14 may 2014

Pequeñas Princesas: Creciendo Parte 2/3

"Varias veces repitió lo mismo, rogando el perdón de la princesa por lo que había hecho..."

Las tres quedaron en verse luego de que el castigo de la pequeña princesa tras haberles gritado a sus hermanos pasara. Quedaron en encontrarse en el jardín. Las dos princesas llevaron bolsas, les pareció extraño, y aún más extraño cuando vieron a la pequeña princesa con un par de palas.
—¿Qué vamos a hacer con esto? —Preguntó la princesa del crepúsculo.
—Miren, saben que los vecinos tienen ratas, ¿verdad?, pues vamos a cazar a un par de ellas —Le respondió.
—¿Y luego? —Volvió a preguntar la princesa del crepúsculo.
—Las ahogarás —Le dijo la pequeña princesa mirando a la princesa del agua.
—¿Ahogarlas?... no lo sé... —Le contestó ella con desconfianza.
—Estoy segura que podrás hacerlo —Le dijo la princesa —Si hubieras visto la forma en que tu veías a tu muñeca hundirse en el agua, sabrías de que hablo.
—Confiaré en ti, pero no estoy muy segura de esto.
—¿Quién fue quien dijo que si pudiera, ahogaría a su hermano? —Le preguntó la princesa del crepúsculo.
—Yo, yo fui —Contestó la princesa del agua.
—¿Quién golpeó con una lámpara a la novia de su padre cuando nos gritó por estar jugando en la cocina? —Le preguntó la pequeña princesa mirando a la del crepúsculo.

Yo, fui yo... Si pude decir y hacer eso, significa que podré hacer esto, ¿cierto?
—Sí, así es. Si pudiste hacer todo eso, podrás con esto —Le sentenció la pequeña princesa.
—Gracias —Les terminó de decir la princesa del agua.
Ella tomó el par de palas y las bolsas, y se adelantó a las otras dos, quienes se miraron y sonrieron al ver lo que habían logrado con ella. Entraron por la parte de atrás de la casa, se arrastraron entre los arbustos para poder pasar la valla, y se quedaron paradas frente a la puerta que daba al interior de la casa.
—No regresarán hasta dentro de varios meses. Así que tendremos todo el tiempo del mundo para hacer esto —Dijo la pequeña princesa mientras miraba la puerta. Una vez dicho lo anterior, las tres princesas se acercaron a la puerta y la abrieron.
—Que extraño, ¿se van por meses pero no cierran las puertas? —Preguntó con extrañeza la princesa del crepúsculo al ver como la puerta se abría.
—Oh, eso. Hace un par de días mi gatito se metió a la casa, así que decidí entrar por él. Me metí por una de las ventanas, y cuando salí junto con él lo hice por la puerta, olvidé cerrarla —Le contestó la pequeña princesa.
Una vez que la pequeña princesa les explicó lo que había pasado, las tres decidieron entrar a la casa. Un fuerte olor a humedad inundaba el lugar, y el piso de madera rechinaba conforme caminaban sobre él. Había moho por doquier, cubría la mesa del comedor y las sillas, los sillones y el sofá, los libreros, alacenas y otros muebles alrededor de la casa.
—¿Hace cuanto dices que ellos se fueron? —Preguntó la princesa del agua.
—Hace ya casi dos años —Respondió la pequeña princesa mientras caminaba hacia las escaleras, que al igual que el resto de la casa se encontraban en el mismo estado.
—¿Y qué te hace pensar que regresarán? —Le preguntó la princesa del crepúsculo
—Bueno, dejaron todos sus muebles, ropa y los juguetes de los dos niños. Algún día volverán por ellos, estoy segura de eso, a menos que hayan encontrado una nueva casa, y reemplazado completamente los juguetes que abandonaron.
—Si regresan, gastarán mucho en dejar la casa como estaba —Añadió la princesa del crepúsculo.
—Si es que regresan —Le finalizó la princesa del agua.
La pequeña princesa lideró el camino, llevando a las otras dos por las escaleras que daban al segundo piso. Subieron con las palas y las bolsas, mientras lo hacían, el crujir de la madera llenaba el lugar. Una rata bajó corriendo por las escaleras al escuchar la madera tronar, y al momento en que la pequeña princesa la vio la golpeó con la pala. Sangre terminó salpicando la pala y parte de los escalones, la rata se movía, no mucho, pero lo hacía, la princesa se le acercó y la metió dentro de una de las bolsas, dejando en donde había sido aplastada una mancha de sangre.
—Si ven alguna, agárrenla, pero no las maten, las necesitamos vivas —Les dijo la princesa mientras continuaba subiendo las escaleras.
Las otras dos princesas se miraron con disgusto, luego siguieron caminando detrás de la princesa. Siguieron a la princesa hasta una de una puerta que había en el segundo piso, cuando la pequeña princesa abrió la puerta, las otras dos pudieron ver que el interior era un baño. Las tres entraron, la princesa le entregó la bolsa con la rata a la princesa del agua, y se sentó sobre la taza del baño. La princesa del crepúsculo miró la tina que había en el baño, ésta estaba llena de agua. La princesa del agua se acercó a la tina y la miró.
—¿Qué esperas que haga? —Le preguntó la princesa del agua.
—Toma la rata, y luego la ahogas —Respondió la pequeña princesa.
—¿Qué? —Le preguntó horrorizada.
—Sácale de la bolsa y luego métela en la tina —Le volvió a contestar la pequeña princesa con el mismo tono de antes.
—Dijiste que lo harías, ahora no puedes echarte hacia atrás —Le añadió la princesa del crepúsculo.
—No puedo... no puedo hacerlo. Por favor, quiero irme —Le contestó la princesa del agua, mientras se alejaba de la tina llena de horror.
—Bien, no te detendremos, pero sabes que esto es en lo que eres buena, y en algún momento tendrás que hacerlo —Le sentenció la pequeña princesa, para luego salir de la habitación, dejándolas a las otras dos en el baño.
Las dos princesas miraron hacia la tina llena de agua, se dieron la vuelta, y fueron tras la pequeña princesa, no sin antes haber dejado la bolsa negra en el suelo a un lado de la tina.
Los días fueron pasando, las tres continuaron reuniéndose. A veces la pequeña princesa le sugería a la princesa del agua que fueran a la casa de sus vecinos e intentaran terminar lo que empezaron el otro día, pero siempre, la princesa del agua estaba indispuesta a hacerlo. Las tres terminaban jugando una vez mas con sus muñecas, siguieron así hasta que decidieron realizar su reunión en la casa de la princesa del agua.
Las tres llevaron lo de siempre: varias cajas llenas de accesorios para las muñecas, vestidos, algunos de los muñecos de la pequeña princesa, y por su puesto, la muñeca de cada una de ellas. Las tres se acomodaron en el comedor, y mientras la princesa del crepúsculo había ido a la cocina por algo que comer, las otras dos se quedaron acomodando su nueva área de juego.
—Tu casa es increíble —Le dijo la pequeña princesa mientras miraba a su alrededor.
—No es tan increíble como las de ustedes dos. Con ustedes podemos jugar en sus habitaciones en lugar del comedor —Le añadió la princesa del agua.
—Mira el lado bueno, tenemos el refrigerador cerca de nosotras y podemos agarrar lo que queramos, mientras que en nuestras casas, siempre tenemos que pedirle las cosas a alguien —Le dijo la princesa del crepúsculo desde la cocina mientras regresaba con una bandeja llena de panes.
—Aquí es muy tranquilo, y podemos hablar cuanto queramos sin que nos molesten —Le añadió la pequeña princesa.
—Sólo somos mi padre y yo, bueno, y a veces viene su amiga. Él casi siempre está afuera de la casa, y más tiempo cuando se la pasa con sus amigas.
—Si quieres podemos reunirnos siempre aquí y darte compañía.
—No lo sé... mi padre... no creo que le agrade la idea.
Al momento en que ella dijo eso, la puerta detrás de ellas se abrió, un hombre las miró a las tres, con una expresión sorpresiva al encontrarse a las otras dos princesas..
—Papá... llegaste antes —Le dijo exaltada la princesa del agua al ver al hombre.
—Claro que lo hice, Greta y yo quedamos en cenar hoy en la casa porque ella no quería dejarte sola, pero al parecer ya tienes algunas amigas que te acompañen.
—¿No hay problema que estén aquí?
—No, claro que no, de hecho pensaba buscarte una niñera para que te cuidara, pero si vas a estar con tus amigas no habrá problema.
—Entonces, ¿Podrán quedarse cuantas veces quieran? —Le preguntó con emoción.
—Claro, con tal de que la pases bien y no estés sola toda la noche, además, es bueno verte socializando. Ya me había asustado de que solo jugaras con esa muñeca tuya.
—Gracias, muchas gracias —Le dijo ella. Corrió hacia él y lo abrazó.
—Bueno, llamaré a Greta para decirle que la cena será fuera de la casa. Si necesitan algo, no olviden en pedírselo. Si es algo urgente, llámenme. Él hombre se fue de la habitación, desapareciendo en su dormitorio luego de haber subido las escaleras, y de inmediato, las tres se reunieron y comenzaron a hablar.
—No sé porqué decías que tu padre no te dejaría que nos quedáramos, es tan bueno, gentil y amable —Le dijo la pequeña princesa.
—No lo decía por él, si no por Greta... ella es una maldita perra —Les explicó la princesa del agua.
Las tres continuaron jugando con sus muñecas en el comedor, se habían terminado los panes, por lo que tuvieron que salir a la tienda a comprar más. Estaban reacias a salir, pero al hacerlo, terminaron con una gran recompensa: los mejores panecillos que nunca habían probado. Cubiertos de chocolate, fresas, crema dulce. Tan suaves que con sus labios podían partirlos, incluso terminaron dándole un par de piezas al padre de la princesa del agua, quien aún seguía en la casa. Él se fue de la casa un par de horas después de haber llegado, y llegada la noche, las tres princesas aún seguían allí, jugando y comiendo panecillos.
—¿Sus padres les dieron permiso de quedarse? —Les preguntó la princesa del agua mientras sacaba un par de cobijas de un armario.
—Yo no necesito permiso, puedo hacer lo que me de la gana... bueno, si es que mi hermano no se entera, si lo hace, estoy muerta —Le contestó la princesa del crepúsculo.
—A mí no me importa lo que digan mis padres, por mí se pueden morir —Le contestó la pequeña princesa.
Las tres siguieron charlando, mientras acomodaban la habitación para que las tres pudieran dormir en ella. Pusieron las cobijas en el suelo, no es que fuese que la cama de la princesa del agua fuese pequeña, pero sería imposible que las tres pudieran dormir allí, y para no ser la única que dormiría en cama decidió dormir en el piso junto con ellas. Un extraño sonido viniendo del piso de abajo llamó la atención de las tres, haciéndolas acercarse a la puerta.
—¿¡Papá, eres tú!? —Gritó la princesa del agua. No recibió respuesta y miró a las otras dos princesa con miedo —Vamos a ver quien es —
Las tres tomaron algo con que protegerse; la pequeña princesa tomó un cuchillo para pan; la princesa del crepúsculo tomó un palo de escoba; y la princesa del agua un trofeo de metal que yacía sobre su cómoda. Las tres salieron de la habitación, por un instante pensaron que no había sido nada, pero de pronto, el sonido de cristal rompiéndose se escuchó en la casa, provenía de abajo, probablemente de la sala o del comedor. Las tres, luego de escuchar el ruido, se dirigieron a las escaleras, lentamente bajaron por ellas, y caminaron hacia donde se producían los sonidos de latas metálicas golpeándose entre sí. Las tres terminaron paradas frente a la puerta de la cocina, la pequeña princesa la empujó, y las tres vieron una silueta en medio de la cocina.
—Esta no es tu casa. ¡Lárgate! —Le gritó la pequeña princesa a la persona que estaba parada allí, no tenían idea de quien era, excepto por la princesa del agua, quien reconoció a la persona de inmediato, era la novia de su padre, Greta.
—Tampoco es tu casa niña, así que no tienes derecho de estar diciéndome que me vaya —Le contestó una mujer quien se dio la vuelta y miró a las tres princesas paradas frente a la puerta.
—Tal vez ella no, pero yo sí —Le dijo la princesa del agua mientras caminaba hacia el frente de las otras dos princesas, protegiéndolas.
—Pero miren quien es, es la niña de papi. La cabrona que arruinó mi noche —Le dijo Greta con enojo.
—Yo no arruiné nada —Contestó la princesa mientras sujetaba con fuerza el trofeo en sus manos.
—Lo hiciste al traer a tus estúpidas amiguitas y provocar que el idiota de tu padre decidiera cenar fuera.
—No te atrevas a llamarlas estúpidas —Le dijo enojada.
—¿Qué harás, golpearme de nuevo? Me agarraste por sorpresa la última vez, esta vez estoy preparada mocosa.
—Si tengo que hacer eso para sacarte de la casa lo haré, y me da una mierda si estás preparada, no servirá de mucho. Terminarás en el suelo como antes.
Ella se acercó a Greta sujetando con una de sus manos el trofeo de metal. Ambas se miraron una a la otra, y antes de que la princesa hiciera algo, Greta caminó a un lado de ella y salió de la cocina, empujando a las otras dos princesas a un lado mientras salía.
—No pienso perder mi tiempo con unas niñas tan estúpidas como ustedes —Les dijo Greta mientras se alejaba de ellas.
—Esa perra va a pagar lo que dijo —Dijo la princesa del crepúsculo, enfurecida por el comentario de la mujer mientras corría hacia ella.
Con el palo de madera que llevaba en las manos, golpeó ambas piernas de Greta, lo que la hicieron caer al suelo golpeando su nariz contra el suelo.
—¡Maldita zorra! —Gritó Greta llena de ira mientras se frotaba la nariz por el fuerte golpe que se había dado.
Una y otra vez, la princesa del crepúsculo golpeó a Greta con el palo de escoba, lo hizo en la espalda, en la nuca y en las piernas, y no dejó de hacerlo, no hasta que Greta la detuvo. Mientras seguía tendida en el suelo, logró tomar el palo de la escoba, quitárselo de las manos a la princesa, y asestarle varios golpes a la cabeza, logrando levantarse. Las otras dos vieron con horror como su amiga era pateada y golpeada constantemente por Greta, quien había logrado levantarse mientras la princesa se encontraba distraída protegiéndose de los constantes golpes que le eran asestados, de inmediato, las dos corrieron en su auxilio; la princesa del agua golpeó con fuerza la cabeza de la mujer, salpicando sangre sobre su ropa y tirando a la mujer al suelo, mientras que la pequeña princesa ayudaba a la princesa del crepúsculo alejándola del alcance de Greta.
—¡Maldita perra! ¡Maldita perra! ¡Maldita perra! —Repitió la princesa del agua mientras golpeaba a la mujer con el trofeo de metal. Una y otra vez golpeó la cabeza de ella, sacando más y más sangre con cada golpe, sangre que terminaba empapando su vestido y el suelo alrededor de Greta.
Greta, con el rostro inflamado y escurriendo de sangre, con los ojos llenos de lágrimas y varias heridas a lo largo de su cabeza, trató de arrastrarse por el suelo, pero la princesa del agua la detuvo, la jaló del cabello y la arrastró hasta el baño que había cerca de allí. Fue sorprendente para las otras dos princesas que ella fuese capaz de hacer eso considerando la gran diferencia de pesos y de edades que tenían ambas. Se acercó a la tina y abrió ambas llaves del agua. Las otras dos princesas fueron a sentarse a un sofá, y mientras estaban sentadas en él, admiraron desde allí lo que la princesa le hacía a Greta.
—Perdón —Decía Greta mientras miraba el rostro fúrico de la princesa del agua. Varias veces repitió lo mismo, rogando el perdón de la princesa por lo que había hecho.
Ella no decía nada, simplemente miraba el agua que poco a poco fue llenando la tina; una vez que la tina estuvo llena, la princesa cerró ambas llaves y se acercó a Greta.
—Nadie, absolutamente nadie le hace daño a mis amigas, y menos una zorra como tú —Le sentenció la princesa del agua.
Ella tomó del cabello a Greta, la jaló hasta estar frente a la tina, y una vez allí, la princesa la sumergió en el agua. El agua simplemente se sacudía y e movía de un lado a otro dentro de la tina, también saltaba y era arrojada fuera de la tina mientras Greta se retorcía dentro de ella intentando sacar su cabeza del agua. Sacudía ambos brazos, buscando algo en donde apoyarse para poder sacar la cabeza del agua, evitando así ahogarse; sus brazos se movían de un lado a otro, se sujetaba en botellas de jabón, que de inmediato eran tiradas al suelo al tratar de ser utilizadas como soporte, al no encontrar un lugar donde poder sostenerse, sus brazos comenzaron a moverse más y más cerca de la princesa, llegando al punto en que en uno de sus movimientos rápidos y agresivos la encontraron. Sus brazos se encontraron con la cabeza de la princesa, al principio no sabían si era ella o no, pero luego regresaron y la sujetaron con fuerza, para luego arrojarla contra la tina de baño. De inmediato logró sacar la cabeza del agua ya que la princesa se encontraba en el suelo, sujetándose con dolor la zona en donde fue golpeada. Rápidamente tomó aire, y mientras tosía logró observar a la princesa tendida en el suelo, tenía la cabeza abierta, y de la herida le salía sangre.
—¡Vas a pagar maldita puta! —Le gritó Greta a la princesa.
Ella hizo lo mismo que la princesa, la tomó del cabello y la sumergió dentro del agua. Los brazos de la princesa se movían desesperadamente, haciendo los mismos movimientos que Greta había hecho minutos antes. Sus brazos lograron encontrar el cabello de ella, pero con la poca fuerza que tenían no lograron hacerle lo mismo que le hizo Greta.
Las otras dos princesa vieron lo que Greta le hacía a ella, y de inmediato se le abalanzaron; la princesa del crepúsculo la golpeó repetidamente en la espalda con el palo de escoba, pero la mujer no reaccionó, su mente estaba muy ocupada pensando en ahogar a la princesa del agua, y antes de que la pequeña princesa decidiera usar el cuchillo de pan en Greta, el padre de la princesa del agua apareció, gritando desde las puertas de la casa.
—¿Hola? —Gritó el padre pensando que había alguien dentro de la casa.
Ambas princesas gritaron buscando el auxilio de él, y de inmediato, los pasos apresurados del padre se escucharon por toda la casa, y en un par de segundos apareció en la puerta del baño, en donde las otras dos princesas jalaban a la mujer, intentando liberar a la tercer princesa. Él veía con horror como la mujer intentaba ahogar a la princesa del agua, y reaccionó velozmente al reconocer el vestido de la princesa, corrió entre las otras dos, jaló del cabello a Greta, arrojándola al suelo y sacó a su hija de la tina, hincándose a un lado de ella. La miró unos cuantos segundos, cuando ella sonrió, de inmediato él la abrazó, luego miró hacia la mujer, quien se había levantado del suelo.
—Zorra maldita, ¿qué mierda te pasa? ¡Son solo niñas!—Le reclamó él furioso.
—Esa perra intentó matarme junto con sus malditas amigas. Te lo digo, debería de estar en un internado o algo así en lugar de estar viviendo aquí. Es un peligro, no solo para nosotros, para todo el mundo—Le contestó ella mientras observaba a las otras dos, quienes seguían paradas en la entrada al baño, observando toda la escena.
—Tú deberías de ser la que estuviera internada, maldita psicópata —Le dijo el hombre mientras salía del baño con la princesa en sus brazos.
Vio a las otras dos princesas, y observó detalladamente a la princesa del crepúsculo quien tenía heridas sangrantes en su rostro. De inmediato llamó a la policía, y al ver como la mujer trataba de huir luego de haber dado el reporte, le metió el pie entre sus piernas, haciéndola caer al suelo. Pero no se quedó en eso, mientras seguía cargando a su hija, se sentó sobre la mujer y allí se quedó hasta que llegó la policía. Greta constantemente trataba de escapar, pero el peso del padre de la princesa y los golpes que tenía no le permitían hacer mucho.

Los cuatro estaban allí, esperando a que alguien llegara, y en poco lo hicieron, un par de ambulancias y patrullas llegaron, y cuando lo hicieron, el padre de la princesa la llevó a ella y a la princesa del crepúsculo a una revisión médica con los paramédicos, mientras que la otra princesa los acompañó para no quedarse sola. Se llevaron a Greta en una de las patrullas, y para cuando terminaron de revisar a las otras dos princesas ya se la habían llevado de allí.
—¿Se encuentran bien? —Les preguntó el padre de la princesa del agua a las tres.
—Sí —Contestaron las tres al mismo tiempo. El padre las miró sorprendidas, no dijo ni una sola palabra, y simplemente sonrió.

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