15 may 2014

Pequeñas Princesas: Tragedias, Segunda lágrima Parte 8/15

"— ... a nuestro padre le gusta el olor del chocolate... "

Los tres salieron del edificio, se sentían satisfechos con lo que habían hecho, y esperaban con asías la llegada del viernes, que era cuando tendrían su siguiente cita. Ninguno había pensado que llovería por lo que no se llevaron paraguas ni nada con qué cubrirse de la lluvia. Estuvieron varios minutos esperando en la puerta a ver si la lluvia cesaba o al menos dejaba de caer con tanta fuerza, pero para su suerte no fue así, y incluso comenzó a caer granizo. Pasaron otros diez minutos, y mientras miraban por las ventanas veían salir personas del edificio, algunas con bolsas rodeando sus pertenencias mas preciadas, y otras con la suficiente suerte como para haber llevado un paraguas en ese día tan particular. Poco a poco Vanessa comenzó a desesperarse, se notaba porque no dejaba de hacer ruidos con su pie, jugaba con sus manos y continuamente miraba el reloj de su celular y el reloj que había en uno de los muros cerca de ellos. La desesperación fue tan grande que en un impulso, guardó su celular dentro de su pantalón para protegerlo de la lluvia, se acercó a las puertas y las abrió. Una fuerte brisa la golpeó al momento de abrir las puertas, era fría, muy fría, y además, era tan fuerte que lanzaba gotas de lluvia en su dirección, pronto su ropa comenzó a empaparse. Ella miró a sus padres, quien supieron de inmediato lo que ella estaba por hacer, sabiendo que si esperaban más terminarían igual que ella, decidieron ir con ella y se prepararon para salir de allí corriendo, cuando estuvieron listos se pararon a un lado de ella. Segundos después Vanessa salió corriendo, y detrás de ella sus padres.
Mientras corrían Vanessa recordó lo peligroso que era bajar las escaleras mientras llovía, por lo que decidió optar bajar por la rampa para discapacitados en lugar de usar las escaleras, sus padres la siguieron y también bajaron por allí. El agua era fría, y no solo era eso, el suelo donde pisaban estaba resbaloso, tenían miedo de pisar mal y terminar tirados en el piso, pero aún así querían seguir adelante. Mientras corrían hacia el camino que los llevaría al estacionamiento, Vanessa sintió que la observaban, miró hacia el edificio, y pudo ver a una silueta parada frente a una de las ventanas, era el consultorio de Rosa, ¿Era Rosa quien los observaba? No lo sabía. La silueta se retiró segundos después de la ventana dejando a Vanessa muy extrañada. Los tres llegaron al auto, el padre de Vanessa metió tan pronto como pudo las llaves en el auto y le abrió las puertas a las otras dos quienes de inmediato se metieron y se refugiaron de la lluvia y el frío.
—¡Lo hicimos! —Dijo la madre de Vanessa emocionada.
—Claro que lo hicimos —Dijo su padre.
Vanessa no respondió, lo que llamó la atención de ambos, cuando la miraron, se encontraron con una expresión de incertidumbre marcada en el rostro de Vanessa. Ella seguía pensando en la silueta que había visto en la ventana, podía ser Rosa o alguno de sus otros pacientes, si fuese un paciente estaría un poco más aliviada ya que sería un desconocido, pero si fuese Rosa estaría preocupada y muy interesada en saber porqué fue que se les quedó viendo. Se dio cuenta de que probablemente sus pensamientos la habían alejado de nuevo de la realidad, poco a poco llevó su atención de vuelta y cuando lo hizo se encontró con las miradas preocupadas de sus padres.
—No es nada, no se preocupen —Dijo ella al no saber qué más decir.
Sus padres sonrieron, pero no fue una sonrisa de alegría o emoción, fue una sonrisa de duda, casi una nerviosa. Se dieron la vuelta y miraron hacia el frente, dejando a Vanessa en paz, el padre encendió el auto y pronto estuvieron en camino de vuelta a su casa. Pasaron a un lado de la casa abandonada, de inmediato recordó que Erika y Sofía iban a estar trabajando en el jardín y probablemente la lluvia las obligó a encerrarse dentro de la casa. Vanessa quiso saltar del auto y correr a ver si ellas seguían dentro, pero sería muy extraño que hiciese eso, y derrumbaría por completo la fachada que habían mantenido por años. Esperó a que llegaran a la casa, bajó del auto y corrió a su habitación. Se cambió de ropa tan pronto como pudo, tomó un paraguas y salió de la casa por la puerta trasera. Corrió hacia la valla y cruzó al otro lado. Su ropa se llenó de un poco de lodo, pero no le importó. Mientras corría a la casa vio en el jardín algunas bolsas con plantas y hierbas dentro, sabía perfectamente que Sofía y Erika habían trabajado allí. Se acercó a la puerta, y mientras la abría un fuerte rechinido se escuchó por toda la casa. Vanessa entró, no escuchó ruidos, pero eso no la hizo dejar de pensar en que las otras dos princesas podrían estar aún en la casa. Cerró la puerta detrás de ella y caminó a la sala.
—¿Hay alguien? —Preguntó ella. No recibió respuesta y continuó caminando. Llegó a la sala, en donde usualmente podía encontrarlas, pero esta vez no encontró nada, solo silencio y una habitación vacía. Escuchó ruidos viniendo del piso superior, de inmediato tomó un cuchillo de la cocina y subió sigilosamente por las escaleras. Conforme subía escuchaba como las voces se hacían más fuertes, se acercó a una de las habitaciones y logró ver por debajo de la puerta una luz que brillaba dentro de la habitación. Se acercó y escuchó con atención lo ruidos en el interior, una risa se escuchó, de inmediato Vanessa supo que era la risa de Erika. Lentamente abrió la puerta empujándola con las yemas de sus dedos, y cuando esta estuvo lo suficientemente abierta vio a Erika y a Sofía acostadas en la cama mirando la televisión desde allí.
—¡Vanessa! —Dijo Erika cuando vio a Vanessa frente a la puerta.
—¿Qué hacen aquí? —Preguntó Vanessa al verlas.
—¿Ni un “hola” y mucho menos un “cómo estamos”? Qué mala amiga eres —Se burló Sofía, quien se movió un poco debajo de las cobijas.
—Lo sé, perdón. Ahí va de nuevo. Hola, ¿cómo están, qué hacen aquí en esta tarde de lluvia?
—Cuando salimos de la preparatoria nos dirigimos aquí y nos pusimos a trabajar en e jardín. Cortamos un montón de hierbas y remojamos aún más la tierra, tal vez para mañana podamos sacar las enorme raíces que hay por todo el jardín. No sabíamos que llovería así que no trajimos paraguas ni nada con qué cubrirnos; cuando comenzó a llover estábamos tan entretenidas cortando arbustos y ramas que nos agarró por completo el agua, entramos tan pronto como guardamos las herramientas, nos secamos y nos cambiamos de ropa y nos encerramos aquí para mantenernos calientes —Le explicó Sofía.
—No me respondieron cómo están —Dijo Vanessa.
—Bien, gracias por preocuparte —Le contestó Erika.
—Oye, por cierto, ¿cómo te fue? —Preguntó Sofía llena de curiosidad.
—Sí, cuéntanos todo lo que pasó.
—Está bien —Vanessa caminó a la cama y se sentó en el borde de la cama, las otras dos princesas se movieron de lugar y terminaron sentadas a un lado de Vanessa, cubriéndola por ambos lados —Conocimos a nuestra terapeuta, Rosa, y lo primero que hizo fue preguntarnos sobre el problema que nos había llevado allí...
Vanessa comenzó a relatar lo ocurrido. No se le escapó ningún detalle de lo ocurrido, les dijo todo como ocurrió. Les habló de como su madre decidió hablar frente a ellos, de como Rosa los había felicitado por haber decidido enfrentar sus problemas, y de cómo ella llegó a interactuar con su padre.
—¿Es todo eso cierto? ¡Felicidades Vanessa! —Le dijo Sofía quien la abrazó.
—No es para tanto, además, aún faltan muchas sesiones más. No podemos celebrar aún —Le dijo Vanessa mientras se soltaba del abrazo que Sofía le había dado.
—En realidad sí es algo para celebrar. Puede que no quieras celebrar aún el hecho de ir con una terapeuta, pero puedes celebrar el hecho de que tu relación con tu padre ha mejorado en tan solo tres días. Pasaron de gritarse a abrazarse y llorar en los hombros del otro —Le explicó Erika, quien también decidió abrazar a Vanessa.
—¡Suéltenme! —Les gritó Vanessa. Las otras dos princesas simplemente se rieron y la abrazaron con más fuerza.
—¡No! —Le contestó Sofía —Te mereces estos abrazos y mucho más.
Continuaron abrazándola por varios segundos más antes de que unas cuantas lágrimas comenzaran a correr por el rostro de Vanessa. Ambas princesas, en cuanto vieron las lágrimas la soltaron y miraron con preocupación a Vanessa.
—¿Qué tienes? No me digas que te hicimos llorar —Dijo Sofía llena de preocupación.
—Lo lamento tanto, no era nuestra intención que pasara esto —Le dijo Erika llena de remordimiento, quien bajó de la cama y fue a hincarse frente a Vanessa para verla con más detalle.
La expresión de Vanessa era una de tristeza, sus ojos estaban cristalinos y las lágrimas no dejaban de correr por sus mejillas. Su mirada estaba hacia abajo, mirando sus pies, parecía como si estuviese tratando de ocultar sus lágrimas. Se podía sentir la tristeza que rodeaba a Vanessa.
—Dinos algo, ¿acaso fuimos nosotras quienes te hicimos llorar? —Le dijo Sofía.
—Llegué hasta aquí gracias a ustedes —Dijo Vanessa mientras lloraba —Si no hubiese sido por ustedes, nunca habría vuelto a abrazar a mi padre, nunca habría tenido una conversación con él... nunca habría pasado por esta gran felicidad —Explicó ella, mientras lo hacía, se pasaba la manga de su suéter sobre sus ojos, secándose así las lágrimas.
—Pero, ¿por qué estás triste? Esto debería ser algo alegre.
—Porque recordé todos los años que pasé sin hablarle, sin abrazarlo, sin estar con él, sin tener ni una interacción, y además, los días en que discutíamos, nos gritábamos...
—Vanessa, me dijiste esto ayer, y yo te lo repito: No pienses en las cosas malas, piensa en las buenas. Piensa en lo que pasarás con él de aquí en adelante, todas las cosas que vivirán como padre e hija, la felicidad que te espera en el futuro, y deja atrás la tristeza y los recuerdos negativos —Le dijo Erika mientras se levantaba y la abrazaba. Vanessa había dejado de llorar, pero cuando Erika terminó de hablar ella volvió a llorar —Te volví a hacer llorar, perdón.
—Sí, pero te lo agradezco, y no, no te preocupes, estas son lágrimas de alegría. Gracias por hacerme recordar lo que debía de hacer.
—Para eso están las amigas —Le finalizó Erika quien se sentó a su lado y comenzó a acariciarle el cabello. Sofía tomó un par de pañuelos y se los llevó a Vanessa.
—Sabes bien, que al igual que tú, nosotras estaremos a tu lado, en todo momento, cuando lo necesites y cuando menos lo esperes, cuando quieras y cuando no.
Vanessa continuó llorando por un par de segundos más, una última vez se pasó la manga de su suéter sobre su rostro, secando así las últimas lágrimas. Miró a las otras princesas con una sonrisa.
—¿Qué van a hacer cuando se haga más tarde? —Preguntó Vanessa.
—¿Por qué preguntas? —Le dijo Erika.
—Bueno, no traen paraguas ni nada con qué cubrirse, y no parece que vaya a dejar de llover muy pronto —Le contestó ella.
—Nos quedaremos aquí. ¿No hay problema cierto? —Le dijo Sofía.
—Por mí no hay problema, pero tal vez lo haya con tu padre.
—Le diremos que pasaremos la noche en tu casa.
—Tiene sentido. Bueno, ¿necesitan algo de la casa?
—No lo creo, hay suficiente comida y... —Dijo Sofía antes de que Erika interrumpiera.
—Hay algo que me he dado cuenta, tu siempre piensas primero en la comida y luego en todo lo demás —Le dijo Erika a Sofía.
—Discúlpame por querer tanto la comida dulce y la comida frita —Le contestó ella.
—A mí me gustaría poder comer todo eso sin terminar hinchada como pelota —Dijo Vanessa.
—No eres la única —Dijo Erika.
—¿No comes dulces ni comida chatarra? —Le preguntó Sofía a Erika.
—¿Acaso me has visto hacerlo? Si lo hago termino como dijo Vanessa, hinchada. Mi metabolismo es muy lento, así que con comer una rebanada de pastel, galletas e incluso un pan dulce me hincharé un poco. Y no me digas que tú también no comes dulces ni pasteles, te he visto comer muchas cosas, incluso creo haberte visto comer un día un pastel completo...
—¿Estabas allí? Cielos, creí que nadie me había visto —Dijo Sofía quien miró con vergüenza hacia Erika.
—¿¡Es cierto!? —Preguntó Vanessa sorprendida.
—Oh mierda —Dijo Sofía cuando se dio cuenta que les había terminado de afirmar el rumor.
Las dos se pusieron a reír mientras Sofía se escondía entre las cobijas llena de vergüenza y avergonzada.
—No te preocupes, algún día te contaremos por accidente algún secreto vergonzoso que tengamos —Le dijo Vanessa aún riéndose.
Vanessa estaba acostada en medio de ambas princesas, Sofía a su derecha y Erika a su izquierda. Las tres veían una película en la televisión, era una comedia romántica, no era algo que les atrajera mucho, pero de acuerdo a las palabras de Sofía, si cambiaban de canal solo encontrarían pornografía, comedias estúpidas y programas infantiles. Sobre el estómago de Vanessa había una bandeja con palomitas en un recipiente y salsa en un frasco, las dos llevaban sus manos hasta allí y tomaban palomitas, a Vanessa no le importaba, además, era algo que seguido hacían cuando se quedaban en esa casa hasta muy tarde. Había pasado ya una hora desde que Vanessa había ido a la casa, la lluvia aún no se detenía y cada vez hacía más frío. Vanessa por accidente miró el reloj de su celular, y cuando lo hizo de inmediato se sorprendió.
—Rayos, me tengo que ir.
—¿Tan pronto? —Preguntó Sofía.
—Llegué hace una hora... No importa. Sí, no le dije a nadie a donde iba, así que deberían de creer que estoy en mi habitación, y si no doy señales de vida sabrán que no estoy dentro y todo se complicará y...
—Sí, sí. Ya ve, nosotras estaremos aquí toda la noche por si nos necesitas —Le dijo Sofía. Vanessa brincó de la cama con la bandeja en su manos y miró a las dos princesas quienes seguían recostadas en la cama.
—Gracias, las veré mañana —Le dijo Vanessa mientras ponía la bandeja sobre la cama y salía corriendo de la habitación —¡No te olvides de hablarle a tu padre! —Dijo ella mientras cerraba la puerta detrás de ella.
Vanessa bajó al primer piso, corrió hacia la puerta trasera, tomó el paraguas que había dejado a un lado de la puerta, lo abrió y salió de la casa. Se dirigió a la valla y la cruzó, cuando estuvo del otro lado, en su jardín, corrió a la puerta y entró por ella. Para su suerte nadie la vio entrar y tampoco la vieron caminar a las escaleras. Podía sentirse un aroma a carne, arroz y a otras cosas, la cena estaba lista y muy probablemente la habían ido a buscar, y al no contestar, comenzaron a comer sin ella. Logró escabullirse y llegó hasta arriba de las escaleras, cuando estuvo allí miró hacia todos lados, escuchó ruidos en el comedor, debía de ser su familia que comía. Tan pronto como supo que los cuatro estaban en el comedor corrió a su habitación y se encerró. Lo primero que vio fue a su muñeca recostada en la cama.
—¿Dónde estaba? Con Erika y Sofía en la casa de al lado —Dijo Vanessa mientras caminaba a la cama —No me veas así, recordé que ellas habían pasado la tarde en el jardín y bueno, con la lluvia pensé que se habían empapado, pero no fue así, las dos estaban en la cama viendo la televisión... Sí, ya sé, te prometí decirte a ti primero como me fue, y no, no les dije nada muy importante, aunque eso sí, lloré... No te preocupes, fueron lágrimas de tristeza y luego de alegría todo gracias a tenerlas a mi lado... Ya voy, ya voy, no te desesperes, déjame voy a buscar algo de comer que me muero de hambre y regreso en unos minutos para platicar.
Vanessa salió de la habitación, se dirigió a las escaleras, bajó por ellas y luego se dirigió a la cocina, allí se encontró a uno de sus hermanos.
—Qué sorpresa que hayas decidido bajar —Dijo él mientras tomaba un plato lleno de chuletas que estaba a un lado de la estufa.
—Tengo un montón de trabajo, ya sabes, estamos a un par de meses de entrar a la universidad.
—No puedo decir que te entiendo, pero te entiendo. Estamos igual con el hecho de que vamos a entrar a preparatoria el siguiente año. Hay exámenes, trabajos, proyectos y otras cosas, y nos repiten a cada segundo “Pronto entrarán a la preparatoria, así que tienen que echarle muchas ganas para tener un lugar en alguna de ellas”. Una y otra vez nos repiten lo mismo... —Dijo él antes de que llegara la madre de ambos y lo interrumpiera.
—Apoyo a esos maestros, los estudiantes deben de echarle cuantas ganas puedan para poder conseguir un lugar en una preparatoria, y en tu caso, en una universidad.
—Mamá, no le digas eso, y tampoco a mí. Sabes que si nos presionan haremos peor las cosas
—Pero si pueden hacer un montón de proyectos y trabajos con un par de días como límite, ¿no?
—Sí. Es más fácil y sencillo. Claro, si a cada rato nos repiten que debemos de entregarlo más nos molestamos, pero si se quedan callados y solo nos lo repiten un par de veces entonces no hay problema alguno —Le explicó el niño.
—Eso tiene sentido. Oye, Vanessa, ¿te vas a quedar a cenar?
—De hecho vine por comida, tengo un montón de cosas que hacer así que pensaba cenar en mi habitación —Contestó ella mientras miraba con antojo las chuletas que había en el plato que su hermano sujetaba.
—Oh, bueno, no importa si es por la escuela. Bueno, me regreso al comedor, toma lo que quieras, si quieres algo más no dudes en decirle a tu padre o a mí —Dijo ella mientras se daba la vuelta y salía de la cocina.
—Oye, por cierto, ¿cómo les fue? —Preguntó el niño.
—¿Acaso mis padres no te han dicho nada? —Le preguntó Vanessa.
—No, creo que quieren esperar un poco antes de decirnos todo.
—Bueno, te puedo decir algo... a nuestro padre le gusta el olor del chocolate —Le susurró Vanessa.
—Espera, ¿qué?
Mientras su hermano seguía tratando de comprender lo que le había dicho, ella tomaba un plato y tomaba una de las chuletas del plato, tomó algo de ensalada y un puño de arroz, todo antes de que su hermano volviese a hablar.
—Espera, ¿a dónde vas? —Preguntó él mientras la veía alejarse con un plato lleno de comida.
—Ya me voy a mi habitación, tengo hambre y muchas cosas de la escuela por hacer —Le contestó ella mientras salía de la cocina. Su hermano no habló más y segundos después de que ella había salido de la cocina él también salió y se dirigió al comedor. Ella se quedó parada allí por varios segundos, luego decidió ir a darse una vuelta al comedor. Cuando entró al comedor, todos la vieron sorprendidos.
—¿Vas a cenar con nosotros? —Preguntó el otro hermano.
—No, tengo muchas cosas que hacer así que esta noche cenaré en mi habitación —Contestó ella.
—Ah, bueno, espero que te vaya bien —Añadió el niño. Vanessa miró a su padre, quien también la miraba a ella.
—Algún día de estos me gustaría poder pasar todo un día contigo Vanessa.
—A mí también me gustaría papá, me gustaría mucho —Le dijo Vanessa —Bueno, me tengo que ir, los dejo comiendo.
Vanessa se dio la vuelta y salió del comedor, los dos niños se quedaron observando a su padre, quien tenía una sonrisa en su rostro. Vanessa subió a su habitación llevando consigo su plato con comida, cuando abrió la puerta, una vez más, lo primero que vio fue su muñeca. Colocó el plato sobre su cama, y ella se sentó a un lado de este, tomó a su muñeca y la sentó en la cómoda frente a ella. La muñeca estaba viéndola desde el mueble.
—Bueno, tengo comida, así que podemos empezar. Haz tus preguntas que no tengo idea de con qué empezar —Dijo Vanessa mientras tomaba algo de la ensalada con un tenedor y se la llevaba a la boca. Cuando Vanessa terminó el bocado habló —Bueno, el terapeuta resultó ser una mujer, Rosa, parece muy amable, tal vez lo es, tal vez no, pero debo decirte que es bastante relajante estar en su consultorio... No, bueno sí. Primero nos preguntó sobre nuestros problemas y luego sobre nuestras vidas, yo no alcancé a decirle nada porque se nos acabó el tiempo, así que lo haré el viernes. Mamá y papá sí alcanzaron, aunque creo que no terminó con mi padre... Sí, creí que nos analizaría y nos diría un montón de mierda como siempre lo hacen en las películas “¿Y cómo te hace sentir eso?” No, ella no dijo nada como eso, bueno, tal vez fue por el hecho de que fuimos libros abiertos ante sus ojos, era difícil no darse cuenta de nuestras emociones estando allí... No, claro que no lloramos, no en ese momento. Yo sí quería, estaba triste por no haber pasado más tiempo con él, estaba recordando todos los momentos que pudimos haber estado juntos y yo terminé arruinándolos... Ya lo sé, no debo de pensar en eso, Erika y Sofía me lo recordaron hace menos de una hora... Sí, por eso fue que lloré, por lo mismo. Realmente me hace sentir mal lo que pasó, y sí, debo de dejar de pensar en ello, pero no quiero, el dolor es parte de nuestras vidas, debemos de aprender a vivir con él, además, el dolor es lo único que nos permite saber que estamos vivos... ¡Ya lo sé! —Gritó ella en respuesta a algo que la muñeca dijo — “Lo único que estás haciendo es meterte el dedo en tu herida y jugar con ella como si estuvieses tratando de sacar algo de ella” —Repitió lo mismo que la muñeca con un tono burlesco —Bueno, ahora que lo dices, es cierto. En vez de estar haciendo eso puedo esperar a que sea una simple cicatriz, para que cada vez que la vea únicamente recuerde esto en lugar de estarlo viviendo de nuevo... Si tan solo me permitieras que Erika y Sofía te conocieran... No me regañes, pero en realidad quiero que alguna vez se conozcan. Las tres son mis mejores amigas, y con la sabiduría de todas juntas podríamos ayudarnos siempre en cualquier situación... No, me refiero a muchas más cosas. Tú me das consejos a mí, y me gustaría mucho que también les dieses consejos a ellas, ya que, debo de decirte, que tus consejos son invaluables, son increíbles y me han ayudado mucho... Tus consejos no solo pueden ayudarme a mí, también pueden ayudarlas a ellas... Ya lo sé “Solo yo puedo saber que hablas” Pero, ¿no puedes hacer una excepción por ellas?... ¿no?, ¿acaso el mundo acabará si lo haces?... Eres muy dramática, ¿lo sabías? No importa si no quieres, quiero que sepas que realmente me gustaría que se conocieran, tendría a mis mejores amigas juntas, y eso me haría aún más feliz. Y no, no dejaré de pensar en eso, ya que es un sueño que me gustaría que se hiciese realidad. Oh cierto, te estaba hablando de la cita con Rosa, bueno eh, como dije antes, lanza haz tus preguntas.
Vanessa esperaba unos cuantos segundos, escuchando así las palabras de la muñeca, luego hablaba. Le relató a la muñeca su cita con Rosa. Le dio todos los detalles, como siempre lo hacía. A pesar de que la muñeca simplemente estaba allí, sentada sobre la cómoda, sin moverse, como una muñeca de plástico normal debía de hacerlo, Vanessa hablaba con ella como si fuese un ser humano cualquiera, siempre era así, y en ningún momento había sido diferente. Mientras le narraba su tarde, Vanessa tomaba algo de la comida en el plato, lo primero que se terminó fue el arroz, luego la ensalada, y al final, la chuleta, dejando en el plato únicamente el hueso de la carne y algunos pequeños granos de arroz. Colocó el plato sobre su mueble de noche y prosiguió a narrarle a la muñeca...
—Eso fue todo. El viernes, estoy muy segura que habrá más cosas, tal vez, hasta comencemos a tener nuestras terapias familiares como deben de ser, aunque no tengo mucha esperanza de ello, tal vez lo hagamos hasta el lunes o hasta el siguiente miércoles. ¿”Masoquista”? Tal vez, sí, me gusta llorar, y me hace sentir bien el hacerlo, me... ¿cómo decirlo...? Me libera. ¡Sí, eso es! Me libera. Cállate, si como mínimo no te diera miedo salir a las calles sabrías con más detalle como es el humano común. Ya lo sé “Solo yo puedo hablar contigo” ¿No?... Ya me lo suponía. Me gustaría saber exactamente esa razón por la cuál no hablas con nadie más, de hecho, me gustaría saber la razón por la cual nadie de mi familia o alguna de ellas han descubierto que hablas. Me parece muy extraño que a pesar de que a veces me gritas nadie se dé cuenta o le parezca extraño... ¿“No es asunto mío”? Como digas... De igual forma, no puedo cuestionar a aquello que ha hecho mi vida feliz... ¿Drogas, quién rayos habló de drogas?... Oh, ya. Las drogas hacen felices a las personas, ¿no? Pues lo hacen temporalmente pero luego se las arruina, tú, en tu caso, eres algo duradero que estará a mi lado hasta el final, y además no terminarás por arruinar mi vida, ¿no es así?... ¡Ha! Por fin te he enseñado algo —Vanessa se dejó caer en la cama, y estando recostada en ella siguió hablando —Lo dije antes y lo volveré a decir: Me gustaría que alguna vez conocieras a Erika y a Sofía. Es un sueño, lo sé, puede que nunca ocurra, pero al menos puedo tener un poco de esperanza de que así sea. Ahora que me acuerdo, sí tengo tarea que hacer. Bueno, te dejo descansar un rato allí mientras hago mi tarea, probablemente cuando termine ya sea muy tarde, así que te tomaré y te llevaré a la cama, ¿está bien? ¡Perfecto! —Vanessa se levantó de la cama y caminó a su escritorio, encendió su computadora y comenzó a sacar varias libretas —Mierda, realmente hoy estuve desaparecida de la realidad, no puedo entender nada de lo que escribí durante las clases... —Se dijo Vanessa a sí misma. Mientras veía sus notas jugaba con su cabello, haciendo pequeños chinos con este.
Miraba al monitor de la computadora, escribía algo en el teclado y luego miraba de vuelta a su libreta, segundos después regresaba a mirar el monitor y se quedaba varios minutos leyendo, luego comenzaba a anotar cosas en su libreta. Repitió esto varias veces con diferentes libretas. La muñeca seguía sentada sobre la cómoda, mirando a Vanessa desde allí, no se movía, estaba quieta, estaba exactamente como Vanessa la había dejado, parecía ser una muñeca normal, excepto por el hecho de que su vestido había sido creado con partes de otros, su cuerpo había sido destazado y armado desde cero, y su cabello no era de un solo tipo, no, era de varios diferentes tipos de cabellos de muchas diferentes muñecas, dejando a un lado eso, la muñeca parecía ser eso, una simple muñeca, y si no fuese por el hecho de que la Vanessa hablaba con ella fácilmente podía confundirse con otras muñecas. La noche cayó, Vanessa bostezaba de vez en cuando, aún seguía lloviendo afuera y hacía frío, en un momento, Vanessa dejó sus cuadernos sobre el escritorio, se levantó de la silla y se estiró, luego miró el reloj a un lado de la muñeca y se impresionó. No eran ni las diez de la noche y ya había terminado su tarea, además de que claro, tenía sueño y quería irse a dormir. Casi siempre se quedaba hasta las doce o una de la mañana, pero las emociones, la lluvia y el frío la habían cansado antes de tiempo. Apagó su computadora, metió sus libretas en su mochila y luego fue a tomar a la muñeca. La sujetó con mucho cuidado, acariciándole el cabello mientras la llevaba a la cama, incluso le quitó las zapatillas, dejándola descalza. La colocó a un lado de la cama, exactamente al borde de su almohada, estando allí, Vanessa prosiguió a meterse en las cobijas con mucho cuidado, evitando mover a la muñeca de su lugar. Cuando estuvo debajo de las cobijas, se acomodó, quedando recostada sobre uno de sus hombros viendo hacia la muñeca.
—Que descanses —Dijo Vanessa mientras ponía una de sus manos sobre la muñeca y lentamente la acercaba hacia ella. Minutos después, Vanessa cayó dormida.
Llegó el viernes, Vanessa estaba un poco menos emocionada y preocupada que como lo estaba el miércoles. El día pasó rápidamente, y fue mucho mejor que la última vez. Su mente no estaba por las nubes, había prestado atención a las clases y había dejado de pensar durante todo el día sobre lo que pasaría durante la tarde. Durante receso se juntó con las otras dos princesas. Sofía había llevado un libro de jardinería, eran cosas básicas, pero eran cosas que las tres debían de aprender. Las clases continuaron, llegando de nuevo a la última clase del día, que como todos los viernes, era la clase de física. La rutina que ella y sus amigas habían hecho el miércoles se repitió, el profesor las felicitó, en especial a Vanessa, quien una vez más se había esforzado para poder seguir el paso de sus amigas, e incluso superarlas. Cuando la clase terminó se dirigió a su casa tan pronto como pudo, despidiéndose de sus amigas, y mientras empujaba a otros estudiantes para poder salir de la preparatoria, también se despidió de Erika y de Sofía, quienes esperaban en el pasillo a que el resto de los alumnos saliera. Vanessa logró salir, y una vez que lo hizo comenzó a correr, mientras hacía esto, se acomodaba su ropa que luego de haber pasado entre la multitud se había desacomodado. Enormes nubes en el cielo advertían de una fuerte lluvia que habría durante la tarde, probablemente incluso antes de que ella junto con sus padres llegaran al centro médico para continuar su terapia con Rosa. No tenía idea de porqué corría, e ignorante de la razón de esto seguía corriendo. De vez en cuando miraba al cielo, dejando que la brisa golpeara su cabello y lo moviese; las nubes, a pesar de ser tan grandes, se movían rápidamente, todas moviéndose en la misma dirección, y juntándose unas con otras, formando así una gigantesca nube, de un tono azul pero muy oscuro. Mientras Vanessa veía como la nube crecía de tamaño, sabía perfectamente que la tormenta de esa tarde sería la primer gran tormenta del año.
Algunas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer sobre sus mejillas, cuando ella miró una última vez hacia el cielo, pudo ver que la gran nube de tormenta había crecido lo suficiente como para llegar hasta donde ella estaba y mucho más lejos, cubriendo todo el cielo detrás de ella y una gran parte del cielo frente a ella. Las tiendas comenzaron a cerrar conforme las gotas comenzaron a caer con más frecuencia, y pronto la gran mayoría de los negocios habían cerrado, solo algunas tiendas quedaron abiertas. Vanessa sacó un paraguas de su mochila y de inmediato lo abrió, siguió corriendo a pesar de que la lluvia poco a poco se hacía más intensa, parecía que nada la detendría. Poco a poco su ropa comenzó a empaparse a pesar de que llevaba el paraguas consigo. Corría sobre los charcos de agua que se habían formado en el piso, al principio no lo había hecho, incluso los había evitado, pero cuando los autos comenzaron a lanzarle agua mientras pasaban por las calles, a ella dejó de importarle y decidió pasar sobre ellos como si nada fuese a pasar. Tras haber estado corriendo por casi media hora, por fin había llegado a su casa. Se acercó a la puerta escurriendo agua, temblaba de frío, y lo único que la hacía seguir adelante era que una vez dentro no tendría que salir hasta dentro de varias horas. Sacó las llaves de su mochila, las usó para abrir la puerta y luego las sacó, con las yemas de sus dedos empujó la puerta con mucha delicadeza, como si se tratara de algo muy frágil, pero no era porque estaba siendo cuidadosa con la puerta, no, era porque sus manos se le habían entumecido y apenas las podía mover. Su madre la recibió con un par de toallas, de inmediato le quitó la chamarra y la hizo quitarse los tenis y los calcetines.
—Veo que te agarró la lluvia —Dijo la madre de Vanessa mientras le secaba el cabello. Vanessa no contestó, y de inmediato ella se dio cuenta de que la burla que había hecho no había sido de su agrado —Listo, ahora vete a cambiar antes de que te pongas más fría. ¡Ah, y te cubres para que no te enfermes!
Vanessa, con sus ropas aún escurriendo subió hasta su habitación, allí se desvistió y de inmediato se secó el cuerpo, luego se volvió a cubrir, cuando vio que la muñeca estaba viendo en su dirección se sonrojó y se dio la vuelta, ocultándose de su mirada.
—¡No, no pienso darme la vuelta! ¡Tú hazlo! —Le gritó Vanessa a la muñeca con mucha vergüenza —Cállate, no lo haré. Si no dejo que ni Erika ni Sofía me vean, no creo que también te deje ver a ti... ¡Deja de verme! —Vanessa se cubrió su espalda con una camisa, cubriendo también su ropa interior —Claro que me da vergüenza, mi cuerpo es... no es horrendo, pero no me gusta, no me agrada lo que veo cada vez que me miro al espejo. Me gustaría estar un poco más delgada, bajar un par de tallas... Realmente aprecio esas palabras, pero ni así te dejaré ver... Sí, en eso tienes razón, alguien debería de verme y juzgar si debo o no debo de sentirme mal por mi cuerpo, pero, tengo miedo de que me juzguen de más y me llamen gorda, y no quiero que me llamen así... ¿Crees que debería de decirle esto a Rosa?... ¿En serio? Bueno, es un problema que tengo, y, bueno, para eso acudimos a ella, para que nos ayudara. Sí, le diré... ¡No, no te dejaré ver, deja de estar preguntando! —Vanessa terminó de hablar, y mientras con su mano derecha sujetaba la camisa ocultando así su ropa interior y parte de su espalda, con la mano izquierda tomó la ropa que había sacado de varios de sus cajones y corrió al armario, allí se puso la ropa seca y en segundos estuvo fuera del armario —Ya no puedes ver nada porque estoy cubierta —Se burló Vanessa —Oye, eso es grosero, pero te lo paso.
Vanessa se acercó a la muñeca, caminó a un lado de su uniforme mojado, un charco de agua se había formado alrededor de este. Llegó a la cama, en donde la muñeca yacía sentada sobre su almohada, se sentó a un lado de esta y la sujetó con sus manos. Le acarició repetidamente su cabello, y mientras lo hacía, miraba las costuras que había en el vestido, las pequeñas marcas de que un hilo había unido las diferentes telas creando un vestido con ellas. Llevó a la muñeca hasta su pecho, y allí la abrazó, acercando tanto su pecho como la muñeca entre sí.
—Sabes, no he usado la máquina en varias semanas, sería buena idea que le quitara el polvo de encima y me pusiese a trabajar —Dijo Vanessa mientras alejaba a la muñeca de ella y la colocaba de vuelta en la cama.
Tomó la ropa del suelo, evitando pisar el agua que había quedado en el suelo, salió de la habitación, y mientras llevaba la ropa al cesto, notó que aún había agua escurriendo de la ropa. Llevó la ropa al primer piso, fue a la lavadora y arrojó la ropa aún escurriendo dentro de ella, luego fue a la cocina y tomó el mechudo para secar el rastro de agua que había dejado. Cuando terminó de secar el agua en las escaleras y en el pasillo prosiguió ha hacerlo con el agua que había quedado en su habitación, una vez que había terminado caminó hacia el mueble frente a su ventana, había algo encima de este cubierto por una pequeña tela, jaló la tela, arrojándola a un lado del mueble, descubriendo así una máquina de coser. Pasó su mano por ella, tocando las piezas de metal que la conformaban, sintiendo en sus dedos la textura conocida que esta tenía. Llevó sus manos a la aguja, había un pequeño hilo aún puesto en ella, y al llevar sus dedos por el hilo terminó en un carrete que sujetaba el pequeño hilo amarillo. Abrió un cajón debajo de la máquina de coser, había más carretes, tijeras, agujas, trozos de telas.
—Qué olor tan reconfortante —Dijo Vanessa mientras llevaba varios carretes y un par de tijeras a un lado de la máquina.

 Caminó hacia un armario a un lado del mueble, abrió ambas puertas y dejó ver el contenido: Había un montón de bolsas llenas de metros y metros de telas de diferentes texturas, colores y tamaños. Tomó una bolsa que tenía telas de colores amarillas y las puso a un lado de la máquina, justo encima de las tijeras y los carretes. Estando frente al mueble, se agachó y llevó su mano a una pequeña puerta, al abrirla, vio un montón de frascos y recipientes llenos de botones, agujas, cierres, tijeras de diferentes tamaños, más carretes de hilo y algunas bolas de estambre. Tomó varios de los recipientes con carretes y botones y los puso a un lado de lo demás. Aún estando agachada, tomó el cable que salía de la máquina de coser y lo conectó a un enchufe no muy lejos de este, una vez que el cable estuvo conectado se levantó y llevó una silla al frente del mueble, se sentó, y por unos segundos admiró lo que había sobre el mueble.
—Bueno, es hora de empezar, veremos cuanto puedo hacer antes de tener que irme —Dijo ella mientras se frotaba las manos.



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