Terminamos de comer y nos quedamos sentados frente al fuego, sobre las sillas y directamente en el suelo. No sé que pensaban los demás en ese instante, pero en mi caso, no dejaba de recordar la muerte de los otros, la horrible forma en que nos dejaron… No debería de estar pensando en eso, lo sé, pero no pudo quitarme de la cabeza la idea de que en cualquier momento puedo llegar a terminar así...
Jueves
25 de Septiembre
Ya
han pasado varios días tranquilos. Fuimos a dar una vuelta por el
lugar, y no encontramos nada interesante, sólo campos abiertos.
Según el geógrafo, y su mapa, hay un pequeño hotel cerca de
nosotros, un hotel que podría tener sobrevivientes o comida. En el
mapa que nos mostró logré ver el río que cruzaba por la cabaña,
seguía y seguía, creo que terminaba uniéndose a un río aún mas
largo y ancho. Él les dijo a los demás sobre el hotel, creo que ni
siquiera era un hotel, en realidad no importaba como lo llamáramos.
Pensamos antes de decidir que hacer, salir así como si nada a un
lugar desconocido, aún más desconocido que cuando estábamos en la
ciudad era muy peligroso, demasiado peligroso. El mecánico comenzó
a hablar de una película, en donde van a robar un banco y antes de
hacerlo van a explorar como es el lugar; incluso se acordó del
nombre de la película, una película que al parecer nadie había
visto. Entendimos el punto, pero quiso seguir explicándonos que
ocurría, la niña lo calló al preguntarnos sobre nuestra decisión.
En ese momento la idea de ir a investigar no se veía muy atractiva,
pero en cuanto recordé que habíamos dejado la mitad de la comida en
la cabaña lo único que pensé fue en toda la comida podíamos
llegar a encontrar en el hotel.
Pasamos
el resto del día pensando en el hotel; sería un trayecto largo, así
que muy probablemente deberíamos de llevar alguno de los autos.
Ellas sugirieron mover el campamento cerca lo más cercano del hotel,
podía ser bueno hacer eso, pero sin saber que encontraríamos allí
no podíamos decidir que hacer. Poco a poco el plan fuimos pensando
en como podíamos acercarnos al hotel, según el mapa podíamos
llegar por detrás del hotel, las chichas y el mecánico vieron los
autos y de inmediato se decidieron por el que llevaríamos al hotel:
una vieja camioneta, bastante grande como para meter más de diez
cajas pero no lo suficientemente buena como para que llegara a ser
una gran perdida si no lográramos regresar con ella. Llevaríamos
algunas mochilas para poder recolectar lo que pudiéramos y claro,
cosas con las que protegernos de los zombis.
Habíamos
decido que haríamos, y no nos tomó tanto tiempo como antes, tal vez
el pensar en la poca comida que teníamos hizo que todos pensaran un
poco mas rápido las cosas. Aún faltaba decidir quienes irían, pero
eso podía esperar hasta mañana, ahora teníamos que prepararnos
para la tormenta que se avecinaba.
El
viento comenzó a soplar conforme la noche se acercaba, ni siquiera
los autos rompían las fuertes brisas que llegaban. A lo lejos, sobre
las nubes, se podía ver de donde surgían los rayos y luego donde
terminaban golpeando el suelo. Poco a poco la temperatura comenzó a
bajar, y empezamos a entrar en los autos cuando las primeras gotas de
lluvia comenzaron a caer. Antes de que todos nos fuéramos quitamos
la lona para evitar que el agua se acumulara y terminara por
romperse. Hacia mucho que no dormíamos dentro de los autos, bueno,
en mi caso era así, algunos decidían dormir en ellos sólo por
protección, mientras el resto prefería dormir a un lado de la
fogata; había olvidado lo incómodo que era, tener que encontrar la
posición correcta para no quedar dolorido al despertar, o para
evitar que alguien te pusiera los pies encima… Sí, no puedo decir
que no fue muy difícil, lo fue, y mucho, había un sartén a un lado
de mi cara, y cuando me movía este me golpeaba, lo peor de todo era
que no podía moverlo ya que estaba atorado entre otras cosas, y si
lo movía, todo se vendría encima. Terminé por poner una camisa
sobre el mango del sartén y logré acomodarme, ahora claro, sin algo
que estuviera golpeándome cada vez que me moviera.
Viernes
26 de Septiembre
Una
de las tormentas más fuertes que nunca había presenciado se dio
durante la noche. Cuando nos despertamos encontramos enormes rocas a
los lados de los autos. Todo el campamento estaba lleno de escombro,
rocas, ramas de árboles, basura, incluso había rastros que habían
dejado cosas que pasaron por el campamento y terminaron por caer por
la colina. Ya no había nubes visibles, y el cielo estaba
completamente azul, como si la tormenta nunca se hubiera dado.
Nuestra fogata terminó destrozada, y los leños estaban empapados,
creo que esta noche tendremos que dormir sin ella.
Tan
pronto como el resto comenzó a despertar fuimos reacomodando las
cosas. Ellas volvieron a encargarse de colocar la lona, y el
mecánico, el maestro y yo revisamos el mapa, para terminar de
planear nuestra visita al hotel. El resto, el veterinario y el músico
estaban haciendo un inventario. Creo que nos estábamos adelantando,
no sabíamos si quiera si el lugar seguía en pie, o si había zombis
o sobrevivientes, o si lograríamos encontrar comida o medicinas…
Nunca estaba demás planear mucho las cosas, pero creo que era muy
apresurado hacerlo sin haber ido ni una vez. Me parece que estoy
diciendo esto por que tengo miedo, miedo de encontrarme con esas
cosas, miedo de tener que volver a enfrentármeles… No pudo dejar
que esto me esté afectando hasta ahora, no después de tanto que ha
ocurrido. Debo de seguir, no sólo por mí, si no también por ella.
Estuve
leyendo lo escribí durante la mañana, realmente me ayudó mucho
pensar un poco las cosas, despejar la mente y dejar de pensar en
cosas negativas. También leí lo de los días anteriores, hay cosas
que ni siquiera yo entendí a pesar de que yo las redacté, primero
escribía positivamente, luego con tristeza, incluso hablé de un
sartén… ¿Por qué rayos hablé de un sartén? … Bueno, estoy un
poco mejor, no realmente al saber que solo teníamos comida para un
par de días ya que muchas de las latas se habían golpeado en el
transcurso hacia acá, pero al menos no estaba hablando de nuevo de
un sartén…
Ya
habíamos decidido ir al hotel al día siguiente, pero cuando nos
dijeron que la comida no aguantaría mucho tiempo, repensamos las
cosas y decidimos ir tan pronto como el sol estuviera sobre nosotros.
Miré a la niña picar una piedra con una rama, estaba muy aburrida,
ella le dio su peluche pero la niña se lo rechazó, al parecer ella
le había comentado a la niña sobre su secreto… me dio pena ver a
la niña tan aburrida, probablemente también triste, la abracé,
como si algo me obligara, y me alejé de ella esperando alguna
reacción. Todos me miraron, y ella también, luego se sonrojó y una
pequeña risa nerviosa salió de entre sus labios… También me
sonrojé, la niña se me acercó y me regresó el abrazo, me sonrojé
aún más. Todos nos miraron a ambos, conmovidos por la escena, pero
lo único que podía sentir era un poco de vergüenza.
Tan
pronto como se pasó el efecto del abrazo sobre mí y los demás, nos
preparamos para irnos. El mecánico, el veterinario y yo entramos al
auto una vez que lo habíamos preparado para el viaje. Ellas se
quedaron allí, junto al músico y al maestro, y mientras salíamos
avanzábamos por la carretera sus siluetas comenzaron a desaparecer,
llegando gasta el punto en que ya no las pudimos ver de nuevo. El
camino era recto, ninguna curva aparecía en el mapa que el maestro
nos dio, pero había árboles caídos y rocas por doquier, el camino
no era tan difícil, pero había que esquivar algunas cosas para
evitar estrellarnos. Sobre nosotros el sol seguía moviéndose, y
conforme pasaba el tiempo el sol fue colocándose a un lado de
nosotros. En poco la primera curva se dio en nuestro camino, según
el mapa no nos faltaría mas de unos cuantos minutos llegar a la
entrada del hotel, del recinto que yacía en el bosque.
Algunos
autos comenzaron a aparecer en la carretera, estrellados o
abandonados, todos se veían como si no hubieran sido tocados en un
buen tiempo, probablemente desde que esto inició. A unos metros de
nosotros un camino de piedra salió de la carretera y entró al
bosque, sobre el, cientos de autos abandonados que cerraban el paso.
No parecía que los habían dejado así a propósito, si no que
estaban estrellados unos contra otros, tal vez al tratar de huir o de
entrar chocaron contra los otros. No importaba lo que hubiera sido,
el auto no entraría entre todos ellos, así que tuvimos que dejarlo
a un lado del camino y comenzamos a caminar. Pasamos a un lado de los
autos que habían sido abandonados, en algunos de ellos logré ver
cuerpos recostados en el asiento, atrapados entre el cinturón o con
algo clavado en ellos. Conforme fuimos acercándonos al recinto, un
olor a putrefacción comenzó a impregnar el aire, este se volvió
pesado y poco a poco se comenzó a volver más fuerte. Llegamos hasta
el frente del hotel, había un gran grupo de autos estrellados frente
a él, uno de ellos había derribado un muro. Una pequeña estructura
ocultaba el resto del lugar, cuando subimos a ver que era nos dimos
cuenta de que era la recepción. Las puertas que daban a la recepción
estaban abiertas, debajo de ellas algunas hierbas habían comenzado a
crecer. Intenté mirar el interior, pero con la poca luz que entraba
no pude ver más que un charco de sangre seca.
Seguimos
caminando, pasamos a un lado de la recepción y nos encontramos con
la fuente de la fetidez: una piscina llena de cuerpos. La piscina
estaba inundada, tanto de agua como de cadáveres, que flotaban sobre
otros. Una gran cantidad de moscas habían infestado el lugar, y
conforme caminábamos, estas se levantaban y comenzaban a volar por
todos lados. El agua que se veía estaba verde, café, roja… el
color no se veía claramente, pero ciertamente estaba como pegajosa,
y el caminar sobre ella era un poco difícil. Había ocurrido una
masacre en este lugar, había cuerpos atorados entre autos que se
habían estrellado en el lugar, otros mas colgaban de algunas
ventanas, y muchas de las paredes estaban cubiertas de sangre. A lo
lejos, a un lado de un edificio vimos un par de maquinas
dispensadoras. Pensé en correr hacia ella, pero con el agua pegajosa
y los cuerpos flotando por todos lados, era muy posible que terminara
por atorarme y que los zombis aparecieran de la nada. Comenzamos a
caminar lentamente, evitando pisar los cuerpos, poco a poco nos
acercamos a las dos maquinas expendedoras. Escuché un ruido dentro
de uno de los edificios, como de alguien caminando. De inmediato les
dije al resto y los tres nos agachamos. Miramos hacia todos lados,
buscando de donde pudo haber venido el ruido, esperamos unos cuantos
segundos antes de volver a levantarnos. Dimos unos pasos más antes
de que otro ruido surgiera, esta vez, fue de algo cayéndose,
logramos ver como alguien levantaba algo y lo ponía sobre una mesa.
El veterinario gritó, preguntando si había alguien, de inmediato el
mecánico lo regañó, pasaron unos segundos antes de que ocurriera
algo: un hombre delgado, con la ropa sucia y con unas grandes ojeras
salió del edificio.
Nos
miró con miedo, horrorizado por nuestra presencia, alzó el brazo y
nos saludó, al momento de que le regresé el saludo, una gran
sonrisa creció en su rostro y un pequeño brillo apareció en sus
ojos. Corrió hacia nosotros, y a pesar de que corrió por el agua
pegajosa, lo hizo muy bien, lo primero que se me vino al a mente al
verlo correr con tanta facilidad fue que llevaba ya buen tiempo en
este lugar. Logró correr aun lado de los cuerpos, y llegó hacia
nosotros. Aún mas de cerca se veía mucho peor; tenía algunas
rasgaduras en su rostro, como si alguien lo hubiera atacado, su ropa
estaba apestosa, muy apestosa, probablemente no se la había cambiado
desde que terminó en este lugar.
Nos
miró emocionado, excitado, y sobre todo, sorprendido. No dijo ni una
sola palabra, y mucho menos nosotros, que no teníamos pensado
encontrar a alguien vivo tras ver el estado del lugar. Nos miramos
unos segundos antes de que el hombre comenzara a hablar y a hablar y
a hablar. No sabía que decir, había estado solo tanto tiempo que no
sabía que decir, no lograba encontrar las palabras. Seguimos
mirándonos unos minutos mas, su boca se abría y de inmediato se
cerraba, como si las palabras se le hubieran ido. El olor fétido que
emanaba de la piscina fue lo que me empujó a ser el primero en
hablar. Le pregunté por la piscina llena de cuerpos, inmediatamente
me contestó, diciéndome que cuando todo esto comenzó muchos de los
zombis cayeron dentro de la piscina y se ahogaron. Una vez que le di
un tema de conversación siguió y siguió, nos platicó de cómo el
y otra persona se escondieron en el edificio de donde él salió;
vivieron allí durante todo este tiempo, esperando a que algo
ocurriera y los fueran a rescatar, su compañero poco a poco se dio
cuenta de que nada cambiaría, de que estarían allí demasiado
tiempo, nos dijo que una mañana salió del edificio y nunca lo
volvió a ver. Eso había sido hace un par de semanas, y que con las
últimas lluvias, la piscina se había inundado y por consecuencia,
los cuerpos dentro de ella comenzaron a pudrirse.
Trató
de disimular un ruido que pareció ser un gruñido, comenzó a hablar
mas rápido y mas fuerte, el ruido se repitió una vez mas, y pude
ver que provenía desde su estómago, no fui el único y cuando se
dio cuenta de que habíamos escuchado el gruñir de su estómago se
disculpó, nosotros miramos la maquina expendedora, él miró en la
misma dirección que nosotros. Ese momento fue bastante extraño, al
parecer el nunca se percató de esa comida, de esa máquina
expendedora que yacía a unos metros de distancia de él. Como algo
que caza a su presa corrió apresurado hacia ella, nosotros solo
miramos como se alejaba de nosotros y se iba a parar frente a la
máquina. Caminamos extrañados hacia él, mientras avanzábamos, el
nos miraba con miedo, tomó un tubo que estaba en el suelo y se puso
en posición defensiva. Esa actitud lo único que me dejó a entender
era que tenía hambre, mucha hambre. Nos paramos a un par de metros
de él, yo caminé un poco y le dije que no deseábamos quitarle su
comida. Se calmó un poco, pero siguió estando en posición
defensiva. Lo único que se me ocurrió hacer fue decirle sobre el
resto del grupo que se encontraba en la carretera; le dije que
teníamos comida, un lugar para dormir, y que únicamente habíamos
ido al recinto a buscar comida para cuando se nos agotara. De
inmediato bajó el tubo, se dio la vuelta, y golpeó la maquina hasta
que le rompió el cristal, luego sacó unas galletas y se las comió.
No sé si debimos de habernos molestado al verlo comerse esas
galletas, pero cuando terminó su rostro era uno menos preocupado,
tenía una expresión de alivio.
Le
pregunté si había otras personas, me dijo que era el único que
quedaba; había antes al menos seis personas más, pero con el tiempo
fueron desapareciendo, dijo que muy probablemente murieron o
terminaron por irse. Nos acercamos todos hacia él. Estaba solo, en
este decrepito lugar, y tenía algunas fuentes de comida, así que no
podíamos dejarlo ir, fue una decisión de momento, y creo que fue lo
mejor para todos. Le ofrecí un lugar con el resto del grupo, los
otros apoyaron mi oferta, el hombre pensó un momento antes de
decidir si iba o no con nosotros, creo que el hambre y la soledad lo
habían azotado por tanto tiempo, que tomó nuestra oferta con mucho
entusiasmo. No creo que estuviera muy cómodo con la idea de irse con
unos extraños, pero no creo que quisiera pasar otra noche solo.
Habiendo
tomado la decisión de irse con nosotros, nos pidió acompañarlo
hacia el edificio en el que lo encontramos. Al entrar, percibimos un
olor dulce, un olor completamente diferente al que había afuera,
probablemente tenía hambre, y sueño y frío, pero al menos no tenía
que soportar la pestilencia de los cuerpos de la piscina. El pasillo
del edificio estaba protegido con sillas, mesas y algunas camas, muy
probablemente cosas que el hombre llevó para poder protegerse. Noté
que a pesar de que había charcos de sangre en el suelo, manchas en
las paredes, y el lugar se veía horrible, pasando la pequeña
muralla de muebles todo era diferente; estaba todo muy acomodado,
como si el hombre se hubiera empeñado en volverlo un hogar para el.
Conforme subíamos las escaleras, el olor dulce incrementaba, y poco
a poco la pestilencia del exterior se desvaneció. Llegamos al
segundo piso, allí vi un montón de cajas llenas de velas
aromáticas, y sobre los muebles que había en el pasillo velas
encendidas. Era bastante interesante como el hombre decidió tomar
este lugar en lugar de irse de él; acomodó los muebles, limpió las
paredes y el suelo de la sangre, y llenó el lugar de velas
aromáticas. Nos llevó hasta una habitación y al momento de
abrirla, el interior fue lo que mas me llamó la atención: Todo el
exterior estaba limpio, acomodado, pero la habitación estaba en
completo desorden, varias pilas de latas en el suelo, ropa arrojada,
el colchón y varias cobijas en el piso, las cortinas destruidas, y
había varias manchas en los muros. Yo pensé en preguntarle que
había pasado, no lo hice, pero el veterinario sí. Él nos dijo que
solo usaba esa habitación para dormir, que realmente no estaba mucho
tiempo allí, así que no valía mucho la pena arreglarla. No le
creí, no le creí nada; había limpiado y arreglado casi todo el
edificio, ¿pero no lo hizo con la habitación en la que duerme?
Escondía algo, no sabía que era, pero sabía muy bien que había
algo que no nos decía.
Tomó
algunas cosas, ropa, un pequeño radio y una lámpara. Cuando terminó
de recolectar sus pertenencias tomamos algunas cajas que estaban allí
y nos las llevamos. En nuestra salida del edificio el fue apagando
las velas, poco a poco el olor dulce fue cubriéndose con una fuerte
pestilencia, un olor agrio inundó el lugar, y para cuando llegamos
al primer piso, el mismo olor que había afuera se había extendido
al edificio. Pasamos por la pequeña muralla que hizo el hombre y nos
dirigimos hacia fuera.
Al
salir, noté que la temperatura había subido, hacia un poco mas de
calor, lo que me llevó a darme cuenta de que la fetidez de los
cuerpos se había incrementado. Caminamos un poco, antes de que el
hombre nos empujara al suelo. Fue algo muy repentino y en ese momento
estuve a punto de gritarle, si no hubiera sido por que el mecánico
señaló algo lo hubiera hecho. Había algo en unos arbustos cerca de
nosotros, este se movía. Caminé hacia el para poder ver mejor que
era lo que lo movía, a unos pasos, un gato salió corriendo. Me
asustó, tanto que me hizo caer al suelo; un simple gatito me
horrorizó, me hizo temblar del miedo. Quien hubiera pensado que
llegaríamos a esto.
Los
cuatro nos paramos, fuimos a la máquina expendedora y tomamos todo
lo que había en ella. La pestilencia era cada vez mas insoportable,
no se como lo hicimos, pero pudimos lograr salir de allí sin vomitar
ni una vez. Mientras salíamos, el hombre nos dijo que había una
habitación a la que no había logrado entrar, una habitación que
estaba con llave. No le presté mucha atención, no hasta que nos
dijo que ese era el almacén del lugar, y allí encontraríamos
comida. Pensamos en regresar para poder ver la puerta de la que
hablaba, pero sabía que no podíamos soportar ni un minuto más ese
lugar. Decidimos dejarla para después.
Subimos
sus cosas y las cajas con comida al auto. Íbamos un poco apretados,
no esperábamos encontrar a alguien nuevo. Vimos un auto, una
camioneta, tenía las llaves puestas. Fue una oportunidad que no
podíamos perder. Sacamos el agua que había en la parte de atrás y
pusimos las cosas allí. El mecánico tomó la camioneta, los otros
dos y yo nos fuimos en el auto.
El
sol fue desapareciendo detrás de nosotros, ocultándose bajo las
copas de los árboles. Extrañamente, el trayecto de regreso fue mas
corto que el de ida, y en poco regresamos junto al resto. Cuando
llegamos con los dos autos y vieron al nuevo, se sorprendieron, no
esperaban que trajéramos a alguien nuevo. Vaciamos las cajas con la
comida y juntamos eso con lo que nos quedaba de alimento. Creo que
sería suficiente para poder aguantar algunos cuantos días más.
Todos estaban contentos por haber logrado traer mas comida, pero se
veían una expresión de desilusión por que sabían que no duraría
mucho. Para animarlos un poco, les dije que el hombre sabía donde
había mucha mas comida. De inmediato todos se animaron… ahora solo
debíamos de buscar una forma de abrir esa puerta, algo que según el
hombre era imposible.
Entre
las cosas que el hombre había traído, había una pequeña muñeca.
No tengo ni la menor idea de porque había una muñeca entre sus
cosas, tal vez de la persona que había estado en la habitación
antes que el, no podía pensar en nada mas. La niña fue quien la
encontró, me preguntó si se la podía quedar, no era mía, así que
le pregunté al hombre, me dijo que ni sabía que estaba allí y nos
la dio sin más. El rostro de la niña se iluminó al recibir la
muñeca, no la había visto tan feliz desde antes de que todo
comenzara: Estaba en el parque, corriendo con sus amigos, el hombre
que siempre estaba con ella le compró algo, creo que fue una cuerda
para brincar, la niña se emocionó mucho… Creo que fue la primera
vez que la vi, y no fue ni un par de días antes de que ocurriera lo
del hospital.
La
niña jugó con la muñeca durante el resto de la mañana mientras el
resto pensábamos como podríamos abrir la puerta. No la habíamos
visto, ésta estaba dentro del comedor. No es que fuese difícil
llegar allí, de acuerdo al hombre no había ni un solo zombi allí,
así que no habría problema para llegar, pero la puerta sería el
problema. Debíamos de ir con cuantas herramientas pudiéramos;
desarmadores, pinzas cortacables, llaves perica… Todo lo que nos
pudiera servir para poder abrir una manija o una cerradura.
Vimos
que el lugar estaba vacío, ni un zombi a la vista exceptuando los
cuerpos en la piscina, así que pensamos en llevar a todos para poder
sacar cuanta comida pudiéramos, y de una vez, llevarnos un par de
autos. Alguien tendría que quedarse con la niña no importando que
también fuera con nosotros, la partera se eligió para cuidarla,
todos los demás iríamos por la comida.
Poco
a poco nos fuimos poniendo de acuerdo, pero algo surgió: ir todos
significaría abandonar el pequeño espacio que teníamos. El maestro
de inmediato comenzó a buscar un lugar donde pudiéramos quedarnos.
Podríamos simplemente regresar aquí y seguir esperando al campo
abierto, o podríamos movernos, buscar mejores lugares para
quedarnos, incluso, buscar sobrevivientes… Al final decidimos
movernos, seguir adelante, y nunca tener que regresar aquí.
A
medio día tuvimos todo preparado, habíamos metido todo en los autos
y estábamos listos para irnos. En cuanto terminar de darle detalles
al plan, entramos en los autos y partimos hacia el hotel. Mientras
nos alejábamos, ella y yo mirábamos hacia el pequeño prado en
donde nos habíamos refugiado, me di cuenta, de que había sido la
primera vez que nos habíamos ido por nuestra cuenta y no por estar
huyendo de zombis, tomamos la decisión de abandonar nuestro lugar
seguro, solo para buscar otro sin haber tenido a cientos de esas
cosas persiguiéndonos detrás. No sé como puede esto ser un gran
logro para nosotros, pero lo es, y es algo que recordaremos por mucho
tiempo.
Seguimos
por la carretera, exactamente como la primera vez, pasamos a un lado
por los mismos árboles, los mismo autos, y las mismas rocas de
antes, nada había cambiado, nada había cambiado en menos de un día…
Llegamos al tramo de carretera frente al lugar… algo realmente
había cambiado: había un par de zombis parados en medio de los
autos.
De
inmediato nos detuvimos, la princesa bajó de la camioneta, sujetando
en sus manos un desarmador, a un lado de ella, el mecánico, que
llevaba una pala. Sigilosamente fueron acercándose a ellos, no se
dieron cuenta de que ellos estaban allí. De un momento a otro, ella
le brincó a uno de ellos por la espalda, y le enterró el desarmador
en la cabeza. El tiró al otro zombi y le enterró la pala en el
cráneo. En cuanto se aseguraron de que ambos estaban muertos
regresaron con nosotros. Bajamos de los autos y lo primero que
hicimos fue buscar vehículos con las llaves dentro.
Nos
separamos en dos, para poder buscar mejor en las dos direcciones de
la carretera. Ella encontró uno, el músico otro, yo encontré un
par de camionetas y el mecánico un tráiler estrellado. Cuatro
vehículos que podíamos usar, entre tantos que estaban atorados
entre los demás autos. Llevamos los vehículos a la entrada, junto
con la camioneta del día anterior. Había suficiente espacio como
para poder meter nuestras cosas unas tres o cuatro veces.
Dejamos
a la partera y a la niña en la entrada, junto con el resto de los
vehículos. En cuanto pasamos uno de los jardines, la pestilencia
comenzó, el maestro terminó en unos arbustos vomitando, mientras
que el resto trataban de no terminar así. El hombre nos señaló
donde estaba el comedor, no muy lejos de nosotros, dejamos al maestro
con el veterinario y nosotros nos adelantamos. Ella y la princesa al
ver la piscina llena de cuerpos se asquearon, sus rostros se
volvieron pálidos y miraron hacia otro lado. No las culpo, realmente
no lo hago.
Llegamos
a las puertas de la cafetería, no habíamos tenido ningún encuentro
con ningún infectado, y todo se veía igual que ayer. El hombre
corrió hacia la parte de atrás del comedor, luego de haber brincado
sobre varias mesas y sillas que había tiradas en el suelo. Nosotros
caminamos con tranquilidad, viendo el lugar, los daños que hubo
cuando probablemente todos salieron corriendo de aquí, huyendo por
sus vidas; muchas de las mesas yacían en el suelo, algunas con un
mantel aún sobre ellas. Las cortinas que debían de cubrir las
ventanas estaban desgarradas, tanto por el tiempo como las tormentas
recientes. Había algunas manchas de sangre en el suelo, manchas que
aparecían sobre las mesas, en el suelo, cerca de la entrada y
algunas ventanas. Había moho y hojas cerca de las ventanas. El lugar
se veía realmente mal, por suerte no teníamos que estar demasiado
tiempo allí.
El
hombre nos habló, todos fuimos hacia el, nos mostró la puerta del
almacén. Era una gran puerta de acero, y tenía una manija enorme,
al igual que una cerradura lo suficientemente grande como para lograr
cerrar la puerta. No esperábamos algo así, pero no teníamos
alternativa, teníamos que entrar como fuese, esa comida era muy
valiosa como para dejarla allí. Comenzamos a usar las herramientas
que llevábamos. El hombre se llevó al mecánico para traer las
otras herramientas, mientras nosotros tratábamos de abrir la puerta.
Un martillazo al cerrojo, y lo único que le hicimos fue un rasguño;
usé la llave perica, y logré aflojarlo un poco. Ella usó un
desarmador y una aguja muy grande, metió ambas dentro del cerrojo y
comenzó a moverlas de un lado a otro. Logró girar la cerradura un
poco, su rostro se iluminó y en un instante logró abrir la puerta.
Al mirar al interior del almacén todos nos sorprendimos; había
comida hasta el techo, y el techo se encontraba a dos metros y medio
del piso. Era solo comida enlatada y empaquetada, todo lo que no
estaba allí: frutas, verduras y carne, estaba en el refrigerador, un
lugar al que ni por estúpidos teníamos pensando en entrar. Era
mucha, demasiada comida. Algunos salieron y fueron por los autos, y
en unos segundos los tuvieron frente al edificio. El mecánico y el
hombre llegaron con una caja de herramientas, un martillo de
construcción y un hacha. Comenzamos a subir la comida a los autos;
costales de arroz, frijoles, latas de atún, mas frijoles, verduras y
frutas, algunos condimentos; aceite, endulzantes… había de todo.
Rápidamente llenamos los autos de solo lo que nos pareció
importante, necesario y que sabíamos que realmente podíamos comer.
Tomamos algunos abrelatas, encendedores, cerillos y otras cosas de
las alacenas. Aún quedaba mucho en el almacén, pero casi todo eran
cosas que no podíamos preparar o condimentos innecesarios.
Los
autos estaban casi repletos, y aún había algunos lugares donde
meter mas cosas. Pensé en meter los costales, pero no había razón
lógica. El hombre nos preguntó si usábamos leña, de inmediato le
dijimos que sí, nos llevó a otro almacén, cerca del edificio
principal, allí había muchos costales de carbón, los suficientes
como para llenar los espacios vacíos de los autos. Subimos cuantos
costales pudimos y vaciamos por completo el almacén. Todo estaba
yendo perfectamente, demasiado bien… Y entonces ocurrió.
Una
bengala salió de detrás del lugar, y de inmediato, cientos de
pitidos, alarmas y disparos le siguieron. Poco a poco, de entre los
arbustos, ellos comenzaron a levantarse. Los cientos de cuerpos en la
piscina comenzaron a moverse, algunos brazos se alzaban entre ellos,
en un instante, estábamos rodeados de infectados.
Ella
corrió a uno de los autos, y logró subir al veterinario a el. El
resto tratamos de hacer lo mismo, el hombre subió a uno, y pasó
sobre varios zombis que estaban a un lado de la puerta de otro de los
autos. La princesa corrió de inmediato, pero antes de lograr en
entrar en la camioneta, un zombi la agarró del cuello. Ella logró
detenerlo, evitar que la mordiera, y cuando tuvo la oportunidad, le
enterró un cuchillo en la cabeza. Entró al auto y se fue. Yo seguía
allí, junto con el resto. Logramos abrirnos paso entre los zombis,
llegando a los autos. Estuve a poco de ser mordido, si no hubiera
sido por el mecánico que estaba a un lado de mí estaría muerto
ahora. Nosotros dos entramos a uno de los autos, los demás a los que
quedaron. Tan pronto como nosotros estuvimos dentro salimos y fuimos
con el resto. Los disparos seguían detrás de nosotros, no sé que
estaba pasando allá atrás, pero estaban atrayendo a demasiados
zombis. Tan pronto como el último auto se nos unió, salimos del
lugar.
Fue
algo sorprendente, todos logramos salir con vida, la primera vez que
ocurría eso desde que había comenzado, y lo mejor, habíamos
terminado con un montón de comida. No sé como lo hicimos, pero lo
logramos, todos salimos con vida, nadie ileso. Aunque fue muy
excitante y todo terminó bien, aún no puedo entender que fue lo que
pasó en el bosque. ¿Alguien nos habría tendido una trampa? ¿Fue
algún accidente? No lo sé, pero la forma en que de pronto, una vez
que habíamos recolectado todo lo que pudimos, comenzaron a hacer
ruido fue muy extraña. Sería cuestión de hablar con el resto para
saber que opinan ellos.
Llevábamos
varias horas en la carretera, era momento de descansar un poco. Nos
detuvimos en medio del camino, nos estiramos un poco y nos sentamos a
descansar. Todos vieron el botín que habíamos sacado, era inmenso,
se podía ver que todos estaban sorprendidos por lo que juntamos.
Pero no todo era alegría, la princesa se veía preocupada.
Mientras
todos se preparaban para pasar la noche allí, la princesa se había
alejado del grupo y se había ido a sentar a un lado del camino. Fui
con ella y me senté a su lado. Le pregunté como se encontraba tras
lo de la mañana, me dijo que muy bien, que no le había pasado nada,
ella decía eso, pero su expresión decía otra cosa. Seguí
hablándole y entró a la conversación el botín que habíamos
ganado, le dije que fue sorprendente haber llegado a encontrar tanta
comida, había sido un golpe de suerte, lo que ella me dijo después
fue inesperado: en lugar de estar contenta, alegre o emocionada por
haber encontrado comida, ella estaba cansada, y se veía de inmediato
que estaba muy preocupada por algo, al preguntarle, me dijo que haber
encontrado toda esa comida de hecho si había sido un gran golpe de
suerte, y pero que era muy posible que no llegáramos a encontrar mas
comida en mucho tiempo. Lo siguiente fue aún pero: me dijo como
también habíamos tenido suerte al haber salido todos de allí con
vida, algo que no nos había pasado nunca, me dijo que fue demasiado
arriesgado, que fue incluso estúpido el siquiera haber pensando en
llevar a todo el grupo. Sus palabras eran duras, pero ciertas, ella
continuó: “Tuve suerte de haber logrado salir de allí sin ser
mordida… pero no creo que vuelva a llegar a ocurrir. Tuvimos
demasiada, demasiada suerte, no solo con la comida, con todo, tanta
que no debemos de confiarnos las siguientes búsquedas que hagamos.
Debemos de ir preparados, de pensar las cosas antes de aventurarnos
en lugares desconocidos, y principalmente, evitar poner en riesgo la
vida de cuantos podamos. Todos creemos en ti, todos esperamos lo
mejor, y vemos tus decisiones como las mejores, pero en cuanto algo
malo ocurra, todo el grupo se vendrá abajo y estaremos en
problemas.” Ella dijo que todos confiaban en mí, no me esperaba
eso… no esperaba que ella dijese nada de eso.
Cuando
terminamos de hablar, le pedí disculpas y ambos regresamos con el
resto del grupo. Teniendo en mente lo que ella había dicho
reflexioné mucho sobre lo que había pasado en el día. Era cierto,
puse en riesgo la vida de todos en el grupo, incluyéndola a ella y
la niña. Quien hubiera pensado que alguien haría un montón de
escándalo y provocaría que cientos de zombis nos atacaran… nadie,
fue algo que ocurrió, algo que nadie pensó que pasaría, una de las
cientos de cosas que pudieron haber pasado. ¿Nunca estaríamos
seguros? Probablemente, muy probablemente nunca estaríamos seguros.
Pensando un poco mas en las palabras de la princesa, supe de
inmediato que no podíamos tomar decisiones tan repentinas o de un
día para otro, no si no eran muy urgentes, habría que planear todo
lo mas que pudiéramos, y pensar en todo lo que posiblemente
ocurriría.
Esto
ya no era un día de campo con amigos, esto ya era una batalla por la
supervivencia, por tratar de vivir un día más en un mundo en donde
la muerte nos esperaba a cada vuelta de la esquina, un mundo en que
la muerte ya era algo cotidiano…
Sig.
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