Septiembre 1/3
Lunes
15 de Septiembre
La
niña nos contó que las rocas sobre la tumba del anciano se movían.
No le habíamos dicho sobre nuestra teoría, así que si ella se dio
cuenta de eso sin que le hubiéramos dicho era algo de lo que
preocuparse. Nos dijo que el anciano seguía vivo y se movía, le
explicamos lo que estaba ocurriendo y de inmediato se puso triste.
Todos
salimos a mirar la tumba. Nos sentamos alrededor de ella y esperamos
a ver si algo ocurría, no era que no le creyéramos a la niña, pero
debíamos de estar seguros que algo pasaba. Una vez más, una gran
nube nos cubría, lo que nos permitió quedarnos más tiempo allí.
Pasaban las horas y no había ningún movimiento, tal vez la niña lo
imaginó todo. Antes de que dijera algo, algunos disparos se
escucharon venir en la misma dirección que el río. Nos levantamos
de inmediato, las dos amigas llevaron a la niña y a la embarazada
dentro de la cabaña, el resto tomamos algunas cosas para defendernos
y luego nos escondimos.
Mientras
estaba escondido a un lado de la cabaña, comencé a ver como las
piedras sobre la tumba del anciano comenzaron a moverse. La tierra se
movía de lugar y las piedras rodaban alrededor. De inmediato le
avisé a ella y al mecánico. La princesa estaba escondida entre los
arbustos, no podía ver nada, ni podía escuchar como la llamaba, no
podía gritarle por que podía darles nuestra ubicación a quien
estuviera allí afuera. Mientras trataba de llamar su atención veía
como la mano del anciano comenzó a salir de entre la tierra, y muy
pronto una parte de su cabeza lo hizo. No logré evitarlo, me levanté
del piso, y le enterré la pala que llevaba en la cabeza, la princesa
me regañó por no haberme quedado en cubierto, pero luego se dio
cuenta de lo que había pasado.
Los
disparos cada vez se escuchaban mas cerca, pronto comenzamos a
escuchar gritos de personas. Ella dijo que podían necesitar ayuda, y
en realidad era cierto, los gritos no eran de dolor, ni gritos
agresivos, eran gritos de pánico, de personas vivas que gritaban por
sus vidas… La princesa vio a un zombi salir de entre los arbustos y
de inmediato fue a matarlo con el hacha que llevaba. De un momento a
otro, cientos de zombis comenzaron a aparecer entre los árboles. Uno
de ellos apareció por atrás y estuvo a punto de morder a la
princesa, si no hubiera sido por alguien que le disparó al zombi
ella estaría muerta ahora.
Al
mirar de donde vino el disparo vimos a alguien bajar un arma, detrás
de la persona otras cuatro aparecieron corriendo, derribando a un
zombi para luego destazarle la cabeza. Mientras los zombis aparecían
entre los arbustos y los árboles nosotros y el otro grupo corrimos
hacia el interior de la cabaña. En el suelo estaba la mujer
embarazada y la otra amiga a un lado de ella. Al vernos de inmediato
nos dijo que había roto la fuente luego de escuchar los disparos.
Logré ver por un hueco en la ventana y miré como los zombis
comenzaban a reunirse alrededor de la cabaña. De inmediato le ordené
a ella y a la otra amiga que comenzaran a tomar las cosas y las
metieran en cajas y mochilas. El mecánico y yo movimos algunos
muebles hacia las ventanas esperando a que no lograran entrar. La
princesa y la amiga estaban tratando de poner algunas toallas debajo
de la embarazada.
Los
del otro grupo estaban muy acelerados, y cuando vieron que un zombi
había logrado meter el brazo por una de las ventanas de inmediato
fueron a cortárselo. Cada vez que veían a un zombi inmediatamente
iban a matarlo. Se veían peligrosos, pero sabía que únicamente
querían salvarse, y salvarnos. La princesa y la amiga llevaron a la
embarazada arriba. Ella y la otra amiga habían terminado de
recolectar la comida cuando un zombi las atacó por detrás, no logré
ayudarlas ya que estaba contra un mueble evitando que los zombis lo
derribaran. Una de las mujeres del otro grupo pateó al zombi que se
encontraba sobre la amiga y luego le enterró un cuchillo en la
cabeza. Ella ayudó a las dos a levantarse y luego comenzó a
levantar las latas que se habían salido de las mochilas al caerse.
Actuaban bruscamente, pero lo que yo creía de ellos era cierto,
actuaban así por el bien de los demás. Al mirar una última vez por
uno de los huecos de la ventana logré ver como rompían el cristal y
tiraban el mueble frente a ellos. De inmediato me alejé ya que iban
a atacarme primero a mí, al momento de quitarme el mueble que yo
empujaba se vino a bajo, y aún más zombis entraron. Tratamos de
matar a cuantos entraban, pero eran demasiados.
Los
zombis entraban por todas las ventanas, y en cuanto se levantaban
iban hacia nosotros. Mientras eran pocos se nos hizo fácil matarlos,
pero en cuanto comenzaron a entrar en grupo nos dimos cuenta de que
no lograríamos detenerlos a todos, así que decidimos subir al
segundo piso. En cuanto tuvimos el camino despejado corrimos,
mientras corríamos, la amiga gritó de horror, y cuando nos dimos
vuelta encontramos a un zombi mordiéndola en el cuello. Yo quise
correr a ayudarla, pero una chica del otro grupo me dijo que ya no
había nada que hacer. Ella gritaba de dolor mientras otros zombis se
iban acercando y la mordían. Era horrible, pero nos dio la
oportunidad de lograr matar a más zombis. Bajamos y le quitamos los
zombis de encima, era muy tarde, ya estaba muerta. La chica de antes
alzó su pedazo de tubería y se lo enterró en la cabeza a la chica.
Al menos ella no se volvería uno de ellos. Los zombis habían estado
tan distraídos por los gritos que no se habían dado cuenta de
nosotros, así que cuando nos vieron no lograron hacer mucho para
evitar que les destrozáramos la cabeza. En unos minutos, ya no había
zombis dentro de la cabaña. Había cuerpos en todo el suelo y era
una pestilencia horrible, pero al menos ya no había zombis “vivos”
dentro de la cabaña. Recordamos que la embarazada estaba dando a luz
no hace mucho, de inmediato subimos y la buscamos en las
habitaciones.
Cuando
encontramos a la otra amiga y a la embarazada, la embarazada estaba
en parto. La amiga le decía a ella que pujara cada cierto tiempo, y
la embarazada seguía sus órdenes sin pensarlo. Alguien del otro
grupo se acercó a la embarazada y comenzó a darle órdenes mas
precisas, nos pidió mantas y cobijas, una toalla y un montón de
otras cosas. Uno de los del otro grupo nos dijo que la chica era
partera, así que sabía muy bien lo que hacía. Nos pidió salir de
la habitación. Llevamos a la niña a otra habitación y la dejamos
allí, no íbamos a dejar que viera la masacre que había en el piso
de abajo.
Al
bajar, la pestilencia de los cuerpos comenzaba a volverse
insoportable, salimos de la cabaña y comenzamos a explorar los
alrededores. Encontramos a varios zombis caminando alrededor de la
cabaña, también cerca de los árboles. Uno de ellos nos vio antes
de matarlo, no como el resto que simplemente estaban parados sin
hacer nada. Tal vez tres o cuatro zombis nos atacaron mientras
estábamos limpiando los alrededores, había visto tantos en un solo
día que simplemente había perdido la cuenta de los encuentros que
tuvimos.
Comenzamos
a juntar los cuerpos que habíamos dejado alrededor de la cabaña y
los juntamos todos a un lado de ella. Cuando íbamos a comenzar a
sacar los cuerpos de la cabaña ella dijo que iría a ver como estaba
la niña, y tan pronto como pudo se alejó de los cuerpos. No la
culpo, había una peste horrible, y los montones de cadáveres
destazados no hacían muy placentero estar ahí. Poco a poco
levantamos los cuerpos y los llevamos junto a los otros. Había
sangre en todos lados, en los muros, sobre los muebles, y en su mayor
parte en el suelo de madera. Nuestra ropa también estaba llena de
sangre, pero no nos preocupamos por ella en ese momento.
Mientras
recogíamos los cadáveres, pedazos de cuerpo caían al suelo,
estaban tan podridos que se caían a pedazos, literalmente. En poco
habíamos sacado todos los cuerpos, el de la amiga lo pusimos aparte,
la otra debería decidir que se le haría, y antes de eso saber que
ella había muerto. Podíamos hacer tres cosas; quemar los cuerpos,
enterrarlos, o llevarlos y dejarlos lejos de la cabaña. Podíamos
pensar eso después, ahora debíamos de ir a darle la noticia a la
amiga.
Entramos
a la cabaña, los del otro grupo se ofrecieron a ayudarnos a limpiar
la sangre y a arreglar un poco mientras nosotros íbamos a darle la
noticia a ella. Subimos las escaleras, el mecánico se quedó abajo
para vigilar a los otros, no les tenía confianza. Al subir y abrir
la puerta, encontramos a la amiga y a la niña viendo una película
con audífonos puestos, fue una buena idea hacerlo, había demasiado
ruido allá abajo. Lo primero que hizo fue preguntar por ella, y
cuando no le respondimos su rostro se llenó de miedo, de tristeza y
luego de enojo, su expresión cambió drásticamente a una de furia
mientras se repetía una y otra vez: “esto no está pasando, no, no
está pasando”. Comenzó a llorar y de pronto preguntó por el
cuerpo de ella. Bajamos y la llevamos hasta él, antes de haber
subido habíamos cubierto el cuerpo con una cortina, así que cuando
bajamos ella no vio el daño que le habían dejado las mordidas.
Se
dejó caer al suelo, tomó su mano y lloró. Pasaron horas y ella
seguía allí, a un lado del cuerpo de su amiga. Estuvimos tomando
turnos para vigilarla y ofrecerle comida o agua, pero en todas las
ocasiones se reusó. Poco a poco la cabaña dejó de apestar a
muerte, pero comenzó a oler a jabón por tanto que usábamos para
limpiar la sangre. Al llegar la noche habíamos limpiado
prácticamente toda la cabaña y la habíamos dejado lo mas cercano
posible a como era antes.
Las
ventanas estaban destruidas, y con los pocos muebles que quedaron
intactos tratamos de bloquear cuantas pudimos, movimos los autos a
los lados de la cabaña para tener un poco mas de protección. La
amiga entró a la casa cuando había oscurecido, comió un poco y se
fue a dormir. La amiga, ella y la niña se quedaron en una
habitación, los otros se quedaron en la habitación del anciano, yo
y el resto en la habitación a un lado de donde se encontraba la
embarazada. Antes de irnos a dormir, yo y ella fuimos con la
embarazada, seguía en parto, la mujer que la estaba ayudando, la
partera, nos dijo que había problemas con el bebé, debíamos de
sacarlo cuanto antes… había muerto. El mecánico se quedó a
ayudarla, mientras que al resto nos dijo que debíamos de dejarlos
solos para evitar estresar a la embarazada. Fuimos a dormirnos.
Martes
16 de Septiembre
Durante
la madrugada, los gritos de la embarazada me despertaron. Cuando fui
a ver que estaba ocurriendo, vi como había sangre en el suelo frente
a la embarazada, el mecánico cargaba algo en sus brazos y la partera
trataba de calmar a la embarazada. Cuando estuvo calmada le pidió a
el que le diera al bebé, debía de saberlo, eso que cargaba era el
bebé, pero no había llanto, no había movimiento… No había
recordado en ese momento, pero en la noche ella nos dijo que el bebé
había muerto. La embarazada preguntó por su bebé, la partera le
dijo que no lo había logrado, y ella se soltó en llanto. Les pidió
que le entregaran al bebé, la partera no quiso, pero ella siguió
insistiendo hasta que el mecánico se lo entregó. Ella lo abrazó,
como si realmente estuviera vivo, comenzó a susurrarle y a besarle
la frente. De pronto, ella comenzó a gritar llena de dolor, mas
sangre comenzó a salir debajo de ella. La partera de inmediato tomó
unos trapos y los puso debajo de la embarazada, ella gritaba de dolor
mientras abrazaba con fuerza al bebé.
Ella
me ordenó ir por más mantas para poder controlar la hemorragia que
la embarazada tenía. Salí y me dirigí a mi habitación, tomé las
sábanas de la cama y las llevé con ellas. Ella de inmediato las
tomó, la sangre no paraba, y conforme salía ella nos entregaba las
mantas ensangrentadas. Se podía ver su desesperación mientras
trataba de detener la hemorragia que tenía la mujer, y conforme
seguía sangrando la mujer comenzaba a ponerse pálida. En cuanto la
partera nos miró, supimos que no habría mucho que hacer desde ese
momento. Ella se limpió la sangre de las manos, se acercó a la
mujer y le sujetó la mano. No logré escuchar que le estaba
diciendo, pero parecía que ayudaba a que dejara de gritar. Ella
sujetaba al bebé en sus brazos, y en sus últimos minutos lloró
sobre él. La partera seguía a un lado de ella, y cuando la
embarazada cerró los ojos por última vez, ella colocó al bebe a un
lado de ella. Se levantó y nos miró.
Sabíamos
lo que debíamos de hacer, ¿pero debíamos de hacerlo también con
el bebé? Sabíamos que no era lo correcto, y creo que ninguno de
nosotros había pensando en unas situación como esta. La partera
tomó unas tijeras y las enterró en la cabeza de la embarazada, nos
miró, y le dije que no haríamos nada con el bebé. Levantamos ambos
cuerpos y salimos, comenzamos a cavar una tumba para ambos, y cuando
estuvo lo suficientemente profunda la colocamos a ella y luego al
bebé sobre sus brazos. Los cubrimos a ambos con tierra y movimos uno
de los autos sobre la tumba. Regresamos a la cabaña y dormimos, o al
menos eso traté de hacer.
En
la mañana, el grupo preguntó por la embarazada, les dimos las
noticias de su muerte. Todos estábamos cansados, tristes, y
deprimidos por lo que había pasado el último día. Uno de los otros
preparó el desayunó, nosotros apenas podíamos pensar en otra cosa
que no fuera en quienes murieron. Todos desayunamos, terminamos, y
salimos de la cabaña. El otro grupo de inmediato se dio cuenta de lo
deprimidos que estábamos, y comenzaron a tratar de animarnos. La
partera se sentó conmigo, ella y la niña, y comenzó a platicar de
lo que hacía antes de que el mundo se viniera abajo. Ella ayudaba a
las madres que no podían pagar un hospital, a poder dar a luz,
aunque también le ofrecía sus servicios a quienes querían un parto
natural. Al parecer el tema de los bebés y el embarazo animó un
poco a ella, pero emocionó a la niña, en mi caso, simplemente me
hizo pensar que podría ser posible que nunca volveríamos a ver a un
bebé.
No
recuerdo que fue lo que dijo, pero nos animó a los tres. Ocurrió lo
mismo con el resto, algo les dijeron que los animó. Eran buenas
personas, y aunque parecía que iban a tratar de robarnos la comida y
los vehículos, nunca lo hicieron.
Decidimos
ir a talar árboles, el ataque había dejado al descubierto casi
todas las ventanas y era muy fácil que algo se metiera. Encontramos
un lugar cerca de la cabaña, y en cuanto pudimos comenzamos a talar.
Poco a poco comenzamos a llenarnos de pedazos de madera, no eran muy
grandes ni parecían resistentes ya que estábamos sacando la madera
de árboles pequeños, pero con bastantes de ellos, podríamos
protegernos bien. Uno de los del otro grupo era un veterinario, nos
platicó que cuando todo comenzó decidió soltar a los perros y al
resto de los animales que su jefe tenía en su veterinaria. Nos contó
que su jefe los maltrataba y que siempre había querido soltarlos, y
que al momento que comenzaron ha hablar de que los muertos se estaban
levantando, corrió, tomó las jaulas y las abrió, inmediatamente
renunció y fue a su casa. Otra de las personas, un maestro de
geografía, nos contó sobre el área geográfica en la que nos
encontrábamos, no me interesó ni un poco lo que decía, nunca había
sido bueno en geografía, y eso me había alejado de esa materia.
Aunque me pareciera, o más bien, nos pareciera aburrido, era muy
buena información considerando que estábamos en un lugar
desconocido y el era el único que lo conocía. Los cuatro, el
mecánico, el veterinario, el maestro y yo, regresamos a la cabaña
al atardecer, llevábamos varios costales llenos de madera, no
servirían de mucho, pero harían algo.
Las
mujeres estaban preparando la cena, la partera y ella cocinaban
frijoles de lata y la princesa preparaba una ensalada con algunas
otras cosas que no logré ver. La niña estaba en el sofá junto a la
amiga.
Desde afuera alguien nos gritó, eran los otros dos del otro grupo, una mujer, y un hombre. Todos salimos, y nos encontramos con los dos parados frente a las tumbas de la embarazada y la otra amiga. Se sentían mal por lo que había pasado así que habían decidido hacer un entierro como debía de ser. Realmente no sabía como tenían pensado hacer un entierro para dos personas que no habían conocido, pero cuando comenzaron a hablarnos para decir algunas palabras sobre ellos, me di cuenta de lo que querían hacer.
Desde afuera alguien nos gritó, eran los otros dos del otro grupo, una mujer, y un hombre. Todos salimos, y nos encontramos con los dos parados frente a las tumbas de la embarazada y la otra amiga. Se sentían mal por lo que había pasado así que habían decidido hacer un entierro como debía de ser. Realmente no sabía como tenían pensado hacer un entierro para dos personas que no habían conocido, pero cuando comenzaron a hablarnos para decir algunas palabras sobre ellos, me di cuenta de lo que querían hacer.
No
los conocían, así que con las cosas que diríamos de ellos podrían
conocerlos un poco mejor. La primera que pasó fue ella, quien dijo
muchas cosas sobre ellas dos, había cosas que incluso yo no conocía,
como que el esposo de la embarazada la había abandonado el día que
supieron lo del embarazo. Poco a poco fuimos pasando a hablar, había
muchas cosas que no sabía de ninguna de las dos, y muchas cosas que
el resto tampoco sabía, creo que fue lo mejor que pudimos hacer. El
último que pasó fue la amiga. Nos platicó básicamente la vida de
ella, nos reveló muchos secretos que tenían entre las dos, nos
habló de los mejores momentos que pasaron… Fue muy emotivo, y
además de que funcionó como una forma para decirles un último
adiós ambas, también hizo que la amiga se animara un poco luego de
haber cerrado el ciclo con ella.
La
amiga terminó de hablar, y en lugar de soltarse en llanto como había
pensado que haría, les dio las gracias a ellos dos por haber hecho
esto, luego preguntó por la comida. De inmediato entramos a la
cabaña, servimos comida para todos y nos sentamos a comer. Fue muy
calmado, el único ruido aparte de las cucharas golpeando los platos
era el de algunos grillos. Terminamos y sólo unos fueron a dormir.
El resto nos quedamos limpiando la mesa y charlando un rato.
Los
que quedamos hablamos de lo que hacíamos antes de que ocurriera
todo; uno de los otros era músico, daba clases de música y
participaba en eventos públicos con su pequeña agrupación, y la
otra chica era niñera. Estuvimos hasta tarde hablando, claro, fuimos
al segundo piso para evitar que nuestra charla llegara a atraer a
varios zombis, terminamos y todos fuimos a dormir.
Viernes
19 de Septiembre
Los
días han pasado, hemos bloqueado las ventanas con madera y hemos
puesto una pequeña vaya improvisada alrededor de la cabaña. No
habíamos ido al río desde la muerte del anciano, y en la mañana
que fuimos nos encontramos con varios cuerpos. No podíamos pescar
allí, no con los cuerpos contaminando el agua. Los tomamos y los
movimos, luego seguimos el río hacia arriba. Encontramos un nuevo
lugar lleno de peces, se encontraba lejos del punto anterior, pero
era mejor estar seguros que los cuerpos no habían infectado el agua
en esa parte.
El
maestro, la niñera, la princesa, la amiga, el mecánico y yo
estábamos en la orilla del río. Unos pescaban, el resto esperaba ya
que sólo teníamos dos cañas. Algo hizo que la niñera se riera,
creo que fue algo que el maestro le dijo, pero enfadó horriblemente
a la amiga. Comenzó a gritar, a reclamar, a culparlos por haber
matado a su amiga. Tratamos de calmarla pero seguía gritando, dijo
que no les importaba una mierda lo que estaba ocurriendo y por eso se
reían como si todo estuviera bien. No la culpo, era extraño ver a
alguien reírse luego de lo que habíamos pasado, pero simplemente no
pude entender lo que hizo después.
Con
furia tomó una pistola y la apuntó a la cabeza de la niñera, y
mientras gritaba le disparó. Cientos de aves salieron volando de los
árboles que nos rodeaban al momento del disparo. El cuerpo de la
niñera cayó al suelo mientras el maestro le quitaba el arma de la
mano a la amiga. La princesa estaba parada viendo el cuerpo de la
niñera mientras el mecánico sujetaba a la amiga. De entre los
árboles zombis comenzaron a salir, de inmediato tomé los pescados y
los metí en una mochila y de inmediato tomé a la princesa del
brazo. Los otros dos se dieron cuenta de los zombis y cuando iban a
correr vieron que la amiga estaba en el suelo, mirando fijamente el
cuerpo ya sin vida de la niñera. Trataron de levantarla pero ella no
hacia el mínimo esfuerzo por levantarse, e incluso parecía que
quería quedarse allí. Los dos decidieron abandonarla y nos
alcanzaron a la princesa y a mí un poco mas adelante.
Teníamos
que correr lo más rápido que pudiéramos para evitar que nos
siguieran hasta la cabaña. Habíamos llegado a donde pescábamos, no
había ningún zombi cerca, nos detuvimos a recuperar el aliento. La
amiga había explotado allá atrás y terminó matando a alguien.
Miré a los demás, la princesa estaba mejor que antes, el maestro se
veía triste, y el mecánico tenía una expresión de incertidumbre
en su rostro. Fue tan rápido que apenas logramos hacer algo para
detenerla. No se veían zombis cerca, así que regresamos a la cabaña
caminando.
Cuando
el resto nos vio llegar sin la amiga y la niñera de inmediato
comenzaron a preguntar, les explicamos lo que había ocurrido y tan
pronto como les dijimos que la amiga la había matado comenzaron a
preguntar por que no la habíamos detenido. Nosotros nos hacíamos la
misma pregunta, por que no la detuvimos en cuanto nos dimos cuenta de
lo que iba a ocurrir. Llevé los pescados al interior de la cabaña y
luego salí junto al resto. Les dije que teníamos que entrar a la
cabaña, los zombis podrían vernos allí afuera.
Dentro
de la cabaña ella y la princesa fueron a sacar los pescados de la
mochila y de inmediato los comenzaron a lavar. Creo que era la única
forma en que ellas dos podían lidiar con la muerte de las otras dos.
El resto estaba pegado a las ventanas y sentados en el comedor,
probablemente pensando en los zombis y en lo que acababa de ocurrir.
Las
dos chicas comenzaron a cortar los pescados, me hablaron a mí y al
mecánico para ayudarlas. Ella preguntó por lo que pasaría después,
al principio no la entendí, pero luego supe la razón de su
pregunta; había zombis cerca de nosotros cuando ocurrió lo del
disparo, y aparecieron casi de inmediato una vez que el disparo se
dio. Era muy probable que hubiera más zombis en el área, muchos más
de lo que pensábamos que había. Si eso era cierto, entonces no
podíamos quedarnos mucho ya que en cualquier momento nos
encontrarían. Una vez que entendí la razón de la pregunta les
expliqué a los otros dos el asunto, de inmediato sugirieron que nos
teníamos que ir, ella también lo sugirió. ¿Pero qué pensarían
los demás? Corté un par de pescados y fui a decirles al resto.
Les
expliqué el asunto, y les recordé los zombis que nos atacaron en la
tarde. Los cuatro pensaron un poco, pero de inmediato llegaron a la
misma conclusión que nosotros: debíamos de irnos cuanto antes.
Al principio, cuando habíamos decidido que la mañana del día siguiente nos iríamos, comencé a pensar en lo que estábamos perdiendo: un lugar donde podíamos dormir, donde podíamos comer, un lugar en donde nos sentíamos a salvo, la oportunidad de despertar sobre una cama, la comida… estaríamos perdiendo mucho, pero principalmente, estaríamos abandonando aquello que llamábamos “hogar”. Pero en cuanto recordé que estábamos haciendo eso por el bien del grupo dejé de pensar en ello. Comenzamos a meter la comida dentro de los autos, ropa, cobijas, cosas que nos serían muy útiles; baterías, gasolina, aceite, cerillos y encendedores, algo de leña, lonas de plástico, etc. Llegada la noche cenamos, y fuimos a dormirnos.
Al principio, cuando habíamos decidido que la mañana del día siguiente nos iríamos, comencé a pensar en lo que estábamos perdiendo: un lugar donde podíamos dormir, donde podíamos comer, un lugar en donde nos sentíamos a salvo, la oportunidad de despertar sobre una cama, la comida… estaríamos perdiendo mucho, pero principalmente, estaríamos abandonando aquello que llamábamos “hogar”. Pero en cuanto recordé que estábamos haciendo eso por el bien del grupo dejé de pensar en ello. Comenzamos a meter la comida dentro de los autos, ropa, cobijas, cosas que nos serían muy útiles; baterías, gasolina, aceite, cerillos y encendedores, algo de leña, lonas de plástico, etc. Llegada la noche cenamos, y fuimos a dormirnos.
A
pesar de que ya habían pasado horas desde que todos se habían ido a
dormir, no podía conciliar el sueño. Ella y la niña estaban
dormidas en mi cama, no querían dormir solas. El rostro de ella, su
rostro inocente me hizo sonreír al mirarlo desde el sofá en donde
estaba recostado. La luz de la luna le llegaba por detrás, y
realzaba su cabello. No me había dado cuenta de esto en el último
mes por lo que había ocurrido, pero ahora que me fijaba con detalle,
ella era hermosa.
Sábado
20 de Septiembre
En
la madrugada escuché algo en el piso de abajo, bajé y me encontré
a la niña comiendo unos dulces. Le dije que era muy peligroso que
estuviera abajo, me contestó diciendo que los dulces la calmarían.
La llevé de nuevo a la habitación, pero mientras subíamos las
escaleras escuché el crujir del piso de madera. Lentamente me di la
vuelta, y allí estaba, un zombi que comenzó a caminar hacia
nosotros en cuanto nos vio. Le ordené a la niña correr a la
habitación. Tomé lo primero que encontré, un sartén, y ataqué al
zombi. Le acerté varios golpes antes de haberme dado cuenta de que
ya lo había matado. Solo había sido uno, pero fue suficiente como
para haber hecho que la niña los despertara a todos. Los vi mirarme
desde las escaleras, con los ojos semi-abiertos y con una mirada
cansada. De pronto, la partera vio algo con terror, y cuando me di la
vuelta para ver que era me encontré con un par de zombis apareciendo
a un lado de la puerta. De inmediato me levanté y el mecánico se
puso a mi lado, entre los dos matamos a los dos zombis, yo con el
sartén, y el con un cuchillo. Estábamos tan ocupados encargándonos
de que los zombis no regresaran, que no nos dimos cuenta de que no
eran los únicos. La niña fue la primera en verlos, y cuando lo hizo
gritó. Nos paramos y les ordenamos a todos correr hacia los autos.
Todos
salieron por la puerta y fueron directo hacia los autos, unos
entraron a unos, y el resto a otros. Tan pronto como todos estuvimos
en los autos salimos de allí. En nuestra huida arrollamos a tal vez
cuatro o cinco zombis, que llenaron el cristal de fisuras. El pequeño
camino de tierra que antes nos había parecido seguro, ahora estaba
lleno de zombis, piedras y cosas que volvieron nuestra huida mucho
peor de lo que ya era. Ella y el resto estaban en los autos de atrás,
yo y el mecánico éramos los que estábamos al frente, limpiando el
camino para los demás. Salimos a la carretera, y allí arrollamos a
un par de zombis que estaban entrando por el camino. Salimos y
esperamos al resto, no estaban muy detrás de nosotros, pero tardaron
en alcanzarnos.
Por
un momento pensé que había ocurrido lo mismo que en la ciudad, que
no lograrían salir y que los perderíamos a todos, y antes de que
decidiera salir del auto la pequeña caravana salió. Aún estaba
oscuro, pero sabía que estaban todos los autos. Puse en marcha el
auto y salimos todos juntos de allí. Llegamos a un pequeño prado
luego de estar varios minutos en la carretera, nos estacionamos y
todos salimos de los autos. Seguía estando muy oscuro, no pudimos
ver sin tener que sacar nuestras linternas. La luz nos afectó a
todos en cuanto la vimos, seguíamos adormilados y la luz nos
deslumbró. Una vez que logré ver bien, vi el estado en el que
habían quedado los vehículos: estaban llenos de golpes y sangre,
además de que muchas de los cristales se habían llenado de golpes.
Lo
primero que se nos ocurrió hacer fue una pequeña fogata con los
leños que nos quedaron y de inmediato todos nos reunimos alrededor.
Hacia frío, mucho frío, no podía creer que habíamos perdido la
cabaña. Estuvimos un par de horas frente a la llama, nos daba calor,
pero no era lo mismo que estar cubiertos con cobijas y en una
habitación cerrada. De vez en cuando una brisa helada llegaba.
Nuestra primera noche en el exterior después de dos semanas de estar
resguardados… se sentía como si nunca hubiéramos estado afuera.
Nosotros éramos los que nos veíamos mal, los que nos quejábamos
del clima, los otros apenas decían algo relacionado a ello, debieron
de haber pasado mucho tiempo afuera.
El
sol comenzó a alzarse sobre el campo. El cielo se tornó de un color
rojizo, y conforme se elevaba el sol este se iba aclarando. Cuando el
cielo se tornó rosado ya no hacía tanto frío como antes. De vez en
cuando miraba la carretera por donde habíamos llegado, pensaba que
en cualquier momento los zombis aparecerían en el horizonte. El
fuego comenzó a apagarse luego de que dejamos de echarle leña.
Antes de que se terminara decidimos calentar un poco de comida.
Cuando el fuego se terminó y una columna de humo comenzó a brotar
de los leños ya habíamos terminado de desayunar y habíamos
comenzado a planear lo que haríamos después.
Mis
padres, ¿estarían bien?... No había pensado en ellos desde la
última vez que hablamos antes de que se fueran de la ciudad. Recordé
a mi madre decir que ella se había ido con mi tía, con su hermana.
Podría existir la pequeña posibilidad de que ella seguía con su
hermana, y que las dos estaban seguras. Les dije a todos sobre ella,
les dije que podríamos ir a buscarla y si era seguro podíamos
quedarnos allí. Lo que me dijeron los otros no fue muy
reconfortante. Ellos venían de allí, de la misma ciudad a la que mi
madre había ido, y tan pronto como los zombis aparecieron la ciudad
se transformó en un campo de guerra. Ellos se resguardaron en una
casa y esperaron a que todo terminara, pero en cuanto el gobierno
detuvo las evacuaciones decidieron irse. En su huida no vieron a
ningún otro sobreviviente, únicamente zombis.
Su
historia, pasaron por básicamente lo mismo que nosotros, por
excepción de que ellos estuvieron un par de semanas en la
intemperie, huyendo de los zombis que los habían perseguido desde la
ciudad. Me quedé sin ideas de que hacer. Si la ciudad se había
vuelto un caos y hubo evacuaciones, podía significar que mi madre
aún podía seguir en la ciudad, o que la habían evacuado, o en el
peor de los casos, que había muerto. Podíamos ir a buscarla, pero
eso significaría arriesgar a todo el grupo, además, entrar en una
ciudad infestada no era lo mejor que podíamos hacer.
El
resto del día pasó, seguíamos pensando a donde podíamos movernos.
No podíamos quedarnos allí, no con el invierno acercándose y las
tormentas amenazando a todas horas. Medio día, el sol era horrible,
no podíamos entrar a los autos ya que hacía demasiado calor, y no
podíamos quedarnos afuera por que el sol era muy fuerte. Ella y la
princesa recordaron que habían sacado un par de lonas de la cabaña.
Ataron dos de los extremos a unos postes que cruzaban frente a
nosotros y los otros dos a un poste de teléfono. Bastante
interesante lo que se les había ocurrido. Tan pronto como terminaron
de atar los extremos nos rodeamos con los autos y bajamos algunas
cosas de ellos. Nunca me hubiera imaginado hacer algo así. El sol
dejó de golpearnos, y el viento ya no era tan fuerte por los autos
que lo rompían.
Mientras
pasó el resto del día pensé en lo que habían hecho las chicas:
nos habían dado un refugio. No creí que hubiéramos llegado a
conseguir uno tan pronto, no en las circunstancias en las que
estábamos. El mecánico se me acercó y me sugirió quedarnos, no
sabíamos a donde ir, no sabíamos si quiera en que lugar estábamos,
creo que su sugerencia era la mejor que tuvimos en el día. Tan
pronto como terminé de pensar en su idea les dije al resto, todos
estuvieron de acuerdo con quedarnos y de inmediato prepararon el
lugar. Esto no sería como ir de campamento, aquí deberíamos de
buscar comida cuando se nos acabara, cargar con armas para
protegernos, cuidarnos de los zombis y de las posibles personas que
llegaran a aparecerse.
No
había mucho que hacer, las dos chicas estaban dándole un toque
hogareño al campamento, habían puesto algunas sillas alrededor de
la fogata, los otros vigilaban los alrededores del campamento,
esperando a que ningún zombi llegara a aparecerse. La niña estaba
jugando con una pequeña muñeca… No sé como le habían hecho,
pero ya habían logrado olvidar lo que había pasado en la mañana,
como tuvimos que pasar por en medio de una enorme horda de zombis…
Yo simplemente me encontraba sentado en el suelo, mirando al cielo, a
las nubes, mientras recordaba a los que habíamos perdido en la
semana… Y pensar que todos me creían el más fuerte del grupo.
Llegó
la noche, la fogata se encendió y poco a poco fuimos rodeándola
para calentarnos un poco. A un lado de la fogata arrojamos las latas
de comida que vaciábamos. Ya no podíamos comer tanto como antes, no
sin tener árboles frutales o un río de donde sacar mas alimento,
debíamos de comenzar a guardar tanta comida pudiéramos. Terminamos
de comer y nos quedamos sentados frente al fuego, sobre las sillas o
directamente en el suelo. No sé que pensaban los demás en ese
instante, pero en mi caso, no dejaba de recordar la muerte de los
otros, la horrible forma en que nos dejaron… No debería de estar
pensando en eso, lo sé, pero no pudo quitarme de la cabeza la idea
de que en cualquier momento puedo terminar así.
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