3 ene 2014

Diario de un sobreviviente: Septiembre, Año 1. Parte 3/3

Terminamos de comer y nos quedamos sentados frente al fuego, sobre las sillas y directamente en el suelo. No sé que pensaban los demás en ese instante, pero en mi caso, no dejaba de recordar la muerte de los otros, la horrible forma en que nos dejaron… No debería de estar pensando en eso, lo sé, pero no pudo quitarme de la cabeza la idea de que en cualquier momento puedo llegar a terminar así...

Septiembre 2/3




Jueves 25 de Septiembre


Ya han pasado varios días tranquilos. Fuimos a dar una vuelta por el lugar, y no encontramos nada interesante, sólo campos abiertos. Según el geógrafo, y su mapa, hay un pequeño hotel cerca de nosotros, un hotel que podría tener sobrevivientes o comida. En el mapa que nos mostró logré ver el río que cruzaba por la cabaña, seguía y seguía, creo que terminaba uniéndose a un río aún mas largo y ancho. Él les dijo a los demás sobre el hotel, creo que ni siquiera era un hotel, en realidad no importaba como lo llamáramos. Pensamos antes de decidir que hacer, salir así como si nada a un lugar desconocido, aún más desconocido que cuando estábamos en la ciudad era muy peligroso, demasiado peligroso. El mecánico comenzó a hablar de una película, en donde van a robar un banco y antes de hacerlo van a explorar como es el lugar; incluso se acordó del nombre de la película, una película que al parecer nadie había visto. Entendimos el punto, pero quiso seguir explicándonos que ocurría, la niña lo calló al preguntarnos sobre nuestra decisión. En ese momento la idea de ir a investigar no se veía muy atractiva, pero en cuanto recordé que habíamos dejado la mitad de la comida en la cabaña lo único que pensé fue en toda la comida podíamos llegar a encontrar en el hotel.
Pasamos el resto del día pensando en el hotel; sería un trayecto largo, así que muy probablemente deberíamos de llevar alguno de los autos. Ellas sugirieron mover el campamento cerca lo más cercano del hotel, podía ser bueno hacer eso, pero sin saber que encontraríamos allí no podíamos decidir que hacer. Poco a poco el plan fuimos pensando en como podíamos acercarnos al hotel, según el mapa podíamos llegar por detrás del hotel, las chichas y el mecánico vieron los autos y de inmediato se decidieron por el que llevaríamos al hotel: una vieja camioneta, bastante grande como para meter más de diez cajas pero no lo suficientemente buena como para que llegara a ser una gran perdida si no lográramos regresar con ella. Llevaríamos algunas mochilas para poder recolectar lo que pudiéramos y claro, cosas con las que protegernos de los zombis.
Habíamos decido que haríamos, y no nos tomó tanto tiempo como antes, tal vez el pensar en la poca comida que teníamos hizo que todos pensaran un poco mas rápido las cosas. Aún faltaba decidir quienes irían, pero eso podía esperar hasta mañana, ahora teníamos que prepararnos para la tormenta que se avecinaba.
El viento comenzó a soplar conforme la noche se acercaba, ni siquiera los autos rompían las fuertes brisas que llegaban. A lo lejos, sobre las nubes, se podía ver de donde surgían los rayos y luego donde terminaban golpeando el suelo. Poco a poco la temperatura comenzó a bajar, y empezamos a entrar en los autos cuando las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer. Antes de que todos nos fuéramos quitamos la lona para evitar que el agua se acumulara y terminara por romperse. Hacia mucho que no dormíamos dentro de los autos, bueno, en mi caso era así, algunos decidían dormir en ellos sólo por protección, mientras el resto prefería dormir a un lado de la fogata; había olvidado lo incómodo que era, tener que encontrar la posición correcta para no quedar dolorido al despertar, o para evitar que alguien te pusiera los pies encima… Sí, no puedo decir que no fue muy difícil, lo fue, y mucho, había un sartén a un lado de mi cara, y cuando me movía este me golpeaba, lo peor de todo era que no podía moverlo ya que estaba atorado entre otras cosas, y si lo movía, todo se vendría encima. Terminé por poner una camisa sobre el mango del sartén y logré acomodarme, ahora claro, sin algo que estuviera golpeándome cada vez que me moviera.


Viernes 26 de Septiembre


Una de las tormentas más fuertes que nunca había presenciado se dio durante la noche. Cuando nos despertamos encontramos enormes rocas a los lados de los autos. Todo el campamento estaba lleno de escombro, rocas, ramas de árboles, basura, incluso había rastros que habían dejado cosas que pasaron por el campamento y terminaron por caer por la colina. Ya no había nubes visibles, y el cielo estaba completamente azul, como si la tormenta nunca se hubiera dado. Nuestra fogata terminó destrozada, y los leños estaban empapados, creo que esta noche tendremos que dormir sin ella.
Tan pronto como el resto comenzó a despertar fuimos reacomodando las cosas. Ellas volvieron a encargarse de colocar la lona, y el mecánico, el maestro y yo revisamos el mapa, para terminar de planear nuestra visita al hotel. El resto, el veterinario y el músico estaban haciendo un inventario. Creo que nos estábamos adelantando, no sabíamos si quiera si el lugar seguía en pie, o si había zombis o sobrevivientes, o si lograríamos encontrar comida o medicinas… Nunca estaba demás planear mucho las cosas, pero creo que era muy apresurado hacerlo sin haber ido ni una vez. Me parece que estoy diciendo esto por que tengo miedo, miedo de encontrarme con esas cosas, miedo de tener que volver a enfrentármeles… No pudo dejar que esto me esté afectando hasta ahora, no después de tanto que ha ocurrido. Debo de seguir, no sólo por mí, si no también por ella.
Estuve leyendo lo escribí durante la mañana, realmente me ayudó mucho pensar un poco las cosas, despejar la mente y dejar de pensar en cosas negativas. También leí lo de los días anteriores, hay cosas que ni siquiera yo entendí a pesar de que yo las redacté, primero escribía positivamente, luego con tristeza, incluso hablé de un sartén… ¿Por qué rayos hablé de un sartén? … Bueno, estoy un poco mejor, no realmente al saber que solo teníamos comida para un par de días ya que muchas de las latas se habían golpeado en el transcurso hacia acá, pero al menos no estaba hablando de nuevo de un sartén…
Ya habíamos decidido ir al hotel al día siguiente, pero cuando nos dijeron que la comida no aguantaría mucho tiempo, repensamos las cosas y decidimos ir tan pronto como el sol estuviera sobre nosotros. Miré a la niña picar una piedra con una rama, estaba muy aburrida, ella le dio su peluche pero la niña se lo rechazó, al parecer ella le había comentado a la niña sobre su secreto… me dio pena ver a la niña tan aburrida, probablemente también triste, la abracé, como si algo me obligara, y me alejé de ella esperando alguna reacción. Todos me miraron, y ella también, luego se sonrojó y una pequeña risa nerviosa salió de entre sus labios… También me sonrojé, la niña se me acercó y me regresó el abrazo, me sonrojé aún más. Todos nos miraron a ambos, conmovidos por la escena, pero lo único que podía sentir era un poco de vergüenza.
Tan pronto como se pasó el efecto del abrazo sobre mí y los demás, nos preparamos para irnos. El mecánico, el veterinario y yo entramos al auto una vez que lo habíamos preparado para el viaje. Ellas se quedaron allí, junto al músico y al maestro, y mientras salíamos avanzábamos por la carretera sus siluetas comenzaron a desaparecer, llegando gasta el punto en que ya no las pudimos ver de nuevo. El camino era recto, ninguna curva aparecía en el mapa que el maestro nos dio, pero había árboles caídos y rocas por doquier, el camino no era tan difícil, pero había que esquivar algunas cosas para evitar estrellarnos. Sobre nosotros el sol seguía moviéndose, y conforme pasaba el tiempo el sol fue colocándose a un lado de nosotros. En poco la primera curva se dio en nuestro camino, según el mapa no nos faltaría mas de unos cuantos minutos llegar a la entrada del hotel, del recinto que yacía en el bosque.
Algunos autos comenzaron a aparecer en la carretera, estrellados o abandonados, todos se veían como si no hubieran sido tocados en un buen tiempo, probablemente desde que esto inició. A unos metros de nosotros un camino de piedra salió de la carretera y entró al bosque, sobre el, cientos de autos abandonados que cerraban el paso. No parecía que los habían dejado así a propósito, si no que estaban estrellados unos contra otros, tal vez al tratar de huir o de entrar chocaron contra los otros. No importaba lo que hubiera sido, el auto no entraría entre todos ellos, así que tuvimos que dejarlo a un lado del camino y comenzamos a caminar. Pasamos a un lado de los autos que habían sido abandonados, en algunos de ellos logré ver cuerpos recostados en el asiento, atrapados entre el cinturón o con algo clavado en ellos. Conforme fuimos acercándonos al recinto, un olor a putrefacción comenzó a impregnar el aire, este se volvió pesado y poco a poco se comenzó a volver más fuerte. Llegamos hasta el frente del hotel, había un gran grupo de autos estrellados frente a él, uno de ellos había derribado un muro. Una pequeña estructura ocultaba el resto del lugar, cuando subimos a ver que era nos dimos cuenta de que era la recepción. Las puertas que daban a la recepción estaban abiertas, debajo de ellas algunas hierbas habían comenzado a crecer. Intenté mirar el interior, pero con la poca luz que entraba no pude ver más que un charco de sangre seca.
Seguimos caminando, pasamos a un lado de la recepción y nos encontramos con la fuente de la fetidez: una piscina llena de cuerpos. La piscina estaba inundada, tanto de agua como de cadáveres, que flotaban sobre otros. Una gran cantidad de moscas habían infestado el lugar, y conforme caminábamos, estas se levantaban y comenzaban a volar por todos lados. El agua que se veía estaba verde, café, roja… el color no se veía claramente, pero ciertamente estaba como pegajosa, y el caminar sobre ella era un poco difícil. Había ocurrido una masacre en este lugar, había cuerpos atorados entre autos que se habían estrellado en el lugar, otros mas colgaban de algunas ventanas, y muchas de las paredes estaban cubiertas de sangre. A lo lejos, a un lado de un edificio vimos un par de maquinas dispensadoras. Pensé en correr hacia ella, pero con el agua pegajosa y los cuerpos flotando por todos lados, era muy posible que terminara por atorarme y que los zombis aparecieran de la nada. Comenzamos a caminar lentamente, evitando pisar los cuerpos, poco a poco nos acercamos a las dos maquinas expendedoras. Escuché un ruido dentro de uno de los edificios, como de alguien caminando. De inmediato les dije al resto y los tres nos agachamos. Miramos hacia todos lados, buscando de donde pudo haber venido el ruido, esperamos unos cuantos segundos antes de volver a levantarnos. Dimos unos pasos más antes de que otro ruido surgiera, esta vez, fue de algo cayéndose, logramos ver como alguien levantaba algo y lo ponía sobre una mesa. El veterinario gritó, preguntando si había alguien, de inmediato el mecánico lo regañó, pasaron unos segundos antes de que ocurriera algo: un hombre delgado, con la ropa sucia y con unas grandes ojeras salió del edificio.
Nos miró con miedo, horrorizado por nuestra presencia, alzó el brazo y nos saludó, al momento de que le regresé el saludo, una gran sonrisa creció en su rostro y un pequeño brillo apareció en sus ojos. Corrió hacia nosotros, y a pesar de que corrió por el agua pegajosa, lo hizo muy bien, lo primero que se me vino al a mente al verlo correr con tanta facilidad fue que llevaba ya buen tiempo en este lugar. Logró correr aun lado de los cuerpos, y llegó hacia nosotros. Aún mas de cerca se veía mucho peor; tenía algunas rasgaduras en su rostro, como si alguien lo hubiera atacado, su ropa estaba apestosa, muy apestosa, probablemente no se la había cambiado desde que terminó en este lugar.
Nos miró emocionado, excitado, y sobre todo, sorprendido. No dijo ni una sola palabra, y mucho menos nosotros, que no teníamos pensado encontrar a alguien vivo tras ver el estado del lugar. Nos miramos unos segundos antes de que el hombre comenzara a hablar y a hablar y a hablar. No sabía que decir, había estado solo tanto tiempo que no sabía que decir, no lograba encontrar las palabras. Seguimos mirándonos unos minutos mas, su boca se abría y de inmediato se cerraba, como si las palabras se le hubieran ido. El olor fétido que emanaba de la piscina fue lo que me empujó a ser el primero en hablar. Le pregunté por la piscina llena de cuerpos, inmediatamente me contestó, diciéndome que cuando todo esto comenzó muchos de los zombis cayeron dentro de la piscina y se ahogaron. Una vez que le di un tema de conversación siguió y siguió, nos platicó de cómo el y otra persona se escondieron en el edificio de donde él salió; vivieron allí durante todo este tiempo, esperando a que algo ocurriera y los fueran a rescatar, su compañero poco a poco se dio cuenta de que nada cambiaría, de que estarían allí demasiado tiempo, nos dijo que una mañana salió del edificio y nunca lo volvió a ver. Eso había sido hace un par de semanas, y que con las últimas lluvias, la piscina se había inundado y por consecuencia, los cuerpos dentro de ella comenzaron a pudrirse.
Trató de disimular un ruido que pareció ser un gruñido, comenzó a hablar mas rápido y mas fuerte, el ruido se repitió una vez mas, y pude ver que provenía desde su estómago, no fui el único y cuando se dio cuenta de que habíamos escuchado el gruñir de su estómago se disculpó, nosotros miramos la maquina expendedora, él miró en la misma dirección que nosotros. Ese momento fue bastante extraño, al parecer el nunca se percató de esa comida, de esa máquina expendedora que yacía a unos metros de distancia de él. Como algo que caza a su presa corrió apresurado hacia ella, nosotros solo miramos como se alejaba de nosotros y se iba a parar frente a la máquina. Caminamos extrañados hacia él, mientras avanzábamos, el nos miraba con miedo, tomó un tubo que estaba en el suelo y se puso en posición defensiva. Esa actitud lo único que me dejó a entender era que tenía hambre, mucha hambre. Nos paramos a un par de metros de él, yo caminé un poco y le dije que no deseábamos quitarle su comida. Se calmó un poco, pero siguió estando en posición defensiva. Lo único que se me ocurrió hacer fue decirle sobre el resto del grupo que se encontraba en la carretera; le dije que teníamos comida, un lugar para dormir, y que únicamente habíamos ido al recinto a buscar comida para cuando se nos agotara. De inmediato bajó el tubo, se dio la vuelta, y golpeó la maquina hasta que le rompió el cristal, luego sacó unas galletas y se las comió. No sé si debimos de habernos molestado al verlo comerse esas galletas, pero cuando terminó su rostro era uno menos preocupado, tenía una expresión de alivio.
Le pregunté si había otras personas, me dijo que era el único que quedaba; había antes al menos seis personas más, pero con el tiempo fueron desapareciendo, dijo que muy probablemente murieron o terminaron por irse. Nos acercamos todos hacia él. Estaba solo, en este decrepito lugar, y tenía algunas fuentes de comida, así que no podíamos dejarlo ir, fue una decisión de momento, y creo que fue lo mejor para todos. Le ofrecí un lugar con el resto del grupo, los otros apoyaron mi oferta, el hombre pensó un momento antes de decidir si iba o no con nosotros, creo que el hambre y la soledad lo habían azotado por tanto tiempo, que tomó nuestra oferta con mucho entusiasmo. No creo que estuviera muy cómodo con la idea de irse con unos extraños, pero no creo que quisiera pasar otra noche solo.
Habiendo tomado la decisión de irse con nosotros, nos pidió acompañarlo hacia el edificio en el que lo encontramos. Al entrar, percibimos un olor dulce, un olor completamente diferente al que había afuera, probablemente tenía hambre, y sueño y frío, pero al menos no tenía que soportar la pestilencia de los cuerpos de la piscina. El pasillo del edificio estaba protegido con sillas, mesas y algunas camas, muy probablemente cosas que el hombre llevó para poder protegerse. Noté que a pesar de que había charcos de sangre en el suelo, manchas en las paredes, y el lugar se veía horrible, pasando la pequeña muralla de muebles todo era diferente; estaba todo muy acomodado, como si el hombre se hubiera empeñado en volverlo un hogar para el. Conforme subíamos las escaleras, el olor dulce incrementaba, y poco a poco la pestilencia del exterior se desvaneció. Llegamos al segundo piso, allí vi un montón de cajas llenas de velas aromáticas, y sobre los muebles que había en el pasillo velas encendidas. Era bastante interesante como el hombre decidió tomar este lugar en lugar de irse de él; acomodó los muebles, limpió las paredes y el suelo de la sangre, y llenó el lugar de velas aromáticas. Nos llevó hasta una habitación y al momento de abrirla, el interior fue lo que mas me llamó la atención: Todo el exterior estaba limpio, acomodado, pero la habitación estaba en completo desorden, varias pilas de latas en el suelo, ropa arrojada, el colchón y varias cobijas en el piso, las cortinas destruidas, y había varias manchas en los muros. Yo pensé en preguntarle que había pasado, no lo hice, pero el veterinario sí. Él nos dijo que solo usaba esa habitación para dormir, que realmente no estaba mucho tiempo allí, así que no valía mucho la pena arreglarla. No le creí, no le creí nada; había limpiado y arreglado casi todo el edificio, ¿pero no lo hizo con la habitación en la que duerme? Escondía algo, no sabía que era, pero sabía muy bien que había algo que no nos decía.
Tomó algunas cosas, ropa, un pequeño radio y una lámpara. Cuando terminó de recolectar sus pertenencias tomamos algunas cajas que estaban allí y nos las llevamos. En nuestra salida del edificio el fue apagando las velas, poco a poco el olor dulce fue cubriéndose con una fuerte pestilencia, un olor agrio inundó el lugar, y para cuando llegamos al primer piso, el mismo olor que había afuera se había extendido al edificio. Pasamos por la pequeña muralla que hizo el hombre y nos dirigimos hacia fuera.
Al salir, noté que la temperatura había subido, hacia un poco mas de calor, lo que me llevó a darme cuenta de que la fetidez de los cuerpos se había incrementado. Caminamos un poco, antes de que el hombre nos empujara al suelo. Fue algo muy repentino y en ese momento estuve a punto de gritarle, si no hubiera sido por que el mecánico señaló algo lo hubiera hecho. Había algo en unos arbustos cerca de nosotros, este se movía. Caminé hacia el para poder ver mejor que era lo que lo movía, a unos pasos, un gato salió corriendo. Me asustó, tanto que me hizo caer al suelo; un simple gatito me horrorizó, me hizo temblar del miedo. Quien hubiera pensado que llegaríamos a esto.
Los cuatro nos paramos, fuimos a la máquina expendedora y tomamos todo lo que había en ella. La pestilencia era cada vez mas insoportable, no se como lo hicimos, pero pudimos lograr salir de allí sin vomitar ni una vez. Mientras salíamos, el hombre nos dijo que había una habitación a la que no había logrado entrar, una habitación que estaba con llave. No le presté mucha atención, no hasta que nos dijo que ese era el almacén del lugar, y allí encontraríamos comida. Pensamos en regresar para poder ver la puerta de la que hablaba, pero sabía que no podíamos soportar ni un minuto más ese lugar. Decidimos dejarla para después.
Subimos sus cosas y las cajas con comida al auto. Íbamos un poco apretados, no esperábamos encontrar a alguien nuevo. Vimos un auto, una camioneta, tenía las llaves puestas. Fue una oportunidad que no podíamos perder. Sacamos el agua que había en la parte de atrás y pusimos las cosas allí. El mecánico tomó la camioneta, los otros dos y yo nos fuimos en el auto.
El sol fue desapareciendo detrás de nosotros, ocultándose bajo las copas de los árboles. Extrañamente, el trayecto de regreso fue mas corto que el de ida, y en poco regresamos junto al resto. Cuando llegamos con los dos autos y vieron al nuevo, se sorprendieron, no esperaban que trajéramos a alguien nuevo. Vaciamos las cajas con la comida y juntamos eso con lo que nos quedaba de alimento. Creo que sería suficiente para poder aguantar algunos cuantos días más. Todos estaban contentos por haber logrado traer mas comida, pero se veían una expresión de desilusión por que sabían que no duraría mucho. Para animarlos un poco, les dije que el hombre sabía donde había mucha mas comida. De inmediato todos se animaron… ahora solo debíamos de buscar una forma de abrir esa puerta, algo que según el hombre era imposible.


Sábado 27 de Septiembre


Entre las cosas que el hombre había traído, había una pequeña muñeca. No tengo ni la menor idea de porque había una muñeca entre sus cosas, tal vez de la persona que había estado en la habitación antes que el, no podía pensar en nada mas. La niña fue quien la encontró, me preguntó si se la podía quedar, no era mía, así que le pregunté al hombre, me dijo que ni sabía que estaba allí y nos la dio sin más. El rostro de la niña se iluminó al recibir la muñeca, no la había visto tan feliz desde antes de que todo comenzara: Estaba en el parque, corriendo con sus amigos, el hombre que siempre estaba con ella le compró algo, creo que fue una cuerda para brincar, la niña se emocionó mucho… Creo que fue la primera vez que la vi, y no fue ni un par de días antes de que ocurriera lo del hospital.
La niña jugó con la muñeca durante el resto de la mañana mientras el resto pensábamos como podríamos abrir la puerta. No la habíamos visto, ésta estaba dentro del comedor. No es que fuese difícil llegar allí, de acuerdo al hombre no había ni un solo zombi allí, así que no habría problema para llegar, pero la puerta sería el problema. Debíamos de ir con cuantas herramientas pudiéramos; desarmadores, pinzas cortacables, llaves perica… Todo lo que nos pudiera servir para poder abrir una manija o una cerradura.
Vimos que el lugar estaba vacío, ni un zombi a la vista exceptuando los cuerpos en la piscina, así que pensamos en llevar a todos para poder sacar cuanta comida pudiéramos, y de una vez, llevarnos un par de autos. Alguien tendría que quedarse con la niña no importando que también fuera con nosotros, la partera se eligió para cuidarla, todos los demás iríamos por la comida.
Poco a poco nos fuimos poniendo de acuerdo, pero algo surgió: ir todos significaría abandonar el pequeño espacio que teníamos. El maestro de inmediato comenzó a buscar un lugar donde pudiéramos quedarnos. Podríamos simplemente regresar aquí y seguir esperando al campo abierto, o podríamos movernos, buscar mejores lugares para quedarnos, incluso, buscar sobrevivientes… Al final decidimos movernos, seguir adelante, y nunca tener que regresar aquí.
A medio día tuvimos todo preparado, habíamos metido todo en los autos y estábamos listos para irnos. En cuanto terminar de darle detalles al plan, entramos en los autos y partimos hacia el hotel. Mientras nos alejábamos, ella y yo mirábamos hacia el pequeño prado en donde nos habíamos refugiado, me di cuenta, de que había sido la primera vez que nos habíamos ido por nuestra cuenta y no por estar huyendo de zombis, tomamos la decisión de abandonar nuestro lugar seguro, solo para buscar otro sin haber tenido a cientos de esas cosas persiguiéndonos detrás. No sé como puede esto ser un gran logro para nosotros, pero lo es, y es algo que recordaremos por mucho tiempo.
Seguimos por la carretera, exactamente como la primera vez, pasamos a un lado por los mismos árboles, los mismo autos, y las mismas rocas de antes, nada había cambiado, nada había cambiado en menos de un día… Llegamos al tramo de carretera frente al lugar… algo realmente había cambiado: había un par de zombis parados en medio de los autos.
De inmediato nos detuvimos, la princesa bajó de la camioneta, sujetando en sus manos un desarmador, a un lado de ella, el mecánico, que llevaba una pala. Sigilosamente fueron acercándose a ellos, no se dieron cuenta de que ellos estaban allí. De un momento a otro, ella le brincó a uno de ellos por la espalda, y le enterró el desarmador en la cabeza. El tiró al otro zombi y le enterró la pala en el cráneo. En cuanto se aseguraron de que ambos estaban muertos regresaron con nosotros. Bajamos de los autos y lo primero que hicimos fue buscar vehículos con las llaves dentro.
Nos separamos en dos, para poder buscar mejor en las dos direcciones de la carretera. Ella encontró uno, el músico otro, yo encontré un par de camionetas y el mecánico un tráiler estrellado. Cuatro vehículos que podíamos usar, entre tantos que estaban atorados entre los demás autos. Llevamos los vehículos a la entrada, junto con la camioneta del día anterior. Había suficiente espacio como para poder meter nuestras cosas unas tres o cuatro veces.
Dejamos a la partera y a la niña en la entrada, junto con el resto de los vehículos. En cuanto pasamos uno de los jardines, la pestilencia comenzó, el maestro terminó en unos arbustos vomitando, mientras que el resto trataban de no terminar así. El hombre nos señaló donde estaba el comedor, no muy lejos de nosotros, dejamos al maestro con el veterinario y nosotros nos adelantamos. Ella y la princesa al ver la piscina llena de cuerpos se asquearon, sus rostros se volvieron pálidos y miraron hacia otro lado. No las culpo, realmente no lo hago.
Llegamos a las puertas de la cafetería, no habíamos tenido ningún encuentro con ningún infectado, y todo se veía igual que ayer. El hombre corrió hacia la parte de atrás del comedor, luego de haber brincado sobre varias mesas y sillas que había tiradas en el suelo. Nosotros caminamos con tranquilidad, viendo el lugar, los daños que hubo cuando probablemente todos salieron corriendo de aquí, huyendo por sus vidas; muchas de las mesas yacían en el suelo, algunas con un mantel aún sobre ellas. Las cortinas que debían de cubrir las ventanas estaban desgarradas, tanto por el tiempo como las tormentas recientes. Había algunas manchas de sangre en el suelo, manchas que aparecían sobre las mesas, en el suelo, cerca de la entrada y algunas ventanas. Había moho y hojas cerca de las ventanas. El lugar se veía realmente mal, por suerte no teníamos que estar demasiado tiempo allí.
El hombre nos habló, todos fuimos hacia el, nos mostró la puerta del almacén. Era una gran puerta de acero, y tenía una manija enorme, al igual que una cerradura lo suficientemente grande como para lograr cerrar la puerta. No esperábamos algo así, pero no teníamos alternativa, teníamos que entrar como fuese, esa comida era muy valiosa como para dejarla allí. Comenzamos a usar las herramientas que llevábamos. El hombre se llevó al mecánico para traer las otras herramientas, mientras nosotros tratábamos de abrir la puerta. Un martillazo al cerrojo, y lo único que le hicimos fue un rasguño; usé la llave perica, y logré aflojarlo un poco. Ella usó un desarmador y una aguja muy grande, metió ambas dentro del cerrojo y comenzó a moverlas de un lado a otro. Logró girar la cerradura un poco, su rostro se iluminó y en un instante logró abrir la puerta. Al mirar al interior del almacén todos nos sorprendimos; había comida hasta el techo, y el techo se encontraba a dos metros y medio del piso. Era solo comida enlatada y empaquetada, todo lo que no estaba allí: frutas, verduras y carne, estaba en el refrigerador, un lugar al que ni por estúpidos teníamos pensando en entrar. Era mucha, demasiada comida. Algunos salieron y fueron por los autos, y en unos segundos los tuvieron frente al edificio. El mecánico y el hombre llegaron con una caja de herramientas, un martillo de construcción y un hacha. Comenzamos a subir la comida a los autos; costales de arroz, frijoles, latas de atún, mas frijoles, verduras y frutas, algunos condimentos; aceite, endulzantes… había de todo. Rápidamente llenamos los autos de solo lo que nos pareció importante, necesario y que sabíamos que realmente podíamos comer. Tomamos algunos abrelatas, encendedores, cerillos y otras cosas de las alacenas. Aún quedaba mucho en el almacén, pero casi todo eran cosas que no podíamos preparar o condimentos innecesarios.
Los autos estaban casi repletos, y aún había algunos lugares donde meter mas cosas. Pensé en meter los costales, pero no había razón lógica. El hombre nos preguntó si usábamos leña, de inmediato le dijimos que sí, nos llevó a otro almacén, cerca del edificio principal, allí había muchos costales de carbón, los suficientes como para llenar los espacios vacíos de los autos. Subimos cuantos costales pudimos y vaciamos por completo el almacén. Todo estaba yendo perfectamente, demasiado bien… Y entonces ocurrió.
Una bengala salió de detrás del lugar, y de inmediato, cientos de pitidos, alarmas y disparos le siguieron. Poco a poco, de entre los arbustos, ellos comenzaron a levantarse. Los cientos de cuerpos en la piscina comenzaron a moverse, algunos brazos se alzaban entre ellos, en un instante, estábamos rodeados de infectados.
Ella corrió a uno de los autos, y logró subir al veterinario a el. El resto tratamos de hacer lo mismo, el hombre subió a uno, y pasó sobre varios zombis que estaban a un lado de la puerta de otro de los autos. La princesa corrió de inmediato, pero antes de lograr en entrar en la camioneta, un zombi la agarró del cuello. Ella logró detenerlo, evitar que la mordiera, y cuando tuvo la oportunidad, le enterró un cuchillo en la cabeza. Entró al auto y se fue. Yo seguía allí, junto con el resto. Logramos abrirnos paso entre los zombis, llegando a los autos. Estuve a poco de ser mordido, si no hubiera sido por el mecánico que estaba a un lado de mí estaría muerto ahora. Nosotros dos entramos a uno de los autos, los demás a los que quedaron. Tan pronto como nosotros estuvimos dentro salimos y fuimos con el resto. Los disparos seguían detrás de nosotros, no sé que estaba pasando allá atrás, pero estaban atrayendo a demasiados zombis. Tan pronto como el último auto se nos unió, salimos del lugar.
Fue algo sorprendente, todos logramos salir con vida, la primera vez que ocurría eso desde que había comenzado, y lo mejor, habíamos terminado con un montón de comida. No sé como lo hicimos, pero lo logramos, todos salimos con vida, nadie ileso. Aunque fue muy excitante y todo terminó bien, aún no puedo entender que fue lo que pasó en el bosque. ¿Alguien nos habría tendido una trampa? ¿Fue algún accidente? No lo sé, pero la forma en que de pronto, una vez que habíamos recolectado todo lo que pudimos, comenzaron a hacer ruido fue muy extraña. Sería cuestión de hablar con el resto para saber que opinan ellos.
Llevábamos varias horas en la carretera, era momento de descansar un poco. Nos detuvimos en medio del camino, nos estiramos un poco y nos sentamos a descansar. Todos vieron el botín que habíamos sacado, era inmenso, se podía ver que todos estaban sorprendidos por lo que juntamos. Pero no todo era alegría, la princesa se veía preocupada.
Mientras todos se preparaban para pasar la noche allí, la princesa se había alejado del grupo y se había ido a sentar a un lado del camino. Fui con ella y me senté a su lado. Le pregunté como se encontraba tras lo de la mañana, me dijo que muy bien, que no le había pasado nada, ella decía eso, pero su expresión decía otra cosa. Seguí hablándole y entró a la conversación el botín que habíamos ganado, le dije que fue sorprendente haber llegado a encontrar tanta comida, había sido un golpe de suerte, lo que ella me dijo después fue inesperado: en lugar de estar contenta, alegre o emocionada por haber encontrado comida, ella estaba cansada, y se veía de inmediato que estaba muy preocupada por algo, al preguntarle, me dijo que haber encontrado toda esa comida de hecho si había sido un gran golpe de suerte, y pero que era muy posible que no llegáramos a encontrar mas comida en mucho tiempo. Lo siguiente fue aún pero: me dijo como también habíamos tenido suerte al haber salido todos de allí con vida, algo que no nos había pasado nunca, me dijo que fue demasiado arriesgado, que fue incluso estúpido el siquiera haber pensando en llevar a todo el grupo. Sus palabras eran duras, pero ciertas, ella continuó: “Tuve suerte de haber logrado salir de allí sin ser mordida… pero no creo que vuelva a llegar a ocurrir. Tuvimos demasiada, demasiada suerte, no solo con la comida, con todo, tanta que no debemos de confiarnos las siguientes búsquedas que hagamos. Debemos de ir preparados, de pensar las cosas antes de aventurarnos en lugares desconocidos, y principalmente, evitar poner en riesgo la vida de cuantos podamos. Todos creemos en ti, todos esperamos lo mejor, y vemos tus decisiones como las mejores, pero en cuanto algo malo ocurra, todo el grupo se vendrá abajo y estaremos en problemas.” Ella dijo que todos confiaban en mí, no me esperaba eso… no esperaba que ella dijese nada de eso.
Cuando terminamos de hablar, le pedí disculpas y ambos regresamos con el resto del grupo. Teniendo en mente lo que ella había dicho reflexioné mucho sobre lo que había pasado en el día. Era cierto, puse en riesgo la vida de todos en el grupo, incluyéndola a ella y la niña. Quien hubiera pensado que alguien haría un montón de escándalo y provocaría que cientos de zombis nos atacaran… nadie, fue algo que ocurrió, algo que nadie pensó que pasaría, una de las cientos de cosas que pudieron haber pasado. ¿Nunca estaríamos seguros? Probablemente, muy probablemente nunca estaríamos seguros. Pensando un poco mas en las palabras de la princesa, supe de inmediato que no podíamos tomar decisiones tan repentinas o de un día para otro, no si no eran muy urgentes, habría que planear todo lo mas que pudiéramos, y pensar en todo lo que posiblemente ocurriría.

Esto ya no era un día de campo con amigos, esto ya era una batalla por la supervivencia, por tratar de vivir un día más en un mundo en donde la muerte nos esperaba a cada vuelta de la esquina, un mundo en que la muerte ya era algo cotidiano…

Sig.

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