14 may 2014

Pequeñas Princesas: Creciendo Parte 1/3

"El mundo que conocían se desmoronó frente a las tres princesas. Sus súbditos fueron quienes las llevaron a su ruina, y a su perdición... Ellas tan solo buscaban el bien de su pueblo, pero lo único que consiguieron fueron sus propias sentencias de muerte..."

"Pequeñas Princesas" Narra la historia de tres niñas, tres niñas cuyas vidas eran normales y tranquilas, vidas que, seguidas por diferentes eventos y tragedias, quedan marcadas por el resto de sus días; marcas que se vuelven tan pesadas que las llevan a tener un desenlace fatal.

Había una vez una pequeña princesa, que todo el tiempo se la pasaba en su cuarto, no por que sus padres la castigaran mucho, no, era por que ella siempre estaba con sus muñecas; pequeñas y delgadas muñecas inundaban su habitación, tenía repisas colgando en cada muro, y cada una de ellas repleta de muñecas, todas con vestidos, peinados, tonos de piel, tipo de cabello y rostros diferentes. Eran muñecas delgadas, de esas que parecían ser modelos de ropa y no las muñecas baratas que se vendían en el mercado de la zona, esas que parecían bebés enormes con sobrepeso. Ella siempre había preferido ese tipo de muñecas a las otras, no solo era por el hecho de que eran un poco más costosas, si no que eran mucho más pequeñas y era más fácil el poder llevarlas de un lugar a otro.
Las quería mucho y las cuidaba como si fuesen reales, como si estuviesen vivas: las cepillaba, les cambiaba sus vestidos por otros, las bañaba, les cortaba el cabello, las pintaba, incluso las alimentaba; todo lo hacía como si estuviesen vivas. Cuando salía de su habitación siempre llevaba al menos tres muñecas consigo; una con un vestido azul, que ella decía evitaba que los duendes le quitaran el sabor a la comida que podría consumir; una con un vestido rojo, que ella decía, que le permitiría combatir contra cualquier enemigo que se le pusiera enfrente; y al final, una muñeca con un vestido gris, un vestido desgastado y lleno de rasgaduras, un vestido que parecía haber sido arrastrado por el suelo, usado como trapo para limpiar y como servilleta repetidas veces, un vestido que había sido golpeado brutalmente por el paso del tiempo. En comparación con el resto de las muñecas, esta última era la mas vieja de todas, y había acompañado a la pequeña princesa desde el inicio. Siempre que alguien le preguntaba que era lo que esa muñeca hacia, que no siempre explicaba como con las otras dos, ella respondía con lo mismo: “Ella lo único que hace es hacerme feliz”. Una respuesta que no parecía fuera de lo común en ningún sentido.
Un día, la pequeña princesa se encontraba peinando a sus muñecas, el peine se atoró en el cabello rubio de una de ellas, ella jaló y jaló para desatorar el peine, pero sus esfuerzos fueron en vano, e incluso se atoraba aún mas en el cabello con cada tirón. Un último jalón sacó el peine del cabello, pero llevándose consigo una gran parte de la cabellera de la muñeca, más de la mitad del mismo.
La princesa lloró por horas, había lastimado a su muñeca, a la muñeca del vestido verde que hacía que las flores floreciesen cada día. Su madre, la reina, no había escuchado el llanto de su hija hasta que al ver que no aparecía durante la cena fue a buscarla. La encontró llorando a los pies de su muñeca, y a un lado de ella, el peine con el pedazo de cabello yacía en el suelo. Ella se acercó a la princesa, quien no paraba de llorar.
—¿Qué ha pasado? —Preguntó la reina mientras se hincaba frente a ella.
—Estaba peinando su cabello, el peine se atoró, y cuando traté de sacarlo se lo arrancó —Contestó la princesa mientras le mostraba la muñeca y el peine con el cabello entre los dientes del mismo. Ella continuó llorando inconsolablemente.
—Deja de llorar, es algo fácil de arreglar, solo mírame y ve como tu muñeca queda como antes.
La reina se levantó, tomó unas tijeras y tomó a otra muñeca que tenía el cabello muy largo, tan largo que llegaba hasta sus pies. La princesa dejó de llorar mientras veía a su madre cortarle parte del cabello a la otra muñeca. Al ver como su cabello era cortado a la mitad, la princesa se llenó de ira y de dolor, pero al ver que la reina cuidadosamente cortaba las puntas del cabello de la otra muñeca, haciendo parecer como si siempre hubiese tenido el cabello así, dándole forma y haciéndolo uniforme, su dolor desapareció, y se llenó de curiosidad al tratar de averiguar que era lo que ella tramaba. Su mirada regresó a la otra mano, en donde tenía a la muñeca del vestido verde sujetada con su mano, ella logró ver como la reina le abría la cabeza a la muñeca, quitaba los pocos cabellos que habían quedado allí, pasaba el cabello entre los orificios, los atoraba, y luego la cerraba. Ella se dio la vuelta, y dejó ver a la princesa a las dos muñecas. Ella estaba horrorizada, pero cuando vio que ambas muñecas estaban bien, una de vuelta con cabello y la otra, aunque con menos cabello, también bien, se levantó y la abrazó agradecida.
—Gracias —Le dijo la princesa mientras la abrazaba.
—De nada. Ahora vamos a cenar, no quiero que te duermas tarde.
Las dos se fueron, y la princesa tomó a las tres muñecas de siempre, y a las otras dos, como si fuese una forma para compensar lo ocurrido. Terminó de cenar y regresó a su habitación. Durmió a un lado de las cinco muñecas con una gran sonrisa.
La mañana siguiente, la princesa retomó su rutina diaria: bañó, cambió, y arregló todas y cada una de sus muñecas, pero como siempre, les puso mucha importancia a tres de ellas, pero esta vez hizo lo mismo con la muñeca del vestido verde y la muñeca del vestido amarillo, quien se encargaba de alejar a las malas criaturas y que fue quien le regresó el cabello a la muñeca del vestido verde. Puso a las cinco juntas alrededor de una mesa en la cual les sirvió té, luego se sentó a un lado de ellas. Las miró por horas, admirando el trabajo que había hecho la reina con el cabello de ambas muñecas; a una le cortó el cabello, y a la otra, le puso el que cortó. Ambos trabajos fueron impecables. La princesa se levantó y tomó a la muñeca que hacía que las flores florecieran, la del vestido verde, le miró el cabello, la parte que su madre le puso se veía diferente al resto del cabello, un poco mas claro. La princesa miró el cabello con curiosidad, pensando en como la reina había logrado hacer eso. Se llevó la muñeca de allí, y la llevó a su espejo. Se sentó frente a ella y la miró por horas hasta que se dio cuenta de que algo le faltaba, y no sólo a esa muñeca, si no a todas. Comenzó a mirar todas sus muñecas, las levantaba y las desvestía, luego les levantaba el cabello y las terminaba por arrojar. Vestido tras vestido salía volando sobre la cabeza de la princesa, seguidos inmediatamente por la muñeca a la que le pertenecía el vestido. Pronto, un montículo de muñecas y vestidos se creó detrás de la princesa, y cuando terminó, había arrojado a casi todas sus muñecas, excepto por la muñeca de las flores, y la muñeca de la felicidad, que era la del vestido gris. Miró un momento a ambas muñecas, luego las desvistió, colocando los vestidos a un lado de ella.
Sujetando con fuerza a ambas muñecas, ya sin vestidos, se acercó a la muñeca de las flores, y con todas las fuerzas le arrancó el brazo a la muñeca, al hacerlo, un chasquido se escuchó al momento en que retiró el brazo de la muñeca; hizo lo mismo con la otra. Le puso el brazo de una a la otra y el otro a la anterior. Cuando terminó, las vistió con sus respectivos vestidos y las paró sobre sus pies. El brazo blanco de la muñeca de la felicidad resaltaba inmediatamente en el cuerpo de la muñeca de las flores, que era de piel oscura, mientras que el brazo moreno igualmente resaltaba en la muñeca de piel blanca. La princesa las miró a ambas con una gran sonrisa, una sonrisa de satisfacción, que pronto se volvió una sonrisa nerviosa e impaciente. Miró a ambas muñecas, movía velozmente sus ojos, mirando específicamente los brazos que intercambió: el brazo derecho de la muñeca de la felicidad con el brazo derecho de la muñeca de las flores. Estaba contenta, satisfecha con lo que había hecho, pero no era suficiente, debía de seguir buscando partes que fueran partes perfectas para su muñeca del vestido gris. No le era suficiente, debía de hacerla perfecta...
He aquí donde la historia realmente comienza: La pequeña princesa comenzó a desmembrar a sus muñecas, poniéndoles partes de cada una de ellas a otras; cabello, manos, cabezas, piernas, incluso comenzó a cambiarles la ropa y llegó a romper la ropa para unirla a otra. La única razón para esto: conseguir a la muñeca perfecta. El tiempo que pasaba en su habitación pasó de ser de unas cuantas horas, a ser todo el día. Dejó de dormir, comer, e incluso de salir de su habitación, todo con tal de encontrar la perfecta combinación para poder crear la muñeca perfecta. La reina le llevaba comida al ver que ella no bajaba a comer, la princesa la echaba de su habitación, y cuando ella se iba la princesa tomaba la comida y rápidamente la ingería. Había dejado de dejar de entrar luz a su habitación, y poco a poco un hedor a comida putrefacta comenzó a inundar el lugar. Ella apenas comía, y lo que quedaba lo arrumbaba en una esquina o lo metía en bolsas de plástico, bolsas que nunca tiraba.
A pesar de que cada vez que terminaba de crear una nueva muñeca sonreía, nunca estaba satisfecha y comenzaba a trabajar con otra. Muy pronto se dio cuenta de que las muñecas no servirían para crear lo que ella buscaba, y comenzó a usar peluches y juguetes de sus hermanos para continuar con su gran proyecto. Sacaba los ojos de cristal y de plástico de los peluches, y los metía en otros; les quitaba las piernas a algunos muñecos, y las unía a otros. Poco a poco, los juguetes de sus hermanos fueron desapareciendo, y todos terminaban en la habitación de la pequeña princesa, finalizando su existencia para transformarse en criaturas deformes, completamente diferentes a lo que eran antes.
La última muñeca que ella hizo se encontraba colgada frente al espejo en su habitación, tenía un alambre enterrado en su vestido, y este colgaba desde el techo; era un recordatorio para ella, de que esa sería la única muñeca que podría llegar a estar lo más cercano a la perfección; brazos y piernas de diferente color, con partes de su cabeza sin cabello, mientras que otras tenían tanto cabello que hacían que la cabeza de la muñeca se hiciera a un lado; El vestido de diferentes colores; blanco, amarillo, verde, rojo, rosa, violeta… Un vestido hecho de los vestidos de las otras princesas: Esa era la muñeca de la felicidad, la muñeca del popular vestido gris. Había sido transformada en una muñeca “imperfecta”, algo que era un privilegio, considerando que había marcado a las demás muñecas y muñecos como “basura”. Incluso había desmembrado a las otras dos muñecas, a la del vestido amarillo y a la del vestido rojo, todo con tal de conseguir a su ser perfecto.
Las nuevas creaciones de la princesa poco a poco comenzaron a volverse mas complicadas, pasó de simplemente sacar los ojos de cristal y reemplazarlos por otros, hasta el punto de arrancarles la nariz, la boca y las orejas. Sus creaciones tenían manos pequeñas, de los muñecos que rompía, pero los brazos enormes, de los peluches a los que se los arrancaba. Terminaba de hacer sus nuevas creaciones, y de inmediato las arrojaba llena de frustración. Sus creaciones no eran como ella las quería, así que las arrojaba y volvía a comenzar desde cero. Los juguetes se terminaron, y lo mismo pasó para los peluches. Sus hermanos sabían que ella era quien se los había llevado, y no le habían dicho a la reina, pero cuando la princesa trató de quitarles sus últimos dos peluches y muñecos, decidieron decirle de inmediato a ella.
La reina fue a la habitación de la pequeña princesa luego de que los dos hermanos le dijeran lo que ella había hecho. Tocó varias veces esperando a que ella le abriera, pero simplemente la echaba sin decirle ni una palabra. La reina se cansó de ser echada, y abrió a la fuerza la puerta. La habitación completa estaba sumergida en oscuridad, siendo la luz que entraba por la puerta la única fuente de luz allí hacia el interior de la habitación. La reina caminó lentamente, buscando donde podría estar la princesa, pateó por accidente un muñeco, y cuando lo levantó, se dio cuenta de las deformidades que tenía. Llena de terror lo dejó caer.
—¿Estás aquí?—Preguntó con miedo.
No se escuchó nada, la princesa no respondió.
—¿Qué es esto?—Preguntó una vez mas.
Una vez más solo hubo silencio, la princesa seguía sin responder. La reina miró el espejo y vio una pequeña sombra frente a el. No era la sombra de la princesa, era algo más pequeño, y colgaba sobre el espejo. La reina caminó hacia la sombra, se encontró en su camino muñecos y peluches, que con horror los movió con el pie al ver las extrañas extremidades que estos tenían. Cuando estuvo frente al espejo, vio varias muñecas y peluches destazados justo sobre el pequeño escritorio frente al espejo. Había algodón en todos lados, pero principalmente aquél mueble. Levantó el brazo y acercó lentamente la mano hacia lo que colgaba, y antes de que su mano lo tocase la princesa se apareció.
—¡NO!—Le gritó la princesa.
La reina se dio la vuelta y trató de ver de donde había venido el grito. Una sombra se levantó en una esquina, y lentamente caminó hacia la reina, cuando estuvo lo bastante cerca, la reina supo que era la princesa.
—No los toques—Le dijo la princesa.
—¿Qué está pasando, qué es esto?—Le preguntó con miedo.
—Son mis creaciones.
—¿Creaciones?
—Sí. Se veían tan, tan horribles, les faltaba algo a todas y a todos, así que decidí darles lo que les faltaba.
—¿Y eso fue?
—Darles el cuerpo perfecto. Pero no logro hacerlo, no con ellos, necesito algo más, algo que pueda realmente cambiar, algo que pueda manejar a mi gusto.
—Nada en este mundo es perfecto querida, y no puedes tratar de crear algo perfecto, ya que la perfección no existe.
—Existe, la he visto, la he imaginado, y sé que puedo crearla, sólo necesito el muñeco perfecto, y para hacerlo, necesito las partes perfectas.
—Esto está llegando muy lejos, te has encerrado, no has salido en semanas. Le has robado sus juguetes a tus hermanos, ¿y todo por esta obsesión?
—Si no te gusta, entonces vete. Puedo buscar la perfección sin ti.
—Bien, te dejaré, pero me llevaré absolutamente todos los muñecos y peluches en esta habitación.
— No puedes hacerlo, son míos
—No, los peluches y los muñecos son de tus hermanos. Y por que me has hablado mal me llevaré también a las muñecas.
—No te les acercarás a ellas. No te dejaré.
La reina tomó la muñeca que colgaba frente al espejo, y de inmediato la princesa le lanzó una caja metálica a la cabeza, caja que había tomado del suelo. La reina cayó de inmediato frente al espejo al recibir el golpe, llevándose a la muñeca consigo, arrancándola del alambre del que colgaba. La princesa se le acercó por atrás, le quitó la muñeca de la mano y la miró mientras la sujetaba entre sus manos.
—¿Estás bien?—Le preguntó la princesa a la muñeca. La abrazó y luego miró a la reina —Te dije que no la tocaras —Le finalizó la princesa.
Los días pasaron, la reina evitaba a la princesa a toda costa, y ella simplemente seguía con su rutina diaria; despertaba, continuaba destazando los muñecos, iba a buscar comida y luego continuaba. Sus hermanos seguían acusándola de robarles sus muñecos, pero la reina no quería ni acercarse a la pequeña princesa. Una última vez la princesa robó un peluche a sus hermanos, lo destazó como al resto, y terminó de hacer uso del mismo. Sin creerlo, ella había creado al mejor peluche que pudo; brazos de un león, piernas de un elefante, patas y garras de gato, ojos de venado, cuerpo de oso, una cabeza de perro, cola de ballena y orejas y nariz de conejo. Colocó al peluche a un lado de la muñeca, y una vez que terminó de admirar sus creaciones, tomó lo que quedó de los muñecos y lo metió dentro de varias bolsas. Fácilmente llenó cientos de bolsas llenas de pedazos de muñecos y peluches, y no solo eso, si no que también de las muñecas que una vez había querido y apreciado.
Llevó las bolsas a las habitaciones de sus hermanos y allí las vació sobre las camas y en el suelo. Salía sin nada y regresaba con otras bolsas, todas terminaban siendo vaciadas en el interior de la habitación. Cuando terminó, miró los varios montículos de partes desmembradas y fue a su habitación, olvidándose por completo de ellos. Sus hermanos finalmente fueron a su habitación, sin tener una idea de lo que les esperaba, y al momento en que entraron, los gritos horrorizados de ambos se escucharon por toda la casa.
Pasaron varias semanas, los dos hermanos de la princesa se recuperaron tras ver los horrores que su hermana les había dejado en su habitación. Ella dejó de estar obsesionada con buscar la perfección, y regresó a lo que hacía antes: jugar muñecas con sus amigas. Entre sus amigas podías encontrar a la princesa del crepúsculo, que admiraba cada tarde como el sol desaparecía sobre las colinas, y la princesa del agua, que se alegraba y disfrutaba al poder correr bajo la lluvia. Ella nunca había tenido amigas antes, y le pareció muy extraño a su madre y a su padre que eso ocurriese. De hecho, nunca tuvo amigas, ni si quiera antes de que su obsesión comenzase, eso ocurrió con un par de días después de que dejase de hacer lo que había estado haciendo hasta ese momento.
Las tres comenzaron a juntarse después de una semana de que la pequeña princesa dejara a un lado su extraña actividad. Las tres comenzaron a reunirse cuando una tarde de tormenta ella las vio desde su habitación, mientras una corría debajo de la lluvia y la otra miraba el sol que iba desapareciendo sobre la colina. Ella salió con su muñeca “imperfecta” y fue a jugar con las otras dos princesas, quienes la aceptaron de inmediato en su grupo. Un par de días después la princesa invitó a las otras dos a su casa, ambas estaban asombradas al ver la gran colección de muñecas que tenía, muñecas que habían sido el reemplazo de las que había destazado, que tan pronto como su obsesión desapareció consiguió. Las tres princesas jugaban con la mansión que las muñecas tenían, la princesa del agua siempre estaba bañando a su muñeca; la princesa del crepúsculo puso imágenes de atardeceres en todas las ventanas, para que cuando su muñeca viera a través de ellas simplemente viera el sol ocultándose; y la pequeña princesa, ella llenó la habitación de su muñeca con imágenes de piernas, brazos, dedos; tapizó y redecoró toda su habitación con imágenes de partes de muñecas, imágenes que ella misma había tomado mientras había pasado por su etapa “oscura”.
Las otras dos princesas no tomaban con extrañeza la manía de la pequeña princesa que tenía hacia las extremidades de los muñecos, de hecho, ellas mismas decían que era muy interesante. Las tres compartían un vínculo, una afición, una manía, todas hacían algo diferente, pero que las hacia actuar de forma muy similar. La reina, después de haber visto como su hija había comenzado a hablar con otras personas decidió olvidar lo que su hija le había hecho, sin siquiera darse cuenta de que la manía de su hija la había llevado a conocer a las otras dos princesas. Entre las tres compartían sus ambiciones, sus deseos, sus pensamientos, les mostraban a las otras lo que habían hecho, las pinturas que habían realizado, las imágenes que habían tomado, y los pensamientos que habían tenido. Cada día, las tres se reunían en la casa de la pequeña princesa, llevaban comida ya preparada, galletas con forma de gotas de agua, de soles o de manos; bebidas azules, rojas o blancas; algunos juguetes que se añadían a la colección que las tres habían comenzado. Su relación fue creciendo, y al mes, la pequeña princesa les reveló su secreto.
Sacó un pequeño baúl, le quitó el gran candado que evitaba que se abriera, y lentamente fue sacando sus creaciones; un muñeco deforme, con extremidades de muñecos diferentes; algo con cuerpo de robot, pero con partes de peluches… sacó y sacó, ponía todo sobre su cama, mientras las otras dos princesas miraban asombradas. La pequeña princesa sacó algo mas, lo sujetó con las dos manos, y lentamente lo acarició, luego lo puso sobre su almohada. Las otras dos princesas miraron con mucho interés y curiosidad lo que estaba en la almohada, era una muñeca, con cabello dorado, y café, y azul, y rosa… tenía cabello de diferentes colores. El vestido: un vestido desgarrado y cocido cientos de veces, creado con partes de otros vestidos. El cuerpo de la muñeca: pies y tobillos idénticos, pero las piernas, una diferente a la otra; las manos de dos colores distintos, y lo mismo para los brazos. Ambas princesas tomaron a los muñecos, los admiraron por unos segundos, y luego pasaron al siguiente. Mientras pasaban de muñeco en muñeco, su mirada se llenaba de más interés, y poco a poco comenzaron a mirar con más detalle las pequeñas áreas donde las extremidades se unían. Terminaron de admirarlas, y la pequeña princesa llevó los muñecos a la mansión de las muñecas, acomodándolos en las diferentes habitaciones vacías que había en la pequeña mansión.
La pequeña princesa se alejó, y luego fue a su mueble frente a su cama. Las otras dos princesas miraron lo que ella hacía; había tomado un par de tijeras, un carrete de hilo y una aguja, sacó un muñeco de debajo de su cama, un pequeño elefante, y poco a poco comenzó a cortarle las extremidades mientras se iba a sentar a su cama; empezó por cortarle las patas, luego pasó a la cola, y al final, la cabeza. Las otras dos princesas miraban con mucho interés los movimientos y acciones de la princesa, ella sacó otra caja de debajo de la cama, la abrió, y les mostró a ambas que estaba llena de partes de muñecos, partes que nunca había usado, que no regresó a sus hermanos y nunca tiró. Las princesas comenzaron a tomar algunas partes, éstas estaban cocidas, para evitar que el relleno se saliera. La princesa tomó algunas extremidades del interior de la caja y las comenzó a unir entre sí mientras que las otras dos admiraban el resto; en poco, la pequeña princesa dejó el carrete de hilo dentro de la caja, junto a varias partes que no usó y una bola de algodón, se levantó de la cama y les mostró a las otras dos su reciente creación: algo con un cuerpo enorme, el del elefante, una cabeza pequeña, la de una rata, la cola esponjosa, de un gato, y las patas pequeñas, las de un conejo. Ambas estaban impresionadas con el trabajo de la pequeña princesa, lo hizo tan rápido que ellas apenas habían podido admirar la mitad de sus otras creaciones antes de que ella terminase.
Ella les entregó la nueva creación, ambas la giraban, la miraban, y la observaban meticulosamente; las costuras eran perfectas, simétricas unas con otras, todas viendo hacia el mismo lado e iniciando en el mismo punto. Apenas se notaban, pero con suficiente esfuerzo se veían claramente. Ambas le preguntaron a la pequeña princesa si podían enseñarle a hacer eso, ella aceptó, al día siguiente, ella comenzaría a darles clases…
Ambas princesas llegaron, la reina les abrió la puerta, ella las saludó.
—Hola, ¿qué las trae aquí tan temprano?, ¿acaso ella las invitó a desayunar?—Les preguntó la reina mientras las miraba con una sonrisa.
—No—Le respondió fríamente la princesa del crepúsculo.

—Solo nos vamos a reunir—Le añadió la princesa del agua.
—Bien, pero si desean desayunar o comer algo solo díganme—Les dijo la reina para luego dejarlas entrar.
La reina las vio subir las escaleras, su expresión de felicidad al verlas cambió luego de la actitud fría que tuvieron hacia ella. Cerró la puerta detrás de ella y desapareció en el comedor. Sentía como si la situación con la pequeña princesa se repitiera con aquellas dos chicas, quienes hablaron tan fríamente con ella, justo de la misma forma con la que la pequeña princesa le hablaba normalmente.
Las dos princesas llegaron a la habitación de la pequeña princesa, ella las esperaba en su habitación con dos pequeñas mesas y un par de sillas a un lado de ellas. Tenía su cabello castaño agarrado con dos coletas, no era común que lo tuviera así, siempre lo tenía suelto, pero como ese día les enseñaría a las otras dos princesas algo muy importante, debía de parecer seria. Las otras dos princesas estaban igual que siempre: ambas con el cabello suelto, la princesa del crepúsculo llevaba un pequeño moño rojo en la parte superior de su cabeza, mientras que la princesa del agua no llevaba nada.
—Tu madre nos quiso dar de comer—Le dijo la princesa del crepúsculo.
—Déjenla, simplemente quiere ser “amable”. Si supiera que eso no sirve de nada—Les explicó la pequeña princesa mientras colocaba un par de carretes y agujas sobre las mesas.
—Nunca entendí eso. Desean ser amables mientras que en realidad tratan de ganarnos al hacer eso, piensan que no sabemos sus secretos, sus oscuros pensamientos… Que ingenuos —Le dijo la princesa del agua.
—Al menos nos tenemos entre nosotras, ¿cierto?—Les dijo la princesa del crepúsculo.
—Sí, creo que nadie más puede llegar a entendernos mas que nosotras tres—Les añadió la pequeña princesa.
—Vamos, quiero empezar con esto de una vez—Dijo la princesa del crepúsculo.
Las dos princesas se pararon frente a las sillas, la pequeña princesa se acercó y se paró en medio de ambas. Su estatura era inferior a la de ambas princesas, siendo la princesa del agua la más alta de las tres, dejando a la pequeña princesa en último lugar. De las tres princesas, ella era la más pequeña, y además, la más robusta, seguida de la princesa del crepúsculo, y al final, la princesa del agua, que además de ser la más alta, era la más delgada de las tres.
Ambas se sentaron en las sillas frente a las mesas, sacaron un peluche que llevaban en su mochila, la del agua tenía un delfín; la del crepúsculo una gaviota. Pusieron el peluche sobre la mesa, y de inmediato la pequeña princesa les entregó unas tijeras.
—Cortarán las patas… bueno, ustedes cortarán la cabeza, las alas y las aletas. Tu cortarás el pico y tú la aleta en su cola, cuando terminen las pondrán a un lado de su peluche y esperarán a que les diga el siguiente paso.
Ambas comenzaron a cortar, lo hacían lentamente, evitando hacer cortes malos o cortes que dañarían completamente el muñeco y sus extremidades, cuando terminaron, pusieron las partes que cortaron a un lado del muñeco destazado, pequeñas bolas de algodón salían de las extremidades recién cortadas, como si fuese sangre lo que salía. Sin mirar lo que hicieron, la pequeña princesa les ordenó continuar.
—Ahora, intercambien las partes que cortaron para que luego las cosan al peluche —Les ordenó la princesa. Correcciones
Sin titubear, las dos se pusieron a trabajar con los peluches. Se intercambiaron las extremidades. La princesa del agua cosió las alas a su ballena, mientras que la princesa del crepúsculo unió las aletas a su gaviota. Hicieron lo mismo con el resto de las extremidades. El pico de la gaviota terminó en la cola de la ballena, y la aleta en donde iba el pico.
No eran tan rápidas como la pequeña princesa, lo que las llevó a tardar horas en terminar de coser las extremidades, cuando lo lograron, le hablaron a ella. La pequeña princesa se les acercó, miró el trabajo de ambas princesas, y con un ceño fruncido lo rechazó.
—Es horrible, no pueden esperar tener resultados como los míos empezando con cosas tan malas—Les reclamó la pequeña princesa.
—Nunca tendremos nada parecido a lo que haces—Le dijo la princesa del crepúsculo con un tono de decepción.
Ambas princesas agacharon su cabeza, mirando a sus peluches destazados. La princesa del agua miró su delfín, lo que había hecho con el. Lo miró con desprecio y lo arrojó al suelo.
—No, nunca lo lograremos—Replicó ella.
—Vamos, no se pongan así, se que ustedes pueden hacer algo mucho mejor que yo. Solo debemos de encontrar que —Les dijo la pequeña princesa, intentando alentarlas.
—¿Cómo puedes decir eso luego de que rechazaste tan brutalmente nuestras creaciones? —Le reclamó la princesa del crepúsculo mientras miraba con tristeza a su gaviota.
—Dije que no podían ser mejores que yo en esto, sólo en esto. Pueden ser mejores en todo lo demás, en cualquier cosa que se les ocurra, y fácilmente podrían ser mejores que yo. Lo dije para animarlas, para que se dieran cuenta de que aunque soy buena en esto, hay algo en lo que no y ustedes sí. Así, ¿qué opinan?, ¿buscamos su habilidad oculta?
Las dos se miraron, una gran sonrisa apareció en el rostro de ellas, miraron a la pequeña princesa, le asintieron con la cabeza y las tres sonrieron. Poco después, las dos princesas tomaron a las dos nuevas creaciones y fueron a jugar junto con la muñeca deforme de la pequeña princesa. Pasaron toda la tarde jugando, de vez en cuando los peluches de las princesas se rompían, y cuando eso ocurría de inmediato la pequeña princesa tomaba su carrete de hilo y aguja, y se ponía a reparar a los peluches.
Los días pasaron, las tres princesas, tras darse cuenta de que ambas no lograrían crear cosas como la pequeña princesa, decidieron buscar algo en lo que fueran muy buenas, algo que ninguna otra pudiera hacer. Las tres comenzaron a buscar actividades, cosas en las que pudieran ser buenas; comenzaron dibujando, lo único que tenían que hacer era dibujar una flor marchita, ambas fallaron, creando algo irreconocible; pasaron a pintar, algo que ninguna de las tres sabía hacer, trataron de pintar personas colgando de árboles, ninguna de las tres terminó con nada que llegara a satisfacerlas. Siguieron buscando, pero todo lo que hacían terminaba siendo un desastre. Dejaron de buscar, pero no se rindieron, únicamente pararon para descansar y poder pensar en nuevas cosas. Decidieron hacer algo juntas, algo que, además de acercarlas más, las ayudara a encontrar algo.
Las tres estaban en la piscina local, junto a sus madres y los dos hermanos de la pequeña princesa, ellas estaban en una de las mesas, jugando con sus muñecas, mientras que sus hermanos corrían y las madres de la pequeña princesa y de la princesa del agua charlaban en otra mesa.
—No creo que encontremos algo que hacer —Dijo la princesa del crepúsculo.
—Sé que lo harán, son muy buenas en muchas cosas, solo hay que ver en que son las mejores —Le dijo la pequeña princesa.
Las tres princesas estaban sentadas en una mesa muy cerca de la piscina, ya que la princesa del agua no pudo evitar sentarse en ese lugar tan cerca de la cristalina agua que llenaba la piscina. La princesa del agua miró a las muñecas que se encontraban sentadas en un pequeño sillón que fue hecho a su medida, el pequeño sillón, al igual que ellas, estaba en dirección hacia la piscina. Tras varios segundos de mirar a su muñeca, se dio cuenta de que los dos hermanos de la pequeña princesa venían corriendo por detrás de ellas, corrían tan rápido que ella sabía que el choque era inminente.
—¡No corran! —Les ordenó la madre de ambos al verlos pasar frente a ellas. Recudieron su velocidad, lo que hizo que la princesa del agua dejara de prestarles atención.
Los dos niños no hicieron caso y siguieron corriendo. Cuando estuvieron a un lado de la mesa en donde las tres princesas se encontraban, uno de los hermanos empujó al otro contra la mesa, haciendo que las muñecas cayeran del sillón, exceptuando a la muñeca de la princesa del agua, quien salió lanzada hacia la piscina. Su muñeca fue la única que terminó en la piscina, mientras que las de las otras dos simplemente cayeron de la mesa al suelo.
—¡Estúpido animal, mira lo que hiciste! —Le gritó fúrica la pequeña princesa.
—¡Hey, no les hables así a tus hermanos! —-Le regañó su madre.
—Pero mira que han hecho estos idiotas.
—Pero no es razón para hablarles así. Niños, pídanles perdón a las tres.
—Perdón —Dijeron ambos niños al mismo tiempo.
—Espero que se pudran en el infierno —Les contestó la pequeña princesa— ¿Estás bien?
La pequeña princesa se le acercó a la princesa del agua. Ella estaba hincada al borde de la piscina, mirando a su muñeca que se hundía lentamente en el agua.
—Es hermoso —Susurró la princesa del agua.
—¿Qué es hermoso? —Preguntó la pequeña princesa extrañada por su comentario.
—La forma en que su cabello se mueve dentro del agua, como su vestido se extiende y se mueve al compás de las olas... —Le contestó, luego algo la sorprendió—Mira, una burbuja salió de su cuerpo... ¿No te parece hermoso?
—Lo es... ¡Eso es, esto es en lo que eres buena!

Las tres princesas miraron la muñeca que flotaba en el agua, esta terminó al fondo de la piscina, y aún allí, las tres siguieron mirándola. La madre de los dos niños les ordenó entrar a la piscina y sacar a la muñeca del agua, lo hicieron sin titubear, entraron, sacaron a la muñeca y se la entregaron a la pequeña princesa, quien solo los miró con enojo. Le entregó la muñeca a la princesa del agua, quien la abrazó sin importarle que estuviera mojada y estuviese escurriendo agua de su vestido y de su cabello.


Siguiente parte

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