su corazón comenzó a latir velozmente, había
encontrado otro cuerpo... Llevó sus manos a su pecho, tratando de
calmarse un poco, luego continuó dando pequeños pasos, acercándose
cada vez más al cuerpo. Se encontró con varios platos hechos
pedazos en el suelo, algunos de ellos con manchas de sangre en los
pocos pedazos que aún quedaban intactos. Conforme la mesa dejó de
ser un obstáculo y la visibilidad se volvió mejor, ella logró ver
el enorme charco de sangre que se había formado desde el cuerpo,
notó como había sangre salpicada en el muro detrás de la mesa,
algo que no notó antes. Luego de haberse acercado lo suficiente, la
ropa que aquel cuerpo usaba se volvió visible, y al momento de verla
supo de inmediato de quién se trataba, era su padre. Poco a poco la
escena se volvió más clara, él estaba boca abajo mirando al suelo,
tenía una enorme cortada en la nuca y la camisa blanca que usaba
estaba completamente bañada en sangre. La mitad del cuerpo estaba
metido debajo de la mesa, mientras que el resto no, Vanessa no podía
imaginar de qué forma había terminado así, y tampoco quería
imaginar como fue que fue atacado. El shock inicial de haber visto a
su hermano muerto no había pasado aún, y al ver a su padre tumbado
en el suelo lo único que hizo fue empeorar las cosas aún más. Ella
cayó al suelo completamente derrumbada emocionalmente, no sabía si
llorar o gritar, por lo que ambas cosas ocurrieron al mismo tiempo:
lágrimas comenzaron a correr por su rostro, y mientras estas caían
al suelo ella miró al techo y gritó como nunca había gritado antes
en su vida. Tenía emociones confusas, sentía odio, ira, dolor,
miedo, tristeza, temor; su corazón latía velozmente y su
respiración no era normal. Golpeó el suelo repetidas veces,
estrellando sus puños contra este llena de enojo. Varios de los
policías llegaron corriendo, entre ellos el hombre que repetidas
veces trató de alejar a Vanessa de la casa. Al entrar en el comedor
se encontraron a Vanessa aún gritando y derramando lágrimas por
todo el suelo.
—Vanessa, cálmate... pronto estarás lejos de aquí, te lo prometo —Le dijo el hombre a Vanessa. Él se acercó y le tocó el hombro, ella reaccionó quitándose la mano del hombro, levantándose y alejándose de ellos.
—No iré a ningún lado hasta saber en donde se encuentra el resto —Le sentenció Vanessa con enojo.
—Si lo haces, te lastimarás aún más. Por favor, no lo hagas —Le pidió el hombre mientras se le acercaba.
—¿Por qué, por qué está tratando de ayudarme? —Preguntó Vanessa al sujeto.
—¿Acaso no me recuerdas? Yo estuve en el caso de la muerte de Laura, la madre de una de tus amigas —La memoria de Vanessa pronto recordó la imagen de aquel sujeto, y tan pronto como vio con detalle al enorme hombre se dio cuenta de que sí, era el mismo. Vestía un traje similar al que vistió esa vez que las llevaron a la estación para atestiguar; su mirada calmada y relajante era la misma que la de ese día... la imagen que ella tenía de él era idéntica, excepto por el hecho de que la barba había sido recién rasurada, además de que la papada que él tenía se había vuelto un poco más pequeña.
—Lo recuerdo, pero, ¿Por qué está protegiéndome, qué quiere?
—Quiero que salgas de la casa, quiero que te vayas por cuanto puedas y no regreses hasta que esto haya terminado...
—Pero ya lo hizo, mi familia fue asesinada...
—Mira, no podemos hablar de esto aquí, así que por favor, acepta mi ayuda y sal de la casa, por favor —Le suplicó el hombre.
—No, no puedo, no puedo dejarlos así... no... pasé por tanto con ellos, no dejaré que su imagen desaparezca como si nunca hubiesen existido...
—No lo hará, siempre los recordarás, ahora, por favor, sal de la casa —Le suplicó una vez más el hombre. Ella no sabía que hacer, realmente le dolía el ya haber visto a dos miembros de su familia muertos, y aún le faltaban encontrar otros dos, pero no podía simplemente dejarlos así, tenía que saber que realmente habían muerto, tenía que aceptar el hecho de que esa era la realidad y tenía que dejar de pensar que era un simple sueño, la decisión fue tomada, ella se dio la vuelta y continuó investigando la habitación.
—Vanessa, cálmate... pronto estarás lejos de aquí, te lo prometo —Le dijo el hombre a Vanessa. Él se acercó y le tocó el hombro, ella reaccionó quitándose la mano del hombro, levantándose y alejándose de ellos.
—No iré a ningún lado hasta saber en donde se encuentra el resto —Le sentenció Vanessa con enojo.
—Si lo haces, te lastimarás aún más. Por favor, no lo hagas —Le pidió el hombre mientras se le acercaba.
—¿Por qué, por qué está tratando de ayudarme? —Preguntó Vanessa al sujeto.
—¿Acaso no me recuerdas? Yo estuve en el caso de la muerte de Laura, la madre de una de tus amigas —La memoria de Vanessa pronto recordó la imagen de aquel sujeto, y tan pronto como vio con detalle al enorme hombre se dio cuenta de que sí, era el mismo. Vestía un traje similar al que vistió esa vez que las llevaron a la estación para atestiguar; su mirada calmada y relajante era la misma que la de ese día... la imagen que ella tenía de él era idéntica, excepto por el hecho de que la barba había sido recién rasurada, además de que la papada que él tenía se había vuelto un poco más pequeña.
—Lo recuerdo, pero, ¿Por qué está protegiéndome, qué quiere?
—Quiero que salgas de la casa, quiero que te vayas por cuanto puedas y no regreses hasta que esto haya terminado...
—Pero ya lo hizo, mi familia fue asesinada...
—Mira, no podemos hablar de esto aquí, así que por favor, acepta mi ayuda y sal de la casa, por favor —Le suplicó el hombre.
—No, no puedo, no puedo dejarlos así... no... pasé por tanto con ellos, no dejaré que su imagen desaparezca como si nunca hubiesen existido...
—No lo hará, siempre los recordarás, ahora, por favor, sal de la casa —Le suplicó una vez más el hombre. Ella no sabía que hacer, realmente le dolía el ya haber visto a dos miembros de su familia muertos, y aún le faltaban encontrar otros dos, pero no podía simplemente dejarlos así, tenía que saber que realmente habían muerto, tenía que aceptar el hecho de que esa era la realidad y tenía que dejar de pensar que era un simple sueño, la decisión fue tomada, ella se dio la vuelta y continuó investigando la habitación.
Mientras
su mirada se posaba sobre los diferentes muebles de la habitación,
logró ver en el suelo al otro lado de la mesa, un pequeño charco de
sangre, y frente a este sangre embarrada en el suelo que iba hasta la
cocina y desaparecía tras la puerta. Su mirada se posó sobre la
puerta, y logró ver desde donde estaba parada como la puerta tenía
sangre embarrada a un lado de ella. El hombre simplemente la miró,
quería acercarse, tomarla de los brazos y sacarla de la casa, pero
no podía, no sabía porqué, solo podía quedarse allí parado
mientras veía a Vanessa y tratar de convencerla de que saliese de la
casa.
—Vayámonos, no sacarás nada con seguir con esto —Le dijo él mientras la veía caminar a la puerta. Ella no respondió y siguió caminando.
—Vayámonos, no sacarás nada con seguir con esto —Le dijo él mientras la veía caminar a la puerta. Ella no respondió y siguió caminando.
Llegó
hasta la puerta, miró con atención el rastro de sangre que
desaparecía justo debajo de la puerta, y con suavidad empujó la
puerta y la abrió. Ella quedó horrorizada aún más con la escena
con la se encontró: Su madre yacía en el suelo, boca abajo, justo
frente a un muro, y tenía la cabeza recargada en este. Había un
rastro de sangre que iba hasta su cuerpo y se juntaba con un enorme
charco que se había formado debajo de ella. El muro frente al cuerpo
tenía un enorme agujero, y alrededor de este había sangre
salpicada, yendo hacia abajo se podía ver un rastro de sangre que
terminaba justo en donde la cabeza de Camila se encontraba. Vanessa
intentó no mirar, pero no pudo hacerlo, ella se quedó atónita, no
se movía. Pasaron segundos y ella comenzó a temblar, no era solo
por el hecho de que estaba helada y tenía frío, también era por el
hecho de que estaba horrorizada y no podía evitar ver el cuerpo. Con
lentitud se acercó al cuerpo, estando a un lado de este se hincó y
llevó su mano a la mejilla de ella, siempre que lo hacía podía
sentir su calor y una sensación de calma, pero esta vez era
diferente, solo sintió frío y la sensación no era nada agradable,
era una de soledad, de tristeza y de ira...
Lágrimas
corrieron una vez más por sus mejillas, y estas terminaron cayendo
sobre el rostro de Camila, de su madre. Ella ya no miraba al cuerpo,
si no que miraba sus manos que yacían sobre el charco de sangre que
había en el suelo. Con horror alzó ambas manos y las miró, se dio
cuenta de que se habían llenado de sangre. Pequeñas gotas caían de
entre sus dedos, y regresaban al suelo. Ella podía sentir lo espeso
de la sangre, como se deslizaba rápidamente entre sus dedos, estaba
fría y no tibia como ella esperaba que estuviese.
—Vanessa, por favor, deja esto, ven conmigo, te llevaré a un lugar seguro —Le dijo el hombre quien se paró detrás de ella.
—No puedo dejarlos, no puedo... no puedo —Murmuró Vanessa mientras se secaba las lágrimas con la manga de su suéter. El hombre no sabía qué hacer, él la quería levantar, la quería jalar de los hombros y sacarla de la casa, pero por alguna razón él no lo hacía, simplemente podía quedarse parado y mirar, esperando a que algo más ocurriese.
—Vanessa, por favor, deja esto, ven conmigo, te llevaré a un lugar seguro —Le dijo el hombre quien se paró detrás de ella.
—No puedo dejarlos, no puedo... no puedo —Murmuró Vanessa mientras se secaba las lágrimas con la manga de su suéter. El hombre no sabía qué hacer, él la quería levantar, la quería jalar de los hombros y sacarla de la casa, pero por alguna razón él no lo hacía, simplemente podía quedarse parado y mirar, esperando a que algo más ocurriese.
Las
luces de los relámpagos se podían ver desde la ventana de la
cocina, y seguido de estos se podían escuchar los estruendos de los
truenos haciendo eco por toda la casa. Vanessa miró por unos
instantes hacia la ventana, viendo caer las gotas de lluvia frente a
ella, mientras lo hacía, algo llamó su atención: la puerta hacia
el jardín estaba abierta. Ella se levantó, y al hacerlo puso sus
manos sobre sus piernas, manchándose así de sangre, se limpió una
última vez las lágrimas de su rostro y caminó hacia la puerta.
Cuando estuvo parada frente a ella notó manchas de sangre en la
perilla, de inmediato supo que alguien había salido de la casa. Ella
salió corriendo, empujando la puerta hacia a un lado mientras lo
hacía, el hombre salió corriendo detrás de ella, y al salir la
encontró parada en medio del jardín, mirando hacia todos
lados.
—¿Entra a la casa Vanessa! —Le gritó el hombre. La lluvia al caer sobre el tejado, algunas vigas de metal y sobre los charcos de lodo que se habían formado en el suelo hacía que hablar fuese difícil, por lo que ambos comenzaron a conversar gritándose.
—Alguien salió de la casa... —Dijo Vanessa. Él apenas pudo escuchar lo que dijo, se le acercó y la cubrió con el paraguas que llevaba.
—Hay que entrar de vuelta en la casa Vanessa, nosotros nos encargaremos de esto, por favor.
—No puedo, no puedo hacerlo... tengo que saber si es cierto, tengo que verlo con mis propios ojos, tengo que saber que en realidad está ocurriendo esto y no es un simple sueño.
—Lamento decírtelo pero, no es un sueño, es la realidad, y lamento mucho que sea la realidad y no un simple sueño.
—Aún tengo que encontrarlo a él, no puedo irme sin haberlo visto antes, dime, ¿dónde está? —Le rogó Vanessa mientras lo miraba a los ojos. Tenía una expresión de dolor, de tristeza, de miedo... algo que hizo que él simplemente se sintiera mal —¡¿Dónde está?! —Le gritó ella con desesperación mientras le sujetaba el traje y lo sacudía, él no contestó, simplemente miró hacia la casa del vecino, ella de inmediato se dio cuenta de ello y también miró en esa dirección —Está afuera, ¿verdad?, ¡¿Está en esa dirección?!... —Él no contestó, por lo que Vanessa lo soltó, se dio la vuela y corrió en la dirección hacia donde él veía. Él trató de correr detrás de ella, pero no pudo, estaba paralizado, simplemente vio como desapareció de su vista.
—¿Entra a la casa Vanessa! —Le gritó el hombre. La lluvia al caer sobre el tejado, algunas vigas de metal y sobre los charcos de lodo que se habían formado en el suelo hacía que hablar fuese difícil, por lo que ambos comenzaron a conversar gritándose.
—Alguien salió de la casa... —Dijo Vanessa. Él apenas pudo escuchar lo que dijo, se le acercó y la cubrió con el paraguas que llevaba.
—Hay que entrar de vuelta en la casa Vanessa, nosotros nos encargaremos de esto, por favor.
—No puedo, no puedo hacerlo... tengo que saber si es cierto, tengo que verlo con mis propios ojos, tengo que saber que en realidad está ocurriendo esto y no es un simple sueño.
—Lamento decírtelo pero, no es un sueño, es la realidad, y lamento mucho que sea la realidad y no un simple sueño.
—Aún tengo que encontrarlo a él, no puedo irme sin haberlo visto antes, dime, ¿dónde está? —Le rogó Vanessa mientras lo miraba a los ojos. Tenía una expresión de dolor, de tristeza, de miedo... algo que hizo que él simplemente se sintiera mal —¡¿Dónde está?! —Le gritó ella con desesperación mientras le sujetaba el traje y lo sacudía, él no contestó, simplemente miró hacia la casa del vecino, ella de inmediato se dio cuenta de ello y también miró en esa dirección —Está afuera, ¿verdad?, ¡¿Está en esa dirección?!... —Él no contestó, por lo que Vanessa lo soltó, se dio la vuela y corrió en la dirección hacia donde él veía. Él trató de correr detrás de ella, pero no pudo, estaba paralizado, simplemente vio como desapareció de su vista.
Ella corrió por el jardín, sus pies se hundían en
los charcos de lodo que se habían formado por todo el lugar, varias
veces sus pies se atoraron en el lodo, e incluso perdió uno de sus
tenis dentro de uno de los charcos. Ella corría cojeando, y siguió
así hasta que logró ver entre la lluvia como la valla de la casa de
alado había sido derrumbada. Ella comenzó a caminar lentamente
pensando en lo que podía encontrar al llegar allí. Un bulto
apareció no muy lejos de ella, exactamente sobre el pedazo de valla
que se había caído, con horror aceleró el paso y en unos cuantos
segundos estuvo allí, cuando identificó con detalle lo que era el
bulto su expresión se llenó de horror y de miedo, y de inmediato
quitó la mirada: Era su hermano quien yacía sobre la valla. Ella no
quería mirar, pero no podía evitarlo, lentamente giró su cabeza en
dirección al cuerpo y no la quitó de encima. Comenzó a mirar con
detalle el cuerpo, tratando de entender qué es lo que había pasado
y había llevado a su familia entera a ser asesinada. Había un
montón de maderas, pedazos destrozados que se rompieron cuando la
valla se vino abajo, algunos de ellos incluso flotaban en el charco
de agua que se había formado alrededor del cuerpo. No habían
rastros de sangre, probablemente porque la lluvia los borró, excepto
aquellos en el cuello de la camisa que él llevaba, ésta estaba
impregnada con un fuerte color rojo. No vio heridas, no a la vista,
pero sabía bien que, al igual que el resto, debió de ser atacado
brutalmente. Ella se dejó caer al suelo de rodillas, pero en cuanto
el agua sucia y helada tocaron la herida abierta que tenía en la
rodilla tras haberse resbalado cuando iba a entrar en la casa, ella
gimió de dolor, quitó la rodilla del agua y se sentó en el suelo.
Estando a un lado de él, ella comenzó a investigar con más detalle
el cuerpo. Llevó sus manos a su cabeza, con cuidado la comenzó a
girar hacia ella, pero tras haberla estado sujetando unos segundos
ella sintió algo en sus manos, algo viscoso y húmedo, sabía bien
que no era agua, y saber que no era agua le horrorizó. Quitó las
manos, las acercó a ella y las miró, vio como estas se habían
vuelto a manchar de sangre. De inmediato llevó de vuelta las manos a
la cabeza y la comenzó a girar, ahora hacia el otro lado, esta
terminó mirando en dirección contraria a donde ella se encontraba,
le permitió así ver de donde era que salía la sangre. Con solo
ver logró encontrar una herida justo en la parte posterior de la
cabeza, justo encima de la nuca. Estuvo a punto de colocar la cabeza
de vuelta sobre la roca, pero entonces se encontró con una piedra a
un lado de ella, de inmediato pensó en lo que le había causado esa
herida en la cabeza, con miedo recostó la cabeza y llevó ambas
manos a la piedra, la levantó y la giró, solo para encontrarse con
un pedazo de piel incrustada en ella. Soltó la piedra en el suelo
salpicando agua sobre ella, de inmediato levantó de nuevo la cabeza
y miró la roca en donde había estado descansando: vio sangre, piel
arrancada e incluso un par de dientes, uno de ellos incrustado en la
piedra. Giró la cabeza en su dirección, de tal forma que el rostro
estuviese viendo hacia donde ella se encontraba. Su mirada se volvió
una de disgusto y de horror al ver el rostro de su hermano: estaba
completamente destrozado, le faltaban dientes, tenía la mandíbula
rota, tenía heridas por todos lados y la nariz la tenía rota. Era
prácticamente irreconocible, y de no ser por el hecho de que había
visto al otro hermano antes ella podría llegar a confundirlos y
pensar que aquel que tenía frente a ella era el otro. Recostó la
cabeza a un lado de la piedra, y mientras la bajaba al suelo se
encontró con un par de dientes flotando en el agua.
—¡Vanessa! —Gritó el hombre quien llegó corriendo por detrás de ella —No puede ser... —Dijo él al ver la terrible escena.
—¿Quién, quién pudo haber hecho esto...? ¡¿Quién carajo pudo haber hecho esto?! —Le gritó ella a él mientras se levantaba del suelo y se ponía frente a él.
—No tengo idea, pero te prometo que lo encontraremos y lo haremos pagar. No se saldrá con la suya —Le dijo el hombre mientras llevaba uno de sus brazos al hombro de ella —Te lo volveré a decir, ven con nosotros, te llevaremos a la jefatura, allí estarás a salvo y nada de ocurrirá.
—Nadie puede prometerme algo así, no después de lo que ha pasado hoy —Sentenció Vanessa. Con la manga empapada de su suéter trató de secarse las lágrimas que le salían, pero no funcionaba y solo terminaba mojándose aún más.
—Como mínimo pasa la noche en la jefatura, te daremos ropa seca y estarás en un lugar seco y caliente y no en un lugar frío y, bueno, mojado como aquí afuera...
—Por favor, déjeme sola —Le dijo ella mientras quitaba el brazo de él de su hombro —No intente llamarme, no ahora... tengo muchas cosas qué hacer —Vanessa se dio la vuelta y comenzó a caminar, alejándose de él.
—Espera, no puedes irte así, es peligroso, y además, te necesitamos para saber quien fue el que hizo esto, necesitamos que estés bajo nuestro cuidado —Le dijo el hombre tratando de convencerla. Ella se detuvo, se dio la vuelta y lo miró.
—He dicho que no. La única razón por la que me pueden hablar es para tratar la situación con los cuerpos y si llegasen a atrapar al culpable, solo eso —Le sentenció Vanessa. Continuó caminando, esta vez no se detuvo, ni si quiera por que el hombre continuó gritándole esperando a que se detuviese.
—¡Vanessa! —Gritó el hombre quien llegó corriendo por detrás de ella —No puede ser... —Dijo él al ver la terrible escena.
—¿Quién, quién pudo haber hecho esto...? ¡¿Quién carajo pudo haber hecho esto?! —Le gritó ella a él mientras se levantaba del suelo y se ponía frente a él.
—No tengo idea, pero te prometo que lo encontraremos y lo haremos pagar. No se saldrá con la suya —Le dijo el hombre mientras llevaba uno de sus brazos al hombro de ella —Te lo volveré a decir, ven con nosotros, te llevaremos a la jefatura, allí estarás a salvo y nada de ocurrirá.
—Nadie puede prometerme algo así, no después de lo que ha pasado hoy —Sentenció Vanessa. Con la manga empapada de su suéter trató de secarse las lágrimas que le salían, pero no funcionaba y solo terminaba mojándose aún más.
—Como mínimo pasa la noche en la jefatura, te daremos ropa seca y estarás en un lugar seco y caliente y no en un lugar frío y, bueno, mojado como aquí afuera...
—Por favor, déjeme sola —Le dijo ella mientras quitaba el brazo de él de su hombro —No intente llamarme, no ahora... tengo muchas cosas qué hacer —Vanessa se dio la vuelta y comenzó a caminar, alejándose de él.
—Espera, no puedes irte así, es peligroso, y además, te necesitamos para saber quien fue el que hizo esto, necesitamos que estés bajo nuestro cuidado —Le dijo el hombre tratando de convencerla. Ella se detuvo, se dio la vuelta y lo miró.
—He dicho que no. La única razón por la que me pueden hablar es para tratar la situación con los cuerpos y si llegasen a atrapar al culpable, solo eso —Le sentenció Vanessa. Continuó caminando, esta vez no se detuvo, ni si quiera por que el hombre continuó gritándole esperando a que se detuviese.
La
tormenta aún no paraba y Vanessa seguía caminando por las calles,
derramando lágrimas a todo lugar a donde iba. Tenía frío,
temblaba, pero no podía regresar a su casa, no después de lo
ocurrido. Esperaba poder llegar a la casa de Erika y de Sofía antes
de que la noche llegase, pero no lo logró, el sol se había ocultado
y ella seguía caminando. Constantemente las imágenes de los cuerpos
pasaban por su mente; podía ver una y otra vez las heridas que se
les habían hecho en el cuerpo, las varias apuñaladas que
recibieron, las cortadas en sus cuerpos. Recreaba las escenas en su
mente, viendo una y otra vez a su hermano siendo asesinado recibiendo
cientos de golpes con una piedra en la cabeza, o a su madre siendo
azotada contra un muro; podía ver la silueta del asesino sobre su
hermano, una y otra vez enterrándole el cuchillo, y lo podía ver
también saltando sobre su padre, atacándolo violentamente. Ella no
podía dejar de pensar en ello, no importando cuanto tratase en
pensar en otras cosas, siempre las mismas horribles imágenes
regresaban. El llanto de Vanessa se podía escuchar en las calles,
los autos pasaban a un lado de ella, como si nada estuviese pasando,
pero de vez en cuando personas caminando cruzaban a un lado de ella y
se asustaban, no solo por el hecho de que habían visto a una
adolescente llorando bajo la lluvia, si no que también era porque
veían la herida que tenían en su rodilla y como las mangas de su
suéter se habían manchado de sangre.
Los autos pronto dejaron de pasar tanto como lo hacían
antes, dejando únicamente las luces de las lámparas de la calle
como la única fuente de luz para Vanessa, quien aún seguía
caminando por las calles. Se frotaba los brazos intentando generar
calor, pero era muy poco lo que lograba, decidió entrar en una
tienda y refugiarse dentro. Caminó a la parte trasera de la tienda,
justo donde tenían los refrigeradores y los estantes repletos de
galletas y comida chatarra, estando allí se tiró al suelo justo a
un lado de uno de los refrigeradores y se quedó en posición fetal.
El calor que el motor del refrigerador le era suficiente, y poco a
poco comenzó a calentarse. Pasaron minutos y fue hasta que el
encargado de la tienda la encontró que su tranquilidad fue
disturbada.
—¿Qué rayos estás haciendo? No puedes dormir en la tienda, lárgate —Dijo el hombre mientras la levantaba de un brazo. Estando parada, él se percató de la sangre en el suéter —Oh mierda, ¿te encuentras bien, te pasó algo? —Preguntó él con preocupación.
—Qué hipócrita... —Le dijo Vanessa mientras comenzaba a caminar en dirección a la entrada de la tienda.
—¿Qué te ocurrió? Si no me dices llamaré a la policía —Le sentenció el hombre. Vanessa se detuvo, se dio la vuelta y lo miró a los ojos. Él de inmediato se asustó por la forma en que ella lo veía, tenía una mirada penetrante, y se podía ver en su rostro lo triste, lo cansada y lo furiosa que se encontraba.
—Mi familia fue asesinada, ¿contento? —Le contestó ella. Se dio la vuelta y continuó caminando. Él solo se quedó allí parado, viendo como Vanessa se alejaba, terminó por desaparecer de su vista.
—¿Qué rayos estás haciendo? No puedes dormir en la tienda, lárgate —Dijo el hombre mientras la levantaba de un brazo. Estando parada, él se percató de la sangre en el suéter —Oh mierda, ¿te encuentras bien, te pasó algo? —Preguntó él con preocupación.
—Qué hipócrita... —Le dijo Vanessa mientras comenzaba a caminar en dirección a la entrada de la tienda.
—¿Qué te ocurrió? Si no me dices llamaré a la policía —Le sentenció el hombre. Vanessa se detuvo, se dio la vuelta y lo miró a los ojos. Él de inmediato se asustó por la forma en que ella lo veía, tenía una mirada penetrante, y se podía ver en su rostro lo triste, lo cansada y lo furiosa que se encontraba.
—Mi familia fue asesinada, ¿contento? —Le contestó ella. Se dio la vuelta y continuó caminando. Él solo se quedó allí parado, viendo como Vanessa se alejaba, terminó por desaparecer de su vista.
Una
vez más Vanessa estaba de vuelta en las calles, rápidamente volvió
a enfriarse y de nuevo comenzó a frotar sus manos contra sus brazos
esperando poder así calentarse. La tormenta se había calmado pero
aún no había cesado, era un gran alivio para ella.
El teléfono que había en la sala de la casa comenzó
a sonar, de inmediato Vanessa caminó a este y tomó la
llamada.
—¡Vanessa, santo cielo que estás bien!, ¿por qué has huido? —Dijo Sofía al otro lado del teléfono.
—¿Supiste la noticia no?, alguien mató a mi familia. Mi casa no era un lugar para quedarme, y tampoco lo era la casa abandonada considerando el hecho de que uno de mis hermanos fue asesinado allí —Contestó Vanessa.
—Pudiste haberte ido con los oficiales, tengo entendido que te pidieron varias veces eso y tú los rechazaste.
—Sí, así fue, pero si me iba con ellos no dejarían de estar preguntándome una y otra vez acerca de lo ocurrido... Ni que yo hubiese estado allí presente como para presenciar los asesinatos.
—Sí, es cierto, ¿pero por qué no viniste con nosotras?
—Quería estar sola, y aún quiero seguir así. Quiero llorar hasta no poder más, quiero pensar que todo esto es tan solo una simple pesadilla de la que no tardo mucho en despertar, pero no lo hago, sigo aquí, llorando y recordando a cada instante esas horribles escenas.
—¿¡Contestó!?, ¿¡en serio!? Por favor, déjame hablar con ella —Logró escuchar Vanessa a Ernesto hablar al otro lado del teléfono.
—Vanessa, te paso a Ernesto, está aquí con nosotras —Le dijo Sofía. Varias voces se escucharon a lo lejos y luego Ernesto comenzó a hablarle a Vanessa.
—Vanessa, ¿¡Dónde estás!? —Preguntó el con desesperación.
—Estoy en la casa de Erika... Por favor, di lo que tengas qué decir cuanto antes.
—¿Te encuentras bien, quieres que vaya a verte? —Preguntó él preocupado.
—Lamento mucho el que me tengas que escuchar así, por favor, solo cuelga y déjame sola un par de días, ya hablaremos después —Le dijo Vanessa. Ella caminó al sofá y se sentó en él, recargó su cabeza contra el respaldo y se secó las lágrimas que corrían por su rostro con un pañuelo.
—No me quieren decir qué es lo que está pasando, por favor Vanessa, dime para saber qué hacer por ti —Le pidió él.
—No quiero, no quiero hablar del tema. Por favor, ya déjame en paz.
—Vanessa, si sigues así tendré que ir a verte.
—¡No, no quiero que me veas así!, por favor, sólo déjame sola.
—Sabes que soy una persona confiable, y además, soy tu novio, tengo que estar a tu lado tanto en las buenas como en las malas —Le explicó él.
—Si quieres venir ven, pero no te prometo que la pasarás bien —Le finalizó Vanessa. Ella terminó la llamada regresando el teléfono a donde se encontraba, volvió al sofá y se tiró en él, recostándose en este. Estando recostada comenzó a llorar.
—¡Vanessa, santo cielo que estás bien!, ¿por qué has huido? —Dijo Sofía al otro lado del teléfono.
—¿Supiste la noticia no?, alguien mató a mi familia. Mi casa no era un lugar para quedarme, y tampoco lo era la casa abandonada considerando el hecho de que uno de mis hermanos fue asesinado allí —Contestó Vanessa.
—Pudiste haberte ido con los oficiales, tengo entendido que te pidieron varias veces eso y tú los rechazaste.
—Sí, así fue, pero si me iba con ellos no dejarían de estar preguntándome una y otra vez acerca de lo ocurrido... Ni que yo hubiese estado allí presente como para presenciar los asesinatos.
—Sí, es cierto, ¿pero por qué no viniste con nosotras?
—Quería estar sola, y aún quiero seguir así. Quiero llorar hasta no poder más, quiero pensar que todo esto es tan solo una simple pesadilla de la que no tardo mucho en despertar, pero no lo hago, sigo aquí, llorando y recordando a cada instante esas horribles escenas.
—¿¡Contestó!?, ¿¡en serio!? Por favor, déjame hablar con ella —Logró escuchar Vanessa a Ernesto hablar al otro lado del teléfono.
—Vanessa, te paso a Ernesto, está aquí con nosotras —Le dijo Sofía. Varias voces se escucharon a lo lejos y luego Ernesto comenzó a hablarle a Vanessa.
—Vanessa, ¿¡Dónde estás!? —Preguntó el con desesperación.
—Estoy en la casa de Erika... Por favor, di lo que tengas qué decir cuanto antes.
—¿Te encuentras bien, quieres que vaya a verte? —Preguntó él preocupado.
—Lamento mucho el que me tengas que escuchar así, por favor, solo cuelga y déjame sola un par de días, ya hablaremos después —Le dijo Vanessa. Ella caminó al sofá y se sentó en él, recargó su cabeza contra el respaldo y se secó las lágrimas que corrían por su rostro con un pañuelo.
—No me quieren decir qué es lo que está pasando, por favor Vanessa, dime para saber qué hacer por ti —Le pidió él.
—No quiero, no quiero hablar del tema. Por favor, ya déjame en paz.
—Vanessa, si sigues así tendré que ir a verte.
—¡No, no quiero que me veas así!, por favor, sólo déjame sola.
—Sabes que soy una persona confiable, y además, soy tu novio, tengo que estar a tu lado tanto en las buenas como en las malas —Le explicó él.
—Si quieres venir ven, pero no te prometo que la pasarás bien —Le finalizó Vanessa. Ella terminó la llamada regresando el teléfono a donde se encontraba, volvió al sofá y se tiró en él, recostándose en este. Estando recostada comenzó a llorar.
Pasó casi media hora desde que recibió la llamada de
Sofía, ella aún seguía llorando y su llanto hacía eco en la vacía
casa. Se escucharon pisadas viniendo de fuera de la casa, y segundos
más tarde alguien llamó a la puerta. Vanessa se levantó del sofá,
se secó el rostro con una camisa que había en el suelo y caminó a
la puerta. Su cabello aún seguía húmedo tras haber caminado todo
el trayecto hasta la casa, y a pesar de que se había pasado una
toalla este aún no se secaba completamente. Sentía la cabeza fría,
y su delgada camisa se había mojado un poco por la humedad del
cabello. Fue a la puerta, se sonó la nariz y miró por la mirilla,
se encontró a Ernesto quien llevaba un paraguas en mano. De
inmediato abrió la puerta, cuando ambos se encontraron ella no pudo
contenerse y continuó llorando. Corrió a la sala, en donde una vez
más se arrojó sobre el sofá y trató de esconder su rostro de
Ernesto. Él cerró la puerta detrás de él y se adentró en la
casa, comenzó a seguir el llanto de Vanessa, y a pesar de que hacía
eco por la casa logró llegar a la habitación en donde ella se
encontraba.
—Vanessa —Dijo él al verla tirada en el sofá —¿Qué, qué fue lo que pasó? —Preguntó él preocupado por ella.
—Mi familia... fue, fue... —Vanessa trató de hablar, pero el llanto no la dejó hablar, de pronto ella habló de nuevo —¡Mi familia fue asesinada! —Gritó ella para luego continuar llorando.
—¿No te gustó mi regalo? —Preguntó él mientras se le acercaba y se hincaba a un lado de ella.
—No pude ver nada, solo estuve allí unos minutos, y lo que vi fue horrible, cuerpo tras cuerpo todos ellos fueron asesinados brutalmente, incluso a uno de ellos le destrozaron la cabeza.
—Entonces, ¿no te gustó mi regalo? Pensé que eso era lo que querías —Vanessa se dio la vuelta y miró con horror a Ernesto.
—¿De qué estás hablando? —Preguntó ella mientras se secaba las lágrimas.
—De tu familia, ¿acaso no recuerdas? Dijiste que querías que alguien acabase con todo de una sola vez. Yo lo hice, lo hice por ti —Contestó él. Ella de inmediato se levantó del sofá y se paró justo frente a Ernesto, su expresión era una de ira y de enojo.
—Tú, ¿¡los mataste!? —Dijo ella mientras se acercaba hacia él sin quitarle sus ojos de encima.
—Sí, ya te dije que fui yo. Lo hice al ver lo triste que estabas, pensé que eso era lo que querías —Contestó él.
—Todo se había resuelto, estábamos a horas de poder disfrutar de una cena... ¡Y tú lo arruinaste! Tú destruiste mi vida, mi familia, y mataste a algunas de las personas que más quería en este mundo.
—¡Dijiste que querías que se terminase!
—¡Quería que alguien los ayudase, no que los matase! —Vanessa tomó un tubo de metal que estaba a un lado del sofá y con este le asestó un golpe a la cabeza. Él Cayó al suelo y miró con miedo a Vanessa.
—¡Lo hice por ti! —Gritó él mientras recibía otro golpe en el estómago.
—Los mataste... a todos... ¡Nadie nunca te dijo que hicieses algo así! ¡Nadie! —Le gritó Vanessa mientras le lanzaba golpe tras golpe.
—Vanessa —Dijo él al verla tirada en el sofá —¿Qué, qué fue lo que pasó? —Preguntó él preocupado por ella.
—Mi familia... fue, fue... —Vanessa trató de hablar, pero el llanto no la dejó hablar, de pronto ella habló de nuevo —¡Mi familia fue asesinada! —Gritó ella para luego continuar llorando.
—¿No te gustó mi regalo? —Preguntó él mientras se le acercaba y se hincaba a un lado de ella.
—No pude ver nada, solo estuve allí unos minutos, y lo que vi fue horrible, cuerpo tras cuerpo todos ellos fueron asesinados brutalmente, incluso a uno de ellos le destrozaron la cabeza.
—Entonces, ¿no te gustó mi regalo? Pensé que eso era lo que querías —Vanessa se dio la vuelta y miró con horror a Ernesto.
—¿De qué estás hablando? —Preguntó ella mientras se secaba las lágrimas.
—De tu familia, ¿acaso no recuerdas? Dijiste que querías que alguien acabase con todo de una sola vez. Yo lo hice, lo hice por ti —Contestó él. Ella de inmediato se levantó del sofá y se paró justo frente a Ernesto, su expresión era una de ira y de enojo.
—Tú, ¿¡los mataste!? —Dijo ella mientras se acercaba hacia él sin quitarle sus ojos de encima.
—Sí, ya te dije que fui yo. Lo hice al ver lo triste que estabas, pensé que eso era lo que querías —Contestó él.
—Todo se había resuelto, estábamos a horas de poder disfrutar de una cena... ¡Y tú lo arruinaste! Tú destruiste mi vida, mi familia, y mataste a algunas de las personas que más quería en este mundo.
—¡Dijiste que querías que se terminase!
—¡Quería que alguien los ayudase, no que los matase! —Vanessa tomó un tubo de metal que estaba a un lado del sofá y con este le asestó un golpe a la cabeza. Él Cayó al suelo y miró con miedo a Vanessa.
—¡Lo hice por ti! —Gritó él mientras recibía otro golpe en el estómago.
—Los mataste... a todos... ¡Nadie nunca te dijo que hicieses algo así! ¡Nadie! —Le gritó Vanessa mientras le lanzaba golpe tras golpe.
Él
trató de protegerse usando sus brazos como protección, pero pronto
estuvieron tan lastimados que ya no los pudo mover y simplemente
cayeron al suelo. Vanessa estaba enojada, fúrica, y no parecía que
se fuese a calmar pronto. Le asestaba golpe tras golpe, todos
dirigidos a la cabeza, y con cada golpe que le lograba dar, una
pequeña sonrisa se aparecía en su rostro; sangre salpicaba cada vez
que el tubo de metal lo golpeaba, y poco a poco su ropa se salpicó
de esta. Pronto ella se cansó, dejó caer el tubo de metal al suelo
y ella se hincó justo frente a Ernesto. Él había quedado
inconsciente mucho tiempo atrás, antes si quiera de que ella
comenzase a divertirse golpeándolo. Miró su recién cambiada ropa y
se percató de que se había manchado de sangre, no le importó, ella
solo quería ver que Ernesto pagase por lo que había hecho. Ella lo
tomó de los brazos, y con la poca fuerza que le quedaba comenzó a
arrastrarlo, sacándolo así de la sala y llevándolo a otra de las
habitaciones de la casa.
Él se encontraba sentado en una silla de metal, tenía
tanto manos como piernas sujetas con cinta adhesiva contra las patas
y los brazos de la silla metálica. Tenía un cable amarrado entre su
estómago y el respaldo de la silla, pero no siendo suficiente,
también tenía cinta alrededor del resto de su cuerpo, fijándolo
contra la silla. Vanessa estaba sentada en un sillón frente a él, a
un lado de ella tenía un taladro eléctrico, cuchillos de cocina, un
martillo, y un serrucho eléctrico. No le quitaba la mirada de
encima, veía como de vez en cuando pequeñas gotas de sangre caían
sobre su ropa. De pronto él comenzó a toser y a quejarse, Vanessa
saltó del sillón y se acercó tan rápido como pudo a Ernesto,
lentamente abrió sus ojos y lo primero que vio fue a Vanessa hincada
justo frente a él, tan cerca que podía sentir su
respiración.
—¿Qué, qué está pasando? —Preguntó él desconcertado.
—¿Recuerdas lo que le hiciste a mi familia, recuerdas como azotaste a mi madre contra el muro, como apuñalaste a mi padre y a mi hermano, y como le destrozaste la cabeza usando una piedra a mi otro hermano? Pues te he traído aquí para que pagues por lo que hiciste. Puedes verlo como una forma de hacer el bien por ti, o bien, una forma de que pagues por lo que hiciste. Ambos casos son buenos, y no importando cual elijas, el final será el mismo.
—¿Qué vas a hacerme? —Preguntó él lleno de terror.
—Te haré sentir lo que les hiciste sentir a ellos.... Sabes, tenía miedo de que te había asesinado allí abajo con ese tubo, pero me he alegrado de saber que no ha sido así, ahora podré hacerte cuantas cosas se me den la gana —Le sentenció Vanessa. Ella se dio la vuelta, tomó el serrucho y se acercó de vuelta hacia él.
—¿Qué... qué vas a hacer con eso?
—¿Qué crees? Cortarte los dedos, uno por uno, y tendré el deleite de poder escuchar tus gritos de dolor, podré escuchar como me pides perdón y esperas a que te deje ir... —La risa de Vanessa se volvió una histérica, una risa acelerada, una risa que demostraba el gran placer que ella estaba sintiendo, y mientras tanto, él solo se le quedó viendo con horror, viendo como aquella chica frente a él se burlaba.
—¿Qué, qué está pasando? —Preguntó él desconcertado.
—¿Recuerdas lo que le hiciste a mi familia, recuerdas como azotaste a mi madre contra el muro, como apuñalaste a mi padre y a mi hermano, y como le destrozaste la cabeza usando una piedra a mi otro hermano? Pues te he traído aquí para que pagues por lo que hiciste. Puedes verlo como una forma de hacer el bien por ti, o bien, una forma de que pagues por lo que hiciste. Ambos casos son buenos, y no importando cual elijas, el final será el mismo.
—¿Qué vas a hacerme? —Preguntó él lleno de terror.
—Te haré sentir lo que les hiciste sentir a ellos.... Sabes, tenía miedo de que te había asesinado allí abajo con ese tubo, pero me he alegrado de saber que no ha sido así, ahora podré hacerte cuantas cosas se me den la gana —Le sentenció Vanessa. Ella se dio la vuelta, tomó el serrucho y se acercó de vuelta hacia él.
—¿Qué... qué vas a hacer con eso?
—¿Qué crees? Cortarte los dedos, uno por uno, y tendré el deleite de poder escuchar tus gritos de dolor, podré escuchar como me pides perdón y esperas a que te deje ir... —La risa de Vanessa se volvió una histérica, una risa acelerada, una risa que demostraba el gran placer que ella estaba sintiendo, y mientras tanto, él solo se le quedó viendo con horror, viendo como aquella chica frente a él se burlaba.
Con
ambas manos llevó el serrucho a la mano izquierda de Ernesto, vio
como había comenzado a retorcerse sin que hubiese hecho nada, él
trataba desesperadamente de liberarse, se movía de un lado a otro
pero no tenía suerte, nada le funcionaba. Vanessa se quitó el
cabello que le cubría el rostro, acercó la hoja del serrucho a la
mano de Ernesto, presionó el gatillo, y sonriendo, lentamente
comenzó a cortar el dedo índice. Un chorro de sangre brotó
mientras la hoja comenzaba a cortar el dedo. Ernesto gritó lleno de
dolor y su deseo por salir de allí se volvió aún más grande, pero
sabía bien que, no importando cuanto lo intentase, le sería
imposible salir de allí con vida. Llegó un punto en el que la hoja
dejó de avanzar, Vanessa se acercó y trató de ver con detalle que
era lo que pasaba.
—Qué lástima, al parecer no soy tan fuerte como para poder continuar cortando el pequeño hueso de tu dedo con el serrucho, así que, dime, ¿te lo taladro o te lo rompo? —Le dijo Vanessa mientras retiraba el serrucho del dedo de Ernesto. Con fuerzas jaló el serrucho hacia arriba y retiró la hoja metálica, dejando la mitad del dedo colgando sobre el aire, únicamente siendo sujetado por un pequeño pedazo de hueso. Ella se dio la vuelta y caminó hacia el sofá.
—Por favor, ya te lo dije, lo hice porque así querías que ocurriese, solo hice lo que tú deseabas —Le suplicó él mientras observaba con horror como su dedo sangraba.
—Yo no deseaba que muriesen, yo no deseaba que la única persona que me había amado tanto resultase ser un asesino... yo no deseaba que otra muerte se fuese a dar en esta misma casa, pero no se me ha dado otra opción, tienes que pagar por lo que hiciste. Por cierto, te hice una pregunta, ¿te taladro el dedo o te lo rompo usando el martillo? —Le explicó Vanessa mientras regresaba con un martillo en una mano y un taladro eléctrico en la otra.
—¡Ninguno! —Le contestó él.
—¡Perfecto!, usaré ambos. Más diversión para mí —Vanessa dejó el martillo en el suelo, y tan pronto como estuvo parada de nuevo encendió el taladro, que de inmediato comenzó a hacer girar la punta de acero. Llevó el taladro al dedo, y justo antes de donde había comenzado a cortar con el serrucho colocó la punta del taladro. Sangre salpicaba hacia todos lados mientras la punta metálica le perforaba el dedo, algunos trozos de piel y carne salían disparados, todo esto mientras él gritaba de dolor e intentaba no prestar atención a lo que estaba ocurriendo.
—Qué lástima, al parecer no soy tan fuerte como para poder continuar cortando el pequeño hueso de tu dedo con el serrucho, así que, dime, ¿te lo taladro o te lo rompo? —Le dijo Vanessa mientras retiraba el serrucho del dedo de Ernesto. Con fuerzas jaló el serrucho hacia arriba y retiró la hoja metálica, dejando la mitad del dedo colgando sobre el aire, únicamente siendo sujetado por un pequeño pedazo de hueso. Ella se dio la vuelta y caminó hacia el sofá.
—Por favor, ya te lo dije, lo hice porque así querías que ocurriese, solo hice lo que tú deseabas —Le suplicó él mientras observaba con horror como su dedo sangraba.
—Yo no deseaba que muriesen, yo no deseaba que la única persona que me había amado tanto resultase ser un asesino... yo no deseaba que otra muerte se fuese a dar en esta misma casa, pero no se me ha dado otra opción, tienes que pagar por lo que hiciste. Por cierto, te hice una pregunta, ¿te taladro el dedo o te lo rompo usando el martillo? —Le explicó Vanessa mientras regresaba con un martillo en una mano y un taladro eléctrico en la otra.
—¡Ninguno! —Le contestó él.
—¡Perfecto!, usaré ambos. Más diversión para mí —Vanessa dejó el martillo en el suelo, y tan pronto como estuvo parada de nuevo encendió el taladro, que de inmediato comenzó a hacer girar la punta de acero. Llevó el taladro al dedo, y justo antes de donde había comenzado a cortar con el serrucho colocó la punta del taladro. Sangre salpicaba hacia todos lados mientras la punta metálica le perforaba el dedo, algunos trozos de piel y carne salían disparados, todo esto mientras él gritaba de dolor e intentaba no prestar atención a lo que estaba ocurriendo.
La
punta del taladro pasó al otro extremo de dedo, y cuando lo hizo,
Vanessa miró con alegría, de inmediato sacó el taladro, lo puso en
el suelo y tomó el martillo.
—¿Preparado? —Preguntó Vanessa. Tenía una enorme sonrisa en su rostro, estaba disfrutando de lo que le estaba haciendo y de lo que le estaba por hacer. Alzó el martillo en el aire y luego lo dejó caer con todas sus fuerzas, golpeando directamente el dedo. Sangre fue salpicada hacia todos lados cuando la cabeza del martillo destrozó la base del dedo, dejando tan solo algunos pedazos de piel y carne que lo mantenían unido junto con el resto de la mano. Él solo gritaba de dolor y de horror, quería que se detuviese, pero eso solo era el principio.
Siguiente parte
—¿Preparado? —Preguntó Vanessa. Tenía una enorme sonrisa en su rostro, estaba disfrutando de lo que le estaba haciendo y de lo que le estaba por hacer. Alzó el martillo en el aire y luego lo dejó caer con todas sus fuerzas, golpeando directamente el dedo. Sangre fue salpicada hacia todos lados cuando la cabeza del martillo destrozó la base del dedo, dejando tan solo algunos pedazos de piel y carne que lo mantenían unido junto con el resto de la mano. Él solo gritaba de dolor y de horror, quería que se detuviese, pero eso solo era el principio.
Siguiente parte
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